La Kunsthalle de Bonn dedica una gran retrospectiva a Hockney

«Triunfo de la perspectiva y el color». Así debería llamarse la retrospectiva del británico David Hockney que se expone en la Kunsthalle de Bonn, una de las mayores realizadas en Europa: de sus pinturas planas de los años 60 -su serie de piscinas y desnudos masculinos sin relieve- a la profundidad y el fauvismo de sus estudios sobre el Gran Cañón de los 80 y 90.

BERLÍN. Emili J. Blasco, corresponsal
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Los nuevos ojos con que David Hockney revisitó en 1997 y 1998 los paisajes de su infancia definen especialmente la evolución de este artista nacido en Bradford en 1937 y pronto emigrado a California. Donde el recuerdo hablaba de cielos y fachadas sin horizonte y tintados por el gris de la industrialización aparece ahora un Yorkshire de campos verdes y casas de un rojo incandescente en los que hay un detrás y un delante. «La perspectiva te hace ver un profundo espacio donde sólo hay una superficie plana», afirma Hockney, que empezó a buscar la profundidad utilizando los contornos de mesas y los objetos depositados en ellas, como en «Le Plongeur» (1979). Pero fueron sus estudios sobre el Gran Cañón del Colorado los que le permitieron agotar las posibilidades de la perspectiva. En su investigación, Hockney creó en 1982 su collage de fotos «60 puntos de fuga», en el que tomas sectorializadas del Gran Cañón, presentadas una junto a la otra, ofrecen una tridimensionalidad enriquecida. La experiencia la repetiría después al óleo en «Un Gran Cañón más cercano» (1998), en el que el conjunto está subdividido en sesenta lienzos. «Lo molesto de la perspectiva -había escrito el artista británico-, es que no permite ningún tipo de movimiento; tan pronto se mueven los ojos el punto de fuga desaparece y se encuentra en algún otro sitio». Por eso, en sus grandes composiciones todo el cuerpo debe moverse para examinar cada uno de los liezos que las integran.

LAS ESPIRALES DEL AGUA

En estas creaciones se centra la exposición de Bonn, que también incluye la serie «Piscinas» que Hockney realizó entre 1964 y 1967 y que le consagró internacionalmente. En ellas, las espirales del agua, siguiendo los trazados típicos de Dubuffet y Cohen, contrastan con los planos rectilíneos del resto del cuadro. Este tema de la apacible vida de la alta sociedad de California lo amplió luego con encuadres más generales y repletos de objetos, como «Una visita con Christopher y Don» (1984). Aquí ya aparece la variedad del color, que simbólicamente adquiere toda su fuerza en sus homenajes a Gauguin y Van Gogh de 1988.

La exposición, que reúne cien obras principales de Hockney y estará abierta en la Kunsthalle de Bonn hasta el 23 de septiembre, puede visitarse con el complemento de unos auriculares que ambientan musicalmente las obras. Ante una pieza de 1960 puede escucharse la canción «Muñeca viviente», de Cliff Richard, con quien en esa época Hockney mantenía relaciones. Las composiciones sobre el Gran Cañón se contemplan con música de Brian Wilson y Richard Wagner. No se trata de un añadido arbitrario. En un vídeo que se muestra en la exposición, Hockney explica que la mejor manera de percibir el paisaje por el que se atraviesa es escuchar una música adecauda. Y se le ve conducir un descapotable entre las montañas de California con «Tristán e Isolda» a todo volumen. El vídeo concluye con una imagen de Hockney con sus dos perros gemelos. Con ellos había comenzado la exposición: lo primero que se encuentra el visitante es un conjunto de catorce cuadros pintados entre 1994 y 1995, en los que ambos animales aparecen tumbados en diferentes posturas. Es el retrato de la placidez con que la que transcurre la existencia de Hockney: «La vida tiene siempre algo de fiesta, incluso en los momentos menos alegres, y de vez en cuando hay que pensar en eso».