Imagen nocturna del museo, un rectángulo de cristal con una caja negra suspendida en el piso superior
Imagen nocturna del museo, un rectángulo de cristal con una caja negra suspendida en el piso superior

El nuevo Museo Bauhaus de Dessau tiene acento español

El estudio barcelonés Addenda Architects ganó el concurso del centro inaugurado ayer en la ciudad alemana

Barcelona Actualizado: Guardar
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Descrito como «un museo dentro de un museo», el museo Bauhaus de Dessau es obra de Addenda Architects, un estudio radicado en Barcelona y que se formó especialmente para la participación en el concurso convocado para la creación de este edificio, situado en la ciudad que fue sede de la célebre escuela entre 1926 y 1932.

Su propuesta, que acabó imponiéndose entre más de 800 proyectos, consiste en una estructura rectangular acristalada que contiene una «caja negra» suspendida del piso superior mediante el apoyo de dos tramos de escaleras, sin columnas soportantes entre los 50 metros que las separan. Sus dimensiones de 100 metros de longitud y 18 de anchura y su total hermetismo, que evita la entrada de luz natural, generan unas óptimas condiciones climáticas para la conservación de las delicadas piezas que componen la colección de la Fundación Bauhaus Dessau que se expondrá en ella.

La planta baja se ha concebido como un espacio amplio y flexible, a la manera de un escenario abierto. La fachada acristalada envuelve dentro del volumen del edificio a estas dos bien diferenciadas zonas interiores, actuando como una gran caja expositora. La generación de estas dinámicas de utilización y de visualización del edificio en relación a su entorno es la clave que ha permitido a estos arquitectos definir un elemento arquitectónico plenamente contemporáneo, en el que evitar presentar las piezas de la colección sin caer en el fetichismo ni convertir en fósil todo aquello que surgió en su momento con una enorme energía rupturista y renovadora.

Presencia flotante

Haberlo concebido primordialmente como un espacio de exposición, como un edificio que convierte en iconografía su funcionamiento interno, en lugar de como espacio de preservación es seguramente la clave que evita este riesgo. «Quien se aproxime al edificio verá una estructura pero no sentirá el peso de la colección. Creo que esta es una especie de presencia flotante, de alguna manera: la idea de un pasado que está guardado ahí adentro» explica José Zabala, uno de los integrantes de Addenda Architects.

«Nos resistimos a trabajar con el peso de la historia de la institución. Éramos plenamente conscientes de que no somos historiadores, ni especialistas en el tema Bauhaus. Esto actuó como un mecanismo de defensa para centrarnos esencialmente en el programa, el edificio, el lugar y sus circunstancias históricas amplias…», dice Zabala. Esa actitud, agrega Arnau Sastre, otro de los miembros del equipo, les ayudó a no fijar su proyecto a ningún estereotipo, algo que podría decirse que redunda indirectamente en otorgar corrección conceptual a su propuesta. «Hay un cliché muy claro sobre la Bauhaus pero, sin embargo, lo que la Bauhaus era realmente no se corresponde a éste. Kandinsky fue docente en la escuela y su trabajo no tiene nada que ver con el de Breuer, por ejemplo.»

Plantean que el edificio puede entenderse como una interpretación en positivo de las mejores cualidades del concepto «baja resolución». «El proyecto es muy seco, muy directo. Podría decirse que hay en él un cierto punto de evitar el control formal. Tiene unos condicionantes puramente arquitectónicos pero eso no evita que pueda desplegar formas muy distintas», dice Sastre aludiendo a cómo la referencia del sentido de la vía negativa en la mística ha sido de ayuda en la definición del proyecto: el esfuerzo no ha sido tanto definir qué era el proyecto sino saber definir lo que no era.

Identidad urbana

La importancia del edificio como pieza urbana es asimismo fundamental puesto que integra directamente la presencia de la Bauhaus como elemento identitario de la ciudad a su tejido urbano algo que hasta ahora no sucedía, dada la ubicación de los edificios originales que formaban el complejo de la escuela. Hubo un debate previo al concurso destinado a decidir el emplazamiento más idóneo para él, durante el que se planteó también la cuestión de si debía haber una confrontación con la arquitectura de la Bauhaus o debía haber también otros aspectos.

La propuesta de Addenda Architects ha tenido muy en cuenta la importancia de activar positivamente el área en torno al museo, que había acabado convertida en un foco de cierta conflictividad en Dessau. «Apareció con claridad la idea de la plaza, del espacio público donde el museo se muestre», explica Zabala. «Una de nuestras referencias era un edificio de Lina Bo Bardi. De él nos gustaban unas imágenes que lo mostraban cuando había un concierto o un mercadillo debajo de éste. Considerábamos que lo mejor que podría pasarle a esa plaza junto al museo era que pudiera alentar esa misma actividad, ese dinamismo. Nos parecía inaudito que ese parque se constituyera en un problema a causa del crecimiento de la ciudad. La propia Fundación Bauhaus promueve ahora que sea un espacio abierto y creemos que ése es el camino: que sea un lugar público gratuito que ofrezca actividades que permitan la interacción, la apropiación…», apunta Sastre.