La Guerra Fría del arte se deshiela en Dallas

Los préstamos mutuos de obras de arte entre EE.UU. y Rusia se congelaron en 2011 tras una polémica resolución judicial. Un encuentro esta semana en el Meadows Museum abordará el problema

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En la Guerra Fría, el arte se convirtió en un arma diplomática. En la década de 1950, en plena tensión entre EE.UU. y Rusia, la CIA utilizó la cultura para ganar la batalla ideológica contra el comunismo. La inteligencia estadounidense financió exposiciones itinerantes por todo el mundo, impulsó con su influencia el Programa Internacional del Museo de Arte Moderno de Nueva York (MoMA) y pagó de forma secreta publicaciones especializadas como la revista «Encounter». La CIA se apoyó en el expresionismo abstracto, un movimiento originalmente americano, rompedor, que representa la modernidad, la libertad, el individualismo. Una oposición simétrica al realismo social que imponía la Unión Soviética. Jackson Pollock convertido en agente de la inteligencia.

Han pasado seis décadas, cayó el Muro, se desintegró la Unión Soviética, pero el arte sigue siendo un arma. De hecho, en la última década ha dado lugar a una nueva Guerra Fría cultural: la congelación de los intercambios artísticos entre EE.UU y Rusia, una práctica que permitía a los museos acceder a fondos de sus colegas en la potencia rival.

Diplomacia suave

Los préstamos mutuos de fondos artísticos se frenaron en seco en 2011. Una resolución judicial en EE.UU. hizo temer a los museos rusos que sus obras de arte, si llegaban a territorio americano, serían confiscadas. Se congelaron los préstamos de obras de arte para exposiciones. Los museos estadounidenses respondieron con la misma fórmula, Ahora, un encuentro de líderes culturales y museísticos en Dallas (Texas) busca descongelar esta Guerra Fría. Se trata de una conferencia en el Meadows Museum –una institución que contiene la mayor colección de arte español en EE.UU.–, que se celebrará el miércoles bajo el título «Encontrando la manera: la diplomacia suave de intercambios de arte entre Rusia y EE.UU.». El objetivo de los organizadores es «acabar el impasse» que imposibilita el intercambio. «La idea de este encuentro salió en conversaciones con mis colegas estadounidenses, porque todos compartimos la frustración por el escaso intercambio artístico con algunos de nuestros colegas rusos», aseguró Glenn Lowry, director del MoMA a «The Art Newspaper». Lowry mantendrá un diálogo con su homólogo del Hermitage de San Petersburgo, Mikhail Piotrovsky.

No es que el contacto entre los grandes museos estadounidenses y rusos fuera inexistente. De hecho, el propio MoMA ha organizado en los últimos años programas de intercambio de empleados –desde comisarios a personal especializado en la gestión de visitantes– con dos instituciones rusas: el Museo de Bellas Artes Pushkin, en Moscú, y el Museo Estatal Ruso, en San Petersburgo. Además, el museo neoyorquino tiene parte del proyecto Perspectivas de Arte Moderno y Contemporáneo (C-MAP), que promueve la investigación de corrientes artísticas y prácticas de comisariado en distintas partes del mundo, dedicado a Europa Central y del Este, con especial atención a Rusia. Su gran vecino en Nueva York, el Metropolitan Museum, también ha mantenido los puentes con Rusia. Su director, Max Hollein, es un miembro del Consejo Asesor Internacional del Hermitage.

Barack Obama

«En todo este tiempo, el Met ha continuado su colaboración y los proyectos de investigación con colegas en Rusia, y nos encantaría tener la oportunidad de recuperar la tradición de prestar y tomar prestadas obras de museos rusos», aseguró Hollein al medio especializado. En la recta final de su segundo mandato como presidente de EE.UU., en diciembre de 2016, Barack Obama firmó la Ley de Clarificación de la Inmunidad Jurisdiccional en Intercambios Culturales Extranjeros, que básicamente consagraba la inmunidad de las obras artísticas tomadas como préstamo en EE.UU.: la justicia estadounidense no tenía jurisdicción para confiscar o cuestionar la propiedad de esas obras. La norma tenía excepciones: el arte saqueado por Alemania y sus aliados en la Segunda Guerra Mundial o cualquiera arrebatado después del año 1900 «como parte de una campaña sistemática de confiscación coercitiva o malversación de obras de miembros de un grupo vulnerable».

La ley no acabó de tener el impacto deseado, en un momento de relaciones políticas de máxima tensión, que, por el momento, no se ha rebajado: el Congreso de EE.UU. no da marcha atrás en la imposición de sanciones a individuos y compañías rusas por los abusos de Rusia en Ucrania, la trama de interferencias en las elecciones presidenciales que llevaron a Donald Trump a la Casa Blanca sigue coleando y el presidente de EE.UU. acaba de anunciar que cancela el tratado de armas nucleares con Rusia.

La voluntad política es indispensable para volver a engrasar las relaciones culturales entre ambos países. En el encuentro en Dallas estarán presentes, por parte de EE.UU., el subsecretario de Estado, Wess Mitchell, encargado de los asuntos de Europa y Eurasia; y el director de la Oficina de Asuntos Rusos del Departamento de Estado, Nicholas Berliner. Por parte de Rusia, acudirá el embajador Mijaíl Shvidkói, representante especial para asuntos de Cultura y Cooperación Internacional del Ministerio de Asuntos Exteriores.