Detalle del retrato de María de Hungría
Detalle del retrato de María de Hungría - GALERÍA NACIONAL DE PRAGA

¿Un nuevo Velázquez?

Una historiadora del arte está convencida de que el retrato de María de Hungría que conserva la Galería Nacional de Praga salió de los pinceles del pintor de Felipe IV

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En una sala del castillo Decín, en Bohemia (República Checa), cuelga un retrato de María de Hungría cedido en depósito por la Galería Nacional de Praga. Es un cuadro de cuerpo entero de la hermana de Felipe IV, que fue reina de Hungría y de Bohemia. El lienzo, en el que muchos de los visitantes ni reparan, pronto podría ser trasladado a un lugar más destacado. La historiadora del arte Mar Doval Trueba está «convencida» de que este retrato salió de los pinceles del mismísimo Diego de Velázquez, y no de su taller, como hasta ahora se ha creído.

El cuadro, en el castillo Decín
El cuadro, en el castillo Decín- FACEBOOK

«Es un cuadro que se empezó a conocer en España hace no mucho tiempo por fotografías en blanco y negro muy pequeñas y de muy mala calidad», señala esta experta en Velázquez, satisfecha de proporcionar ahora una imagen en color y de calidad de la obra en un artículo publicado en el último número de la revista « Philostrato» y ahora en ABC.

Doval Trueba ha podido contemplar la obra al natural en el castillo de Decín y allí ha confirmado sus sospechas al comprobar la altísima calidad del cuadro. No se ha llegado a realizar un estudio químico -«a lo mejor ahora se lo hacen», apunta-, pero aún con la prudencia de quien sabe imposible asegurar al cien por cien la autoría de una obra de arte, subraya: «Realmente estoy convencida de que es el retrato que pintó Velázquez de la Reina».

Españoles en Nápoles

El camino que ha recorrido hasta llegar a esta conclusión es casi tan largo como el viaje que emprendió la hija de Felipe III y Margarita de Austria en 1629, tras contraer matrimonio por poderes con su primo Fernando, rey de Hungría y de Bohemia y futuro emperador de Austria.

La experta descubrió en el archivo de la Casa de Alba una carta sobre este tortuoso viaje que le puso sobre la pista. «Como sabe vuestra excelencia, no soy amigo de parlerías...», decía en ella don Antonio Álvarez de Toledo y Beaumont, V Duque de Alba (1568-1639), al conde-duque de Olivares antes de relatar los mil y un problemas a los que se enfrentó la comitiva al toparse con una epidemia de peste en Italia.

Debían llegar a Trento para encontrarse con el emperador, pero no podían realizar el trayecto por tierra y para navegar por el río Po hasta Ferrara necesitaban barcos de gran capacidad para no tener que atracar en ningún puerto y evitar cualquier posible contagio. Tras permanecer un mes en Génova, don Antonio optó por navegar hasta Nápoles, donde él había sido anteriormente virrey. Desde allí prosiguieron después su accidentado periplo -entre amenazas de los turcos a Venecia, el frío invierno y la peste- hasta su destino y aún antes de entrar en los dominios imperiales hubieron que pasar en cuarentena dos meses.

El viaje coincidió con otro más discreto, el primero de Velázquez a Italia. Por su suegro Francisco Pacheco se sabe que estuvo al menos en Venecia y en Roma y que «a la vuelta paró en Nápoles, donde pintó un lindo retrato de la Reina de Hungría». Mar Doval cree que el cuadro de Doña María de Austria que conserva el Museo del Prado posiblemente sea el modelo de la cabeza que hizo Velázquez para pintar uno mayor, como también apuntaron en su día Bernardino de Pantorba y Julián Gállego.

«Doña María de Hungría», atribuida hasta ahora al taller de Velázquez
«Doña María de Hungría», atribuida hasta ahora al taller de Velázquez - GALERÍA NACIONAL DE PRAGA

De los varios retratos que existen de María de Hungría, la historiadora del arte pensó que el original podía ser el que se encuentra en la Gemäldegalerie de Berlín y que estuvo en el Palacio del Buen Retiro. Se desplazó a Alemania para contemplarlo al natural y se llevó «una gran decepción». «La calidad no tiene nada que ver, se nota que no es de Velázquez, que está tomado del otro», remarca.

El cuadro que está en Hungría tiene muchas más papeletas para ser el primero pintado por Velázquez, del que se hicieron otras copias. En primer lugar, «por la calidad del cuadro, que es buenísimo», explica Doval Trueba. Encaja también que se encuentre en el país donde reinó la hermana de Felipe IV. El lienzo, que ingresó en la Galería Nacional de Praga como bien incautado en 1946, perteneció a los descendientes del conde de Thun (Bohemia) desde 1646, el mismo año en el que falleció doña María. Este dato indica la cercanía del cuadro a la Reina, que debió de ser retratada por un artista renombrado en la época, como Velázquez.

«Tanto el cabello como la lechuguilla están tratados con la manera suelta fácilmente reconocible en su pincel», señala la historiadora del arte, para quien «el vestido, los encajes del pañuelo y las mangas, los brillos del hilo de plata responden a un toque virtuoso de alguien muy diestro en su oficio».

Detalles bajo sospecha

Precisamente ese detalle en su vestimenta ha llevado a algunos expertos a rechazar la idea de que fuera un Velázquez. Doval Trueba discrepa. «El pintor de Cámara, en su primera etapa al servicio del monarca, no pudo evitar enfrentarse a esos vestidos con bordados tan minuciosos, tan alejados de su manera posterior», explica. Además, «resulta impensable que Velázquez dejara la imagen de una persona de tal categoría en manos de su taller; una vez creada la iconografía, si se necesitaban más copias, sí intervendrían sus ayudantes», añade.

Mar Doval Trueba
Mar Doval Trueba- CEDIDA

Otros aspectos materiales de la obra de la Galería Nacional de Praga refuerzan la hipótesis de esta experta. Tanto este cuadro como el del Museo del Prado están pintados sobre un lienzo reentelado y en ambos el bastidor se tensa de igual modo, por medio de cuñas.

Mar Doval cree que, «aprovechando la estancia del pintor de su propio hermano Felipe IV en Nápoles, el retrato pudo convertirse en un posible regalo entre recién casados que se uniría a todos los realizados con antelación y, desde luego, en la imagen oficial de la nueva reina para sus súbditos». Una vez finalizado, Velázquez regresaría a España con el retrato de pequeñas dimensiones del Prado y el grande marcharía a su destino en la capital de Bohemia.

La historiadora del arte sospecha ahora que el retrato que está en Berlín pudo haber sido copiado por algún pintor de la corte de Hungría y enviado desde Praga a Madrid, para que Felipe IV también tuviera un cuadro de su hermana. Aunque esa es otra investigación aún en estudio.