Mijaíl Shvidkói
Mijaíl Shvidkói - ABC

Mijaíl Shvidkói: «Es necesario garantizar la inviolabilidad de nuestros tesoros artísticos»

Representante de Cultura y Cooperación Internacional de Rusia, participará el miércoles en el Meadows Museum de Dallas en un encuentro que tratará de desbloquear los préstamos artísticos entre EE.UU. y Rusia

Corresponsal en MoscúActualizado:

Mijaíl Shvidkói, representante especial de Cultura y Cooperación Internacional del presidente Vladímir Putin y antiguo ministro de Cultura ruso, tomará parte, junto con el director del Hermitage de San Petersburgo, en los debates en el Meadows Museum de Dallas para tratar de reanudar los préstamos temporales de obras de arte entre museos rusos y estadounidenses, que se celebrarán este miércoles. Esta cooperación quedó suspendida en 2011 después de que un tribunal de EE.UU. dictaminara que Rusia debe entregar la Biblioteca Schneerson a la comunidad de judíos ortodoxos jasídicos, con sede en Brooklyn. Esta colección contiene más de 60.000 libros, manuscritos y textos religiosos escritos en yiddish y hebreo.

¿Cómo surgió el problema?

La historia con la Biblioteca Schneerson se remonta a hace mucho. La cuestión de que no pertenece a la Federación de Rusia se empezó a suscitar en la segunda mitad de los 80. Unos diez años después, en el marco de la comisión Víctor Chernomirdin-Al Gore, Washington y Moscú, de forma oficial, llegaron al entendimiento de que la propiedad de la biblioteca era rusa.

Ahora no es tal el planteamiento.

Esta colección nunca abandonó Rusia y, durante la época soviética, estuvo en los fondos de la Biblioteca Lenin, actual Biblioteca Estatal de Rusia. Uno de los problemas que planteaba la parte americana es que a la Biblioteca Schneerson pudieran tener acceso los religiosos jasídicos y los investigadores. Con ese objetivo, en los 90 fue construida en Moscú la Casa de las Literaturas Orientales. Toda una planta fue dedicada al judaísmo. Allí se expuso la colección y una zona para que se pudiera rezar. De manera que las exigencias de EE.UU. fueron satisfechas.

Sin embargo, los jasídicos de Nueva York demandaron a Rusia.

Sí, la comunidad jasídica de Brooklyn no quedó satisfecha con lo acordado y en 2009 presentaron una querella que fue resuelta en 2010 por el juez federal de Columbia, Royce Lambert, que exigía entregar la biblioteca a los jasídicos de Nueva York.

¿Rusia no lo aceptó?

Claro, y por dos razones: porque la colección nunca abandonó Rusia y porque en nuestro país existe una comunidad jasídica muy activa. Tiene su propia sinagoga, su propio centro de cultura jasídica y el recién creado Museo de la Tolerancia, adonde ha sido transferida la Biblioteca Schneerson. Por tanto, Rusia no quiere vulnerar los derechos de la comunidad jasídica rusa en beneficio de la estadounidense. Por eso se decidió no satisfacer el fallo del juez de Columbia.

La negativa rusa tuvo consecuencias...

En efecto, para hacer posible la aplicación del veredicto del tribunal de Columbia (que la biblioteca sea devuelta a la comunidad jasídica de Nueva York), su mecanismo judicial contempla la incautación de cualquier propiedad perteneciente al Estado ruso, incluidas las obras de arte. La legislación americana aprobada en los 60 sobre obras de arte prestadas temporalmente por instituciones extranjeras no nos parecía que pudiera garantizar suficientemente la inviolabilidad de nuestros tesoros artísticos.

Pero en 2016, con Barack Obama en la Casa Blanca, fue promulgada la Ley de Inmunidad Jurisdiccional del Intercambio Cultural Extranjero para proteger las obras de arte prestadas a EE.UU. por instituciones extranjeras contra su confiscación.

La ley Obama, no obstante, tampoco garantiza de forma completa que nuestros bienes culturales no puedan ser embargados cuando se han producido decisiones judiciales firmes. Por eso, en los últimos ocho años, los únicos intercambios que hacemos con museos e instituciones americanas son de objetos procedentes de colecciones privadas, exclusivamente. Y no compensan ni de lejos el caudal de intercambios que podría producirse si no estuviesen suspendidos a causa de la decisión del tribunal de Columbia.

¿Cómo salir de este atolladero?

Hay dos caminos para solucionarlo. Una sería que los jasídicos estadounidenses muestren su disposición a retirar la querella y renunciar a sus pretensiones. En tal caso estaríamos dispuestos a iniciar conversaciones sobre el destino del archivo. El segundo camino sería que, en caso de que la querella no se retire, habría que firmar entre Rusia y EE.UU. un acuerdo a nivel interestatal que cubra todos los posibles riesgos, absolutamente todos, a los que puedan estar sometidas las obras de arte pertenecientes a Rusia durante su exposición en territorio estadounidense. Hay un proyecto de acuerdo que comenzamos a discutir en 2013, pero aún no hemos alcanzado un consenso con la parte americana.

¿Las cosas podrían cambiar?

Ya digo que el posicionamiento de Rusia es muy sencillo. Estamos dispuestos a resolver esta cuestión según cualquiera de los dos esquemas ya descritos. Antes de viajar a Dallas tengo previstos encuentros en Washington, en el Departamento de Estado de EE.UU., para tratar de avanzar.

¿El problema se da con otros países?

Los países con los que tenemos un intercambio de obras de arte constante, fluido y cuantioso, como España, por ejemplo; Francia, el Reino Unido y otros muchos, son estados en donde sus leyes garantizan la defensa de nuestras obras de artes de las posibles pretensiones de terceros, incluso habiendo decisiones judiciales. Se garantiza la completa devolución a Rusia de estos objetos una vez finalizan las exposiciones.