Juegos de tronos y el amor cortés en los cimientos de Notre Dame de París

Una recreación en 3d de Dassault permite un viaje inmersivo en la historia de la capital de Francia en el tiempo de los trovadores, las cruzadas, la invención del gótico

Actualizado:

¿Cómo fue posible la construcción de Notre Dame? Una Europa abierta, crítica, prometedora, irrumpe en el siglo XII. Lo hace en París cuando los jóvenes se siente atraídos por las enseñanzas de Pedro Abelardo, el primer intelectual que quiere saber, vivir, experimentar, amar y sufrir como razón de la existencia. La sociedad despierta a este espíritu humanístico que en una generación cambia a los hombres, pero también las mujeres: pensemos en Eloísa, la estudiante con la que el maestro mantiene una correspondencia epistolar donde queda sellada para siempre la historia de este tiempo de catedrales.

Miniatura con constructores medievales
Miniatura con constructores medievales

He aquí un anhelo del espíritu que busca consolidarse en el alma de la gente, primero de los estudiantes que cantan en las tabernas en su calidad de goliardos divertidas canciones, luego de los aristócratas que forjan versos en lengua vulgar que le dan el tono y las maneras a la poesía trovadoresca, más tarde de las grandes damas, tal Leonor de Aquitania, que discuten en sus reuniones el valor de la cultura cortés, finalmente de los reyes que apuestan por la armonía entre el la ley y el orden como límite a su poder. Detrás de este anhelo, sosteniéndolo, está el despegue de la economía europea, basado en el crecimiento sostenido de la producción agrícola y en la creación de redes internacionales de comercio que están creando un mundo de horizontes abiertos. Y, por supuesto, como colofón de todo ello la concepción del arte que debe acompañar a este gran momento de la humanidad.

«Dios es luz»

En medio de un interesante debate estético que enfrenta a partidarios del románico más avanzado, el que vemos en la catedral de Pisa o del cisterciense más acorde con la doctrina de san Bernardo, el que vemos en Fontenay, surge en París con Suger de Saint-Denis una idea poderosa, «Dios es luz»: esta idea exige que el arte que mejor la puede reflejar debe ser una arquitectura de grandes espacios abiertos en las paredes por los que entran la luz a través de hermosas vidrieras de colores, que apueste por arbotantes y contrafuertes para sostener el edificio de las inclemencias (incluidos los incendios) y que en fin permita colocar en el centro de las fachadas, justo encima de las puertas de arcos ojivales, el rosetón, una rosa multicolor, emblema absoluto de lo entonces se decía que era «el arte de Francia» y hoy se llama gótico.

Imagen de la segunda fase de construcción de Notre Dame, según el vídeo de Dassault
Imagen de la segunda fase de construcción de Notre Dame, según el vídeo de Dassault - Dassault Systèmes

Con este objetivo, a mediados del siglo XII, el obispo de París impulsa la construcción de una catedral en honor de Nuestra Señora, de Notre Dame, y a su estela muchos otros obispos de Francia hacen lo mismo en Laon, Senlis, Amiens, Reims, o fuera de ella en Chartres y otros lugares de Europa. El espíritu purificador de Dios como principio constructivo. En ese ambiente pensadores y poetas se reúnen en torno a la construcción de la catedral, sueñan con verla elevarse a una altura nunca vista hasta entonces para debatir los grandes temas del momento.

Dinastías en guerra

Mientras se construye el edificio tiene lugar una historia de éxito y fracasos, donde la política marca el ritmo de los acontecimientos ya que existen dos dinastías enfrentadas en este verdadero juego de tronos para ver quien destaca en Europa: desde París, la dinastía de los Capetos que crece primero a la sombra de Luis VII, primer esposo de Leonor de Aquitania, el padre de sus dos influyentes hijas María de Champaña y Alicia de Blois, luego de su único hijo Felipe Augusto, el rey encargado de darle un sentido a la ciudad de París como núcleo de un Estado que aspira a aglutinar Francia; desde Londres, la dinastía de los Plantagenet, primero con Enrique, segundo esposo de Leonor de Aquitania, luego con sus famosos, y díscolos hijos, Ricardo Corazón de León o Juan Sin Tierra.

Asedio al castillo del amor
Asedio al castillo del amor

Novela o cantar de gesta

Para prestigiar una dinastía o la otra se utiliza la literatura, un hecho bien relevante en el devenir de Europa. Los Capetos apuestan por los Cantares de Gesta que les identifica con famosos héroes del pasado como Carlomagno, el emperador que más soñó con Europa, o como su sobrino Roldán, el héroe que muere en Roncesvalles; los Plantagenet en cambió optan por la novela convencidos que son descendientes del rey Arturo y de sus nobles caballeros de la Tabla Redonda. Así que la política se tiñe de ese imaginario literario, unos reclamando la herencia de Carlomagno, otros la de Arturo de Bretaña. Los cantares de gesta y las novelas en el siglo XII convocan a los jóvenes a las cortes para escuchar los relatos (la literatura por entonces se leía en voz alta en reuniones que eran verdaderos actos sociales); los llaman para que aprendieran una nueva forma de vida capaz de pensar más audazmente, de amar más apasionadamente, de creer más profundamente al calor del descubrimiento literario del Grial.

Y así, mientras se construye Notre Dame, se cambian los viejos hábitos por unos nuevos vinculados a los ideales de la caballería y todos sin excepción, del noble al campesino, del burgués al modesto artesano, se entusiasman por las justas y los torneos, la gran invención de este siglo, semejante al deporte de alta competición de nuestros días.

Una dama iza a su amante en una cesta
Una dama iza a su amante en una cesta - Códice Manesse, universidad de Heidelberg

Y la universidad

Un ambiente tan intensamente favorable a la cultura favorece el desarrollo de la Universidad donde los maestros realizan ejercicios dialécticos como David de Dinant sumamente comprometido, engagé, al modo como en el siglo XX lo han sido en la misma ciudad Camus, Sartre o Foucault. Se necesita fijar el carácter de la naturaleza como «intelecto agente» según hace Hugo Silvestre, y ya puestos en la tarea preguntarse sobre el sentido del amor como norma social y sobre la sexualidad, como hace Andrés el Capellán desde sus aposentos frente a Notre Dame. El desarrollo de estos auténticos librepensadores ofrece el tono a la época mientras el sonido se lo brinda Perotinus Magnus al cimentar la música polifónica para ser interpretada en la nave central de la catedral, siendo por tanto el responsable máximo de la creación de una escuela de música puesta bajo la dirección de Pedro el Cantor de Notre Dame.

Estos son algunos de los muchísimos dones de una sociedad que confía en hacerlo bien, en que el futuro sea mejor que el pasado, que los sueños de sus intelectuales se conviertan en realidades sociales: se viva más confortablemente, se eviten los temores de la oscuridad y los vientos de la guerra. Notre Dame es el emblema de este sueño, el sueño de Europa. Hoy, víctima del fuego, todos confiamos que se levante de nuevo recuperando el espíritu abierto, crítico y prometedor de su nacimiento en el siglo XII.