Encuentran en Bamiyán las primeras muestras de pintura al óleo del mundo

MIKEL AYESTARÁNMADRID. En marzo de 2001 los talibanes dejaron boquiabierto al mundo tras volar los budas gigantes de Bamiyán. Las dos estatuas, de 55 y 38 metros de altura respectivamente, no pudieron

MIKEL AYESTARÁN. MADRID.
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En marzo de 2001 los talibanes dejaron boquiabierto al mundo tras volar los budas gigantes de Bamiyán. Las dos estatuas, de 55 y 38 metros de altura respectivamente, no pudieron soportar las cargas explosivas y se derrumbaron. Hoy los expertos de la Unesco están terminando de recolectar y clasificar las miles de piedras que formaban los budas y siguen avanzando en las tareas de conservación de un valle que desde hace cinco años forma parte de la lista de Patrimonio de la Humanidad en situación de riesgo.

Los enormes nichos vacíos dejados por los budas esconden a su vez cientos de cuevas en las que vivieron miles de monjes budistas en la época de máximo esplendor de Bamiyán y en las que ahora, gracias a la aplicación de las últimas tecnologías, se ha descubierto que esos monjes ya empleaban el óleo para sus pinturas en los siglos V y VI, casi mil años antes de que fuera descubierta por los europeos.

«Se trataba de pequeñas estancias que durante muchos años sólo servían de morada para los monjes, pero que con el paso de los años se convirtieron en hogares de los propios afganos», asegura Brendan Cassar, responsable de la Unesco en Kabul. En los últimos cinco años este organismo internacional ha vaciado las cuevas y se ha dedicado al estudio de las mismas. «Los talibanes acabaron con los relieves y con las pinturas visibles. Las destrozaban o las arrancaban y luego las llevaban a Peshawar, en la frontera paquistaní, para su venta. Lo que no pudieron hacer, sin embargo, es acabar con muchas de las representaciones de buda ocultas debido, entre otros factores, a la densa capa negruzca provocada por las hogueras de los miles de personas que pasaron por esas cuevas», destaca Cassar.

La relativa situación de calma en el norte del país y el trabajo de japoneses, estadounidenses y franceses, bajo la coordinación de la Unesco, han hecho posible que esas pinturas salgan a la luz en media docena de las cincuenta cuevas analizadas hasta el momento.

En la Ruta de la Seda

Un informe publicado por el «Journal of Analytical Atomic Spectrometry» revela que los científicos han usado el sincrotrón para el análisis de los materiales, y así han podido averiguar al detalle las sustancias y técnicas empleadas por los artistas de esa época. Han descubierto que el óleo ya fue utilizado en este punto emblemático de la Ruta de la Seda mucho antes del siglo XV, cuando se empezó a usar en Europa.

La investigación se llevó a cabo en la Instalación Europea de Radiación Sincrotrónica de Grenoble, a la que España aporta un 4% de su presupuesto anual, lugar al que cada vez se recurre con más frecuencia para el análisis de obras de arte.

El sincrotrón está equipado con una fuente de luz muy brillante que los científicos utilizan para ver la microestructura de los materiales, como un poderoso microscopio en el que el haz de luz del acelerador de electrones desvela la estructura íntima de la materia.

En el caso de Bamiyán, el óleo proviene «probablemente de nueces y semillas de amapola» y, según Yoko Taniguchi, director de la investigación, se trata sin duda del «ejemplo más claro de las primeras pinturas al óleo del mundo. Romanos y egipcios conocían la técnica, que sólo aplicaban a los cosméticos y a la medicina».

Pintadas por los monjes

Los gigantes de Bamiyán, por tanto, no estaban solos. Los peregrinos que viajaron a este antiguo reino Gandhara hablan de «unas estatuas pintadas con ropajes rojos, con ornamentos preciosos y los rostros tapados por enormes máscaras». Junto a ellos, los monjes decoraron sus estancias con «imágenes de budas sentados entre criaturas míticas», como las ahora analizadas.

Bamiyán se encuentra a menos de 300 kilómetros al oeste de Kabul, pero se tarda diez horas en llegar a través por pistas de montaña que surcan valles y bordean ríos. Este antiguo punto clave en la Ruta de la Seda es hoy un bazar insulso de chabolas de metal y madera, que se ha levantado con el paso de los años apartado de la Bamiyán antigua, la ciudad de adobe que descansaba a los pies de los budas, tan muerta y destruida como las estatuas.