«Dora Maar», 1930, de Man Ray
«Dora Maar», 1930, de Man Ray - © Man Ray Trust, VEGAP, Madrid, 2019

Man Ray: juegos surrealistas de erotismo y seducción

La Fundación Canal reúne un centenar de fotografías y objetos del genial artista

MadridActualizado:

«Despreocupado, pero no indiferente». Así reza su epitafio en el cementerio parisino de Montparnasse. Le define a la perfección. Emmanuel Radnitzky (Filadelfia, 1890-París, 1976)Man Ray para el común de los mortales– fue uno de los artistas más revolucionarios e interesantes del siglo XX. No fue indiferente a nada ni a nadie, como queda patente en la exposición con la que la Fundación Canal abre su calendario artístico este 2019. La muestra se centra en sus fotografías y sus objetos, que tanto peso tuvieron en su carrera. La comisaria, Pilar Parcerisas, ha reunido 107 obras, procedentes de colecciones privadas de España y Europa.

Una joven contempla «Autorretrato con Emak Bakia» (1935), de Man Ray
Una joven contempla «Autorretrato con Emak Bakia» (1935), de Man Ray - FUNDACIÓN CANAL

Fotógrafo predilecto del grupo surrealista, no capturaba con su cámara la naturaleza, sino su propia imaginación: «Pinto lo que no puede ser fotografiado. Fotografío lo que no quiero pintar. Pinto lo invisible. Fotografío lo visible». Man Ray comenzó su carrera en París como fotógrafo de moda y retratista, allá por los años 20 y 30, alcanzando un gran éxito. Aristócratas y bohemios se disputaban posar para él. La exposición arranca con una galería de autorretratos y retratos de su círculo más íntimo: Picasso, Tristan Tzara, Jean Cocteau, Louis Aragon, Paul y Nush Éluard, Gertrude Stein... A la escritora y mecenas la fotografió frente al célebre retrato que le hizo Picasso. Ella le reprochó no parecerse y el malagueño zanjó la queja con un demoledor «Ya te parecerás». A Marcel Proust lo retrató post mortem. Parece dormido. En cuanto a sus autorretratos, Man Ray se inmortaliza con sus objetos más preciados: una pipa, sus pinturas o Emak Bakia. Dio este nombre vasco (se traduce como «déjame en paz») al mástil de un violonchelo. Lo tomó del nombre de la casa de unos amigos en Biarritz.

Los surrealistas siempre sintieron fascinación por los objetos. Man Ray los llamaba «objetos de mi afecto», dado su carácter autobiográfico. Robert Ribemont-Dessaignes los bautizó como «objetos de ensueño», que da título a la exposición. En ella se exhiben muchos de estos objetos imposibles: un pan azul, una plancha con púas de hierro que regaló a Satie, una espiral de papel convertida en lámpara, una máquina de coser embalada con una manta de fieltro y cuerdas... Pero, mientras en sus ready-madesDuchampelevaba a la categoría de arte objetos fabricados industrialmente (véase su celebérrimo urinario), Man Ray creaba un objeto nuevo poético asociando dos distintos.

Una lupa permite al visitante apreciar algunas imágenes de pequeñas dimensiones. En la imagen, «Moda, juego de transparencias»
Una lupa permite al visitante apreciar algunas imágenes de pequeñas dimensiones. En la imagen, «Moda, juego de transparencias» - FUNDACIÓN CANAL

Musas y amantes

Las mujeres fueron una constante en su vida y en su obra. A ellas está dedicada una sala de la muestra. Lee Miller fue asistente de laboratorio y amante. Man Ray retrató su cuello en una de las fotografías con mayor carga erótica del siglo XX. Desfilan ante su objetivo (muchas de ellas también por su cama) otras musas surrealistas: Méret Oppenheim, Dora Maar, Kiki de Montparnasse (cuya espalda inmortalizó en «Le violon d’Ingres»), la bailarina mulata Ady Fidelin o Juliet Browner, con quien se casaría en una doble boda junto con Max Ernst y Dorothea Tanning.

Su amistad con Marcel Duchamp, así como la obsesión surrealista por el ajedrez (metáfora del juego entre la vida y la muerte), se abordan igualmente en la exposición: retrata travestido como Rrose Sélavy (su alter ego femenino) a Duchamp. Fue éste quien le enseñó a jugar al ajedrez en Nueva York. Man Ray se identificaba con la figura del Rey, Duchamp con el caballo. Fueron muchas las partidas que ambos jugaron en el Bar Melitón de Cadaqués en los veranos que pasaron con Gala y Dalí. Y solo apta para voyeurs, hay en la muestra una cámara donde se proyectan los pocos fotogramas que se salvaron de una película estereoscópica que hicieron al alimón Duchamp y Man Ray.

«El enigma de Isidore Ducasse», de Man Ray
«El enigma de Isidore Ducasse», de Man Ray - FUNDACIÓN CANAL

Éste fotografió unas manos pintadas por Picasso, hizo un retrato imaginario del marqués de Sade, convirtió unas pesas en joyas y unos melocotones en nalgas femeninas... Su prodigiosa cabeza devoraba imágenes surrealistas. Los fetichistas miembros del grupo liderado por Breton, que asociaban erotismo a lo siniestro e inquietante, estaban fascinados por los maniquíes, símbolo de la mujer-muñeca. En la famosa Exposición Internacional del Surrealismo celebrada en París en 1938 cada uno de los 16 artistas presentes vistieron a un maniquí: Man Ray lo inmortalizó con su cámara y las fotografías se exhiben en la muestra.

Fue tan alargada su sombra que, según Pilar Parcerisas, el «Guernica» viene de la fotografía y el blanco y negro de Man Ray y éste fue el primero que entendió que una flor puede ser un objeto, adelantándose a Mapplethorpe.