«Rue Saint-Honoré por la tarde. Efecto de lluvia», de Camille Pissarro
«Rue Saint-Honoré por la tarde. Efecto de lluvia», de Camille Pissarro - MUSEO THYSSEN

El Thyssen es el legítimo propietario del Pissarro expoliado por los nazis

Un juez de Estados Unidos da la razón al Estado español en el litigio que llevaba décadas manteniendo con una familia judía

Corresponsal en Nueva YorkActualizado:

El último cambio de manos de «Rue Saint-Honoré por la tarde. Efecto de lluvia», de Camille Pissarro, no se producirá. Un juez federal de California ha determinado que el Museo Thyssen-Bornemisza es el propietario legítimo del cuadro y que no se moverá de España. La decisión es una gran victoria para la pinacoteca española, que mantiene así una pequeña joya de su colección, y un palo para la familia judía Cassirer. Los nazis les robaron el cuadro en los prolegómenos de la Segunda Guerra Mundial y han peleado durante décadas, sin éxito, por recuperarlo.

Pissarro pintó esta escena parisina, una tarde húmeda y encapotada, desde una ventana de su hotel en la Place du Théâtre Français, en el invierno entre 1897 y 1898. Un par de años más tarde, el célebre marchante Paul Durand-Ruel vendió el cuadro a un hombre de negocios alemán, Julius Cassirer, y la obra permaneció en la familia hasta 1939. La heredera del cuadro, Lilly Cassirer, tuvo que cederlo para salvar la vida: en plena persecución a los judíos en la Alemania nazi, Lilly lo vendió a las autoridades por una cantidad irrisoria a cambio de un visado para salir del país. Según los estudios de Sara J. Angel, de la Universidad de Toronto, la Gestapo subastó el cuadro en 1943, cuando la guerra empezaba a ponerse cuesta arriba para los nazis.

Paradero

Se sabe que el cuadro llegó a EE.UU. en 1951 y que bailó entre propietarios y colecciones durante décadas, sin que saliera a la luz. Lilly reclamó legalmente ante Alemania en 1958 y consiguió una compensación de 120.000 marcos y el reconocimiento de que la obra era de su propiedad. La muerte de Lilly en 1962 enterró la reclamación de los Cassirer y ninguno de sus descendientes se enteró de que el barón Hans Heinrich Thyssen-Bornemisza, uno de los grandes coleccionistas de arte del siglo XX, lo añadió para su colección en 1976. En 1993, España compró los fondos de su colección para el Museo Thyssen-Bornemisza.

La pelea por el cuadro, sin embargo, resurgió. En 1999, un amigo de Claude Cassirer, nieto de Lilly, lo vio en las paredes del museo madrileño y se lo contó. Claude aseguraría después que recordaba el cuadro en su casa, de niño, en el Berlín de los años 20.

Desde entonces, las demandas de la familia Cassirer –con la muerte de Claude en 2010, su hijo David siguió la reclamación– se han sucedido a ambos lados del Atlántico. El último episodio ha sido la decisión del juez John Walter, que da la razón a España. El magistrado considera que el barón Thyssen-Bornemisza debió haber advertido «circunstancias sospechosas o “señales de alerta”» de que el cuadro podía ser robado cuando lo compró –por ejemplo, las etiquetas sobre sus antiguos propietarios estaban dañadas o desaparecidas–, pero que tampoco lo podía saber «a ciencia cierta». En el caso de la compra por parte de España en 1993, el juez considera que el Gobierno y la fundación sí actuaron de buena fe y que «bajo legislación española, la Fundación Thysse-Bornemisza es la propietaria del cuadro». Para los abogados de la familia judía, es «incoherente» que el juez considere que hubo buena fe cuando existían las mismas «señales de alerta» que en 1976.

Walter, sin embargo, recuerda que España ha suscrito los Principios de Washington y la Declaración de Terezín sobre devolución de arte robado y que, por ello, tiene «el deber moral» de devolver el Pissarro. El Thyssen siempre ha defendido que la transacción de 1993 fue legítima y se hizo con las mayores garantías y que la publicidad que tuvo el cuadro tras las transacciones de 1976 y 1993 demuestran la buena fe de los compradores.