Albert Burzon ha resucitado, pincelada a pincelada, el maravillos arte medieval del monasterio
Albert Burzon ha resucitado, pincelada a pincelada, el maravillos arte medieval del monasterio

Llega la reconstrucción de un sueño: las pinturas de la Sala Capitular del monasterio de Sigena

El empeño de un astrofísico y ejecutivo, Juan Naya, ha hecho posible la exacta recreación de la Sala Capitular, quemada en 1936

Actualizado:

Destruidas por el fuego y la guerra, las más delicadas pinturas murales del románico están de nuevo al alcance de los ojos. Más que de un milagro, esta es la historia de un sueño, tan improbable como tenaz el soñador; un sueño hecho realidad, que nos ha devuelto la experiencia de estar ante uno de los monumentos más relevantes de nuestra historia: la Sala Capitular del monasterio de Santa María de Sigena.

El proyecto ha sido posible por el empeño personal de Juan Naya, consejero delegado de una importante empresa farmacéutica, Isdin. Y no tanto por la capacidad curativa del patrimonio como porque nació allí, en Villanueva de Sijena. Ahora que frisa los 50, conversa con ABC y recuerda que con cuatro años paseaba de la mano de su abuelo por las ruinas del monasterio, cosiéndole a preguntas sobre el sentido de aquellas ruinas imponentes: así supo de la guerra, del gran incendio con el que los milicianos anarquistas de 1936 destruyeron el convento. Y rememora cómo su abuela, la niña que llevaba el pan y los huevos a las monjas de clausura, le contaba con infinita nostalgia cómo se recordaba absorta bajo la belleza de una bóveda llena de pinturas en la Sala Capitular.

Astrofísico de la NASA

Aquel niño impresionado por el brillo en los ojos de su abuela, que reflejaban lejanos colores perdidos en el fuego, evaporados en el humo, se hizo un día astrofísico y trabajó en la NASA. Luego emprendió una exitosa carrera de ejecutivo. Y nunca olvidó del todo la promesa infantil que le había hecho a su abuela: un día reconstruiré las pinturas. Hoy lo ha logrado.

Juan Naya, junto a la reconstrucción de un artesonado mudéjar de Sigena
Juan Naya, junto a la reconstrucción de un artesonado mudéjar de Sigena

El proyecto se activa cuando cae en sus manos un libro de fotografías hechas a las pinturas poco antes de la destrucción. Son en blanco y negro, pero él ya intuye que la tecnología permitiría una restitución completa de colores. A partir de aquí, Naya relata cómo este proyecto ha tenido la magia de ir sumando el trabajo, el entusiasmo y los recursos necesarios para hacerse realidad. «Empecé a hablar con una empresa de Madrid que estaba estudiando las pinturas que fueron rescatadas y se muestran en el MNAC. A partir de ahí comenzó una búsqueda de fuentes, documentación y todos los datos disponibles para que pudiéramos acercarnos a esta obra de arte con rigor y conocimiento».

Naya habla con una tranquilidad que esconde el enorme trabajo, el maratón que ha supuesto poner este sueño en pie. Para la reconstrucción digital se escanearon con rayo láser las medidas de la sala capitular y de la sala del Museo Nacional de Arte de Cataluña (MNAC) en las que se muestran los restos salvados tras la guerra y expuestos allí. Curiosamente las medidas de ambos espacios no son idénticas. De momento es digital, aunque el reto ahora es una reconstrucción física.

Imagen de la Sala Capitular en las fotos antiguas antes de la destrucción en 1936
Imagen de la Sala Capitular en las fotos antiguas antes de la destrucción en 1936

A partir de esa medición milimétrica se estableció el volumen de la sala y conociendo la ubicación de cada pintura, se fueron añadiendo desde las fotos antiguas en blanco y negro. Eso sí, «fabricando» la perspectiva necesaria (distinta a la que tienen los negativos) para que casaran en el espacio digital. Con este proceso, complejo y laborioso, quedó establecido el modelo fotográfico para trabajar en las pinturas.

Paleta medieval

A partir de ahí había que centrarse por fin en el color original. Partiendo de la base en blanco y negro, el pintor digital, Albert Burzon, siguió la misma técnica que los de 1200: puso colores base, una paleta muy limitada (azul, verde, rojo, ocre y poco más), luego las sombras, después las luces y finalmente las líneas negras de contorno. Burzon es un especialista en devolver esa luz casi milenaria a estas pinturas. Hizo la reconstrucción de las pinturas del ábside de Sant Climent de Taüll (San Clemente de Tahull), con el Pantócrator más famoso del mundo, una verdadera obra maestra del románico.

Escena del arco norte, el becerro de oro
Escena del arco norte, el becerro de oro

Con esos antecedentes, el estudio Burzon*Comenge ha sido capaz de devolver todo el esplendor perdido a las pinturas de Sigena, como si el fuego nunca las hubiese destruido. Además, Burzon comenta que, con las gafas VR puestas, y como el color digital no está hecho de pigmentos sino de píxeles de luz, la impresión es apabullante. Una belleza celestial, sin duda.

El resultado está en alta resolución y pueden apreciarse las pinceladas una a una, como debió ocurrir en el original. No obstante Naya indica que «la idea no es que sea exactamente lo que fue, porque siempre quedarán dudas, sino recrear la experiencia: ¿cómo debía ser todo aquello? Hemos querido hacerlo como debió verlo la Reina Sancha de Castilla, la fundadora del convento», esposa de Alfonso II de Aragón y madre de Pedro II, que luchó en las Navas de Tolosa.

Para las pinturas hay más de un 80% documentado totalmente, pero hay cierto margen que había sido retocado en el siglo XVII muy mal restaurado. Se ha reinterpretado buscando el efecto del siglo XII-XIII. Y se sigue el mismo programa iconográfico. «Evidentemente no será nunca el original, pintado por el mismo artista, pero transfiere la experiencia».

Detalle de una de las figuras
Detalle de una de las figuras

Y un día decidieron recrear los techos, que eran doce artesonados mudéjares maravillosos que aparecen en las fotos. Por supuesto ahí mismo nació la ambición de llegar a recrear el espacio en el entorno físico, en la realidad. Pero para fabricar un techo fiel al original había una dificultad enorme añadida. Pesa 400 kilos y mide 4 por 2,25 metros. La altura es de 1,4 m.

El asiento del oro

Ahí aparece Paco Luis Martos, un artesano tradicional que trabaja en Úbeda y todavía realiza este tipo de techos. No solo para museos como los que hizo para el Alcázar de Toledo, más de la mitad de su trabajo se lo compran para las mansiones de California. «De hecho hemos abierto una oficina en Los Ángeles», comenta Martos a ABC. Un artesonado es un puzle en tres dimensiones, de madera labrada con herramientas medievales. «Somos todo los fieles que se puede ser, trabajamos con gubias, formones y gramiles como los de hace 800 años». Eso sí, la madera la recogen en furgoneta, no en carro de mulas, y las sierras -claro- hoy son eléctricas. Faltaría más. Aun así, la primera pieza ha tardado un año en hacerse.

«Partimos de una foto y vamos creando una planimetría. Para recrear las formas geométricas exactas y los volúmenes necesitamos mucha geometría, triangulación, muchas matemáticas». Es tan exacto que podrían imprimirlo en 3D, pero el misterio está en pasarlo, manualmente, a la madera.

Cuando se ha tallado el armazón vienen siete capas de yeso -en realidad sulfato de calcio mezclado con cola de conejo- que se lijan y quedan como un cristal, el llamado asiento del oro. Ahí se aplica el pan de oro, una lámina de una milésima de milímetro. Y encima la policromía, con pigmentos naturales al huevo o al aceite de nuez o lino. Tal como se hacía, con una paleta básica pero muy bien mezclada que produce el impresionante resultado que veremos.

Uno de los ángeles de las pinturas
Uno de los ángeles de las pinturas

En el taller ubetense unos pocos artesanos dominan todos los oficios que en la Edad Media se hacían necesarios: cortapinos, tablajero (cortaba según vetas), carpintero (fabrica las piezas), tallista, dorador, policromador. El maestro entonces mantenía separadas las tareas según la estructura gremial. Hoy Paco Luis Martos está ya fabricando el segundo techo y calculando la planimetría del tercero.

«La belleza que se perdió»

El proyecto no se limita a un fragmento, hablamos de más de 300 metros cuadrados de pintura más los techos. Las humanidades digitales lo hacen posible. El objetivo de Naya es «devolver al mundo, a la sociedad, a mi país, la belleza que se perdió. No devolver lo que quedó, sino intentar una interpretación de la maravilla que aquello era para que otros puedan verlo».

Recreación virtual de un artesonado de Sigena
Recreación virtual de un artesonado de Sigena

La realidad virtual ya está hecha. Lo ideal es que pudiera verse sobre el mismo espacio, en la Sala Capitular de Sigena o en el MNAC, donde están los restos de las pinturas. Naya, reconoce que contemplar esos restos le llena de tristeza y quiere transmitir la alegría de asomarse a como era en origen.

Cuando piensa en los logros alcanzados con este proyecto, distingue el saber y la realización. Igual que ha ocurrido con los techos, ahora está en conversaciones con FactumArte, expertos que han reconstruido tumbas egipcias, para realizar una prueba y, si el proyecto encuentra financiación y la complicidad de las administraciones, aspira a reconstruir totalmente la sala capitular.

Parece imposible: que se hable por fin de la belleza del patrimonio de Sigena y no de la propiedad de las pinturas, parte de la disputa legal en marcha, que tanto le duele. ¿Estaremos a la altura del sueño de aquel niño, que se ha hecho real?