André Caillet. Gala con el sombrero-zapato de Elsa Schiaparelli inspirado en un diseño de Salvador Dalí (1938)
André Caillet. Gala con el sombrero-zapato de Elsa Schiaparelli inspirado en un diseño de Salvador Dalí (1938) - FUNDACIÓN GALA-SALVADOR DALÍ, FIGUERAS

Gala escapa de la sombra de Dalí

Una exposición en el MNAC a partir del 5 de julio, una nueva biografía y la subasta de las cartas que le escribió Paul Éluard exhuman a esta enigmática y fascinante mujer

MadridActualizado:

Hay muchas Galas encerradas en esta Matrioska rusa tan compleja como resbaladiza. Cuando aparece una, siempre hay otra dentro, y otra, y otra. Es un fantasma difícil de atrapar: merodea por el castillo de Púbol que le regaló Dalí, donde está enterrada. Sola. Siempre se la ha dibujado como «la mala de la película», una Cruella de Vil rusa, una femme fatale fría, tirana, caprichosa, egoísta, interesada, codiciosa, altiva, libertina. Aunque quienes la conocieron dicen que era culta, creativa, seductora, apasionada, valiente, sofisticada, frágil, vulnerable, interesante. Quizás fuera todo ello.

Gala y Paul Éluard se casaron el 21 de febrero de 1917
Gala y Paul Éluard se casaron el 21 de febrero de 1917 - ABC

El Museo Nacional de Arte de Cataluña (MNAC) de Barcelona le dedica, a partir del 5 de julio, una gran exposición, «Gala Dalí. Una habitación propia en Púbol», organizada y producida junto con la Fundación Gala-Salvador Dalí de Figueras y comisariada por Estrella de Diego –publicó en 2003 «Querida Gala. Las vidas ocultas de Gala Dalí» (Espasa)–, gran conocedora de esta mujer, mucho más que una musa surrealista. La muestra reunirá 180 obras (60 óleos y dibujos de Dalí; pinturas, dibujos y fotografías de artistas como Max Ernst, Picasso, Brassaï, Man Ray y Cecil Beaton; cartas, postales, libros, vestidos y objetos de su tocador...)

El martes, la sala Drouot de París sacaba a subasta la correspondencia de Éluard a Gala: 266 cartas y postales autógrafas, escritas entre 1924 y 1948, en las que el poeta muestra su obsesiva devoción por quien fuera su esposa: «Eres, de todas las carnes, la más deseable; de todos los ojos, los más profundos; de todos los sexos, el más caliente; de todas las pasiones, la más loca; de todas las mujeres, la más bella, la más audaz, la más libre». Partían con un precio de entre 300.000 y 400.000 euros. No se vendieron. Y acaba de ver la luz «La intrusa. Retrato íntimo de Gala Dalí», de Monika Zgustova (Galaxia Gutenberg).

Eric Schaal. Salvador Dalí y Gala trabajando en el proyecto «Sueño de Venus» (1939)
Eric Schaal. Salvador Dalí y Gala trabajando en el proyecto «Sueño de Venus» (1939) - FUNDACIÓN GALA-SALVADOR DALÍ, FIGUERAS

Heroína posmoderna

Pero, ¿quién fue Gala en realidad? Camuflada de musa, agazapada siempre tras la figura y la sombra de Dalí, Elena Ivánovna Diákonova (Kazán, Rusia, 1894-Portlligat, 1982), fue «una heroína posmoderna que creó su propia imagen». A buen seguro, el poeta Paul Éluard –a quien conoció en el sanatorio Clavadel para tuberculosos de Davos (Suiza) y que fue su primer marido– y los artistas Max Ernst (tuvo una apasionada aventura con este guapo pintor rubio de ojos azules) y Salvador Dalí, su segundo y último esposo, no habrían sido los mismos sin esta mujer a su lado. Porque Gala nunca estuvo detrás de ellos, siempre junto a ellos.

Enfermiza, lectora compulsiva (le gustaban las novelas de Dostoievski) y muy religiosa (solía llevar siempre consigo una imagen de la Virgen de Kazán), adoraba la música de Wagner. Sus animales favoritos eran los gatos. Tuvo feeling con Lorca, pero Buñuel la detestaba. Tal vez viera amenazada su amistad con Dalí por la joven rusa. Repudiada por Breton –¿le hizo bullying?– y por el cineasta aragonés, que a punto estuvo un día de estrangularla, mantuvo malas relaciones también con las familias de Éluard y Dalí. Y una muy compleja con uno de sus hermanos, bajo la sombra del abuso –mucho antes de la revolución #MeToo–, que deja entrever con ambigüedad en su «Diario íntimo», descubierto por casualidad entre los papeles de Dalí y publicados en 2011 por Galaxia Gutenberg.

Gala con su hija Cécile, fruto de su matrimonio con Paul Éluard
Gala con su hija Cécile, fruto de su matrimonio con Paul Éluard - ABC

Mucho más que una musa

Para conocer mejor a Gala hablamos con cuatro personas que, de una u otra manera, han estado cerca de esta mujer singular y fascinante. ¿Cuántas Galas hay? «Creo que hemos sido nosotros, los historiadores e historiadoras, los que la hemos visto a la sombra de sus maridos, porque ha convenido y conviene al discurso dominante que las mujeres sean musas y modelos –dice Estrella de Diego–. Gala no es sólo Gala Dalí, es Gala Éluard y muchas cosas más. Es una mujer emprendedora e inteligente. Llevo desde 1999 estudiándola y me parece que solo ahora podemos dar una imagen de esta mujer que es mucho más de lo que se pensaba». Gala travestida en Dalí, Dalí travestido en Gala, como si Gala Dalí o Dalí Gala fuera un tercer personaje en este ménage à trois vital y artístico. «Se construyen uno a otro, pero ojo, igual que pasó con Gala Éluard», apunta Estrella de Diego.

El arquitecto Óscar Tusquets dedicó un capítulo a Gala en su libro «Dalí y otros amigos» (RqueR Editorial). Buen amigo del artista, coincidió en muchas ocasiones con Gala. ¿Cómo la recuerda? «Es un personaje interesantísimo. Decidió que aquel chico de Figueras tan sugestivo, original y salvaje iba a ser su obra. Y consagró su vida a crear esa obra. Él estuvo dispuesto. Reconoció que, sin Gala, hubiera sido simplemente un personaje loco. Gala tenía celos de todos los que rodeábamos a Dalí, mujeres y hombres. Nos maltrataba. Yo llegaba a Portlligat a ver a Salvador y Gala me decía en francés (se negaba a hablar en cualquier otro idioma): ¿Qué regalo traes hoy? “No sabía que había que traer algo”, le respondía. ¿Cómo que no? Y empezaba a pegarme aquella viejecita con un lacito en el pelo delante de Salvador, que se partía de risa. Pero, cuando nos sentábamos y hablábamos, era una persona inteligentísima».

Gala adolescente en Rusia
Gala adolescente en Rusia - ESTUDIO A. STEIKER

«Su momento ha llegado»

Montse Aguer, directora de los Museos Dalí, cree que Gala «era consciente de que se construiría una leyenda a su alrededor. Había una parte de misterio que le gustaba. Ella potenció estar oculta tras la fama y la personalidad de Dalí. Era libre, no se esforzaba por agradar a los otros. No le interesaba. Decía que ya llegaría su momento. Y ya ha llegado. Era una mujer muy intuitiva. Supo ver que con Dalí podía producirse la consumación de su propio mito».

Aborda Monika Zgustova en su libro los traumas que siempre le persiguieron: «Desde niña era tísica, tuvo miedo toda su vida a morir de tuberculosis. Y, como vio los estragos de la Revolución rusa en sus amigos, tenía miedo a perderlo todo. Se puso a buscar dinero, de forma incluso un poco dudosa, haciendo demasiadas copias de las litografías de Dalí». «Eso habría que estudiarlo, no está contrastado del todo», advierte Montse Aguer. Para Zgustova, Gala siempre se sintió como una intrusa: «No encajó en el colegio, ni con los surrealistas, tampoco con el padre y la hermana de Dalí; ni con el padre de Paul Éluard... Ni siquiera con su propia familia». «Tenía terror a quedar arruinada y a envejecer (se hizo unas cuantas operaciones estéticas y vestía como una niña)», añade Tusquets. Por ello, dice, se rodeaba de jóvenes.

Salvador Dalí. «Un segundo antes del despertar de un sueño provocado por el vuelo de una abeja alrededor de una granada». Detalle. Museo Thyssen
Salvador Dalí. «Un segundo antes del despertar de un sueño provocado por el vuelo de una abeja alrededor de una granada». Detalle. Museo Thyssen - FUNDACIÓN GALA-SALVADOR DALÍ, VEGAP, 2018

Misoginia y machismo

¿Fue víctima de la misoginia de su época? «Sí, pero no le preocupaba nada. Hacía lo que quería –explica Zgustova–. De ella se han dicho muchas bestialidades machistas. No se soporta que una mujer mayor vaya con chicos de 40 años menos. A Gala le interesaba mucho el sexo y los chicos jóvenes con los que se acostaba eran su elixir de juventud. Debió ser terrible ver a su hermano acariciándola por la noche. A partir de entonces cogió el gusto por los amores secretos. Cuando conoce a Dalí, su sexualidad ambigua sería un reto para ella. A Dalí le gustó porque era muy femenina pero también tenía algo de efebo». En este sentido comenta Tusquets que Gala «hizo lo que quiso en la vida: ya de mayor tuvo amantes jovencitos y atractivos. Lo que habitualmente se atribuye a las virtudes de la mujer lo tenía Salvador: imaginativo, creativo, desorganizado, no tenía ni idea del dinero. Y Gala, las virtudes que se suelen atribuir al hombre: la disciplina, el control del dinero, la que discutía con los marchantes». «Que yo sepa, a Dalí le visitaban muchas jóvenes y nunca se comentó. Igual es otra forma de machismo –se lamenta De Diego–. Los surrealistas fueron pequeñoburgueses, fruto de su tiempo. ¿Les daba miedo en tanto mujer fuerte? Seguro. Siempre supo lo que quería».

Y, hablando de los surrealistas, cuenta Óscar Tusquets: «Un día mi primera mujer, Beatriz de Moura, le preguntó a Gala:“¿No ha pensado escribir sus memorias?” “¿Mis memorias? No tienen ningún interés. Mi vida ha estado dedicada a Salvador y no tengo nada que explicar”. Le dijimos: “Pero una musa de los surrealistas como usted...” A lo que comentó: “Los surrealistas, ¡todos pederastas como la conciencia!”».

Salvador Dalí. «Gala Placidia. Galatea de las esferas». Detalle
Salvador Dalí. «Gala Placidia. Galatea de las esferas». Detalle - FUNDACIÓN GALA-SALVADOR DALÍ, VEGAP, 2018

Gala, la mejor creación de Gala

«Los hombres veían en Gala una gran carga erótica en todos los sentidos, no solo sexual. Una mujer que atraía también por su cultura y su conocimiento. Gala supo ver la cosmovisión de Éluard, Ernst y Dalí, lo innovadores que eran, su personalidad. Pero ella les influyó muchísimo. No era simplemente una musa, era mucho más», advierte Montse Aguer. ¿Vampirizó a Éluard, Ernst y Dalí? «No, para nada –dice Zgustova–. Todo lo contrario. Era ella la que les daba su propia energía. Necesitaba siempre a un hombre a su lado a quien darle todo su cariño. Su hija, Cécile, sobraba». «Gala fue la mejor creación de Gala», añade Estrella de Diego.

Salvador Dalí. «Dalí de espaldas pintando a Gala de espaldas eternizada por seis córneas virtuales provisionalmente refjejadas en seis espejos verdaderos»
Salvador Dalí. «Dalí de espaldas pintando a Gala de espaldas eternizada por seis córneas virtuales provisionalmente refjejadas en seis espejos verdaderos» - FUNDACIÓN GALA-SALVADOR DALÍ, VEGAP, 2018

¿Se llegó a sacrificar como mujer y como artista por Éluard y Dalí? «No. Puso su creatividad al servicio de los hombres que tenía a su lado», dice Monika Zgustova. La exposición del MNAC, afirma Montse Aguer, «habla de las diferentes Galas. Era una personalidad con muchos frentes. Una mujer culta, libre, abierta, muy atraída por el mundo artístico e intelectual. Una de las pocas mujeres aceptadas por el grupo surrealista. Fue escritora, editora, ordenaba y corregía los textos de Dalí... Tiene escasa obra escrita, pero muy interesante».

Para retratar al personaje cuenta Óscar Tusquets un episodio muy cruel que bien podría ser una performance surrealista: «Hubo un incendio en Cap de Creus. Gala y Dalí encontraron una camada de conejitos abandonados y se los llevaron a casa. Los tenían en un cesto en la repisa de la cocina. Una noche se cayeron y murieron todos menos uno. Lo adoraban, incluso comía en la mesa con ellos. Al final del verano tenían que irse a París y Nueva York. ¿Qué hacer con el conejito? Gala se negó a que lo cuidara el servicio. “Nos lo vamos a comer”, dijo. Se vistieron de gala y lo hicieron. Dalí me lo contaba treinta años después muy afectado». ¿Es cierto que Gala le hizo jurar sobre la Biblia a Amanda Lear que se casaría con Dalí cuando ella muriera? «Sí, es verdad».