Desvelado el misterio de «El grito» de Munch
Subasta de «El Grito» de Munch el pasado mayo en Nueva York - efe

Desvelado el misterio de «El grito» de Munch

El magnate estadounidense Leon Black pagó los 91 millones de euros por el cuadro subastado en mayo en Nueva York, según «The Wall Street Journal»

madrid Actualizado:

La Familia Real de Qatar era la principal sospechosa de haber pagado los 91 millones de euros que alcanzó en subasta «El Grito» de Edvard Munch el pasado mayo... hasta hoy. Las miradas se dirigen ahora al magnate estadounidense de la prensa y de las finanzas Leon Black como la persona que estaba al otro lado del teléfono cuando Charles Moffett, vicepresidente ejecutivo de Sotheby's, lanzó la oferta apenas doce minutos después de que se iniciara la puja en Nueva York.

El «Wall Street Journal» cita a «numerosas personas próximas» al millonario hombre de negocios y coleccionista de arte para afirmar que ha resuelto el misterio. El portavoz de Black no ha querido hacer comentarios, ni tampoco en Sotheby's han confirmado o desmentido la información.

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Leon Black, que no ha podido ser localizado por los medios de comunicación, es el fundador y miembro principal del fondo de inversión americano Apollo Management y su fortuna personal se estima en 3.400 millones de dólares, según la revista Forbes. Pertenece además al consejo del Museo Metropolitano de Nueva York de Arte y el Museo de Arte Moderno.

Neoyorquino de 60 años, es uno de los grandes coleccionistas estadounidenses, junto a Steven A. Cohen, dueño de hedge funds, Marie-Josée y Henry R. Kravis, Edythe L. y Eli Broad o Mitchell Rales, según la lista que cada año elabora la revista Art News.

Las primeras sospechas recayeron en la Familia Real de Qatar, que en febrero pagó 191 millones de euros a un coleccionista privado por un Cézanne, y también se habló de Paul Allen, el cofundador de Microsoft, o del financiero ruso Leonard Blavatnik, pero «The Wall Street Journal» ya subrayó en mayo que el vicepresidente ejecutivo de Sotheby's tenía en su clientela a los principales coleccionistas de Estados Unidos.

Una apasionada puja

La venta del cuadro del artista noruego, el pasado 2 de mayo en Nueva York, levantó gran expectación. La puja comenzó en 50 millones de dólares y se esperaba que alcanzara los 80 millones, pero fue más allá. Su precio aumentaba por minutos hasta culminar en los 91 millones de euros (119,1 milones de dólares). Se convirtió así en la obra más cara vendida en subasta.

Nada se supo entonces del ganador de la disputa que rivalizó con otros siete potenciales compradores. En la sala se escuchó a agentes que hablaban en inglés, en chino y hay quien asegura que también en noruego. En los minutos finales solo quedaban al teléfono dos postores de la famosa obra del artista noruego pintada en pastel en 1895, la única de las cuatro versiones existentes que aún quedaba en manos privadas.

La obra representa a un hombre calvo que grita tapándose las orejas con las manos, sobre un fondo ensangrentado en Oslo, en un lugar donde según los historiadores de arte se podía escuchar los gritos de un manicomio cercano.

Munch realizó entre 1893 y 1910 cuatro versiones de esta obra que se ha convertido con el paso del tiempo en el símbolo universal de la angustia. Otras dos versiones pertenecen al museo sobre el pintor expresionista en Oslo y la tercera se encuentra en la Galería Nacional de la capital noruega.

El empresario Petter Olsen, cuyo padre era amigo de Munch, afirmó en mayo que invertiría el dinero obtenido en la subasta para abrir un nuevo museo dedicado al artista en Hvitsten (Noruega) que abrirá sus puertas en 2013, coincidiendo con el 150 aniversario del nacimiento de Munch.

La versión subastada en mayo mantenía el marco original y contenía además un escrito de Munch (1863-1944) en el que explica cómo se inspiró: «Estaba caminando por un sendero con dos amigos -se estaba poniendo el sol- cuando el cielo se puso repentinamente -hice una pausa, me sentía exhausto, y me apoyé en la cerca- había sangre y lenguas de fuego sobre el fiordo azul y negro y la ciudad. Mis amigos siguieron caminando, y me quedé parado allí, temblando de ansiedad; y sentí un grito infinito pasando a través de la naturaleza».

Desvelado el misterio de su comprador, se especula ahora con el lugar donde se encuentra la obra y el futuro que le depara.