Carlos Fitz-James Stuart y Martínez de Irujo
Carlos Fitz-James Stuart y Martínez de Irujo - Maya Balanyá

El duque de Alba recibe a ABC días antes de abrir las puertas de Liria

El próximo jueves 19 comienzan las visitas al palacio madrileño, un recorrido por seis siglos de historia en grupos de 20 personas

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«Vivo en Liria desde 1956, cuando se inauguró la casa para mi primera comunión. Ahora puede sonar un poco... decimonónico, ¿verdad?, pero es lo que ocurrió, vine el día de mi primera comunión y he estado aquí desde entonces». Quien rememora aquel día de su infancia es Carlos Fitz-James Stuart y Martínez de Irujo, el XIX duque de Alba, que recibe a ABC en su domicilio del Palacio de Liria porque el próximo jueves se abre al público. Él se ha criado entre estos muros, levantados por Ventura Rodríguez en 1770 originalmente, pero que fueron destruidos por completo en la Guerra Civil por las bombas franquistas. Hasta 1956 se alargaron los trabajos de reconstrucción, hasta ese día que sus ojos recuerdan.

Hablar de estos muros es recorrer una colección de obras maestras que no desmerece la del Museo del Prado, de hecho acaban de regresar del Prado y del Thyssen tres de sus pinturas más importantes: la duquesa pintada por Goya, un Zuloaga y un Pantoja de la Cruz.

Escalera inglesa y cúpula
Escalera inglesa y cúpula - Maya Balanyá

El ducado de Alba nace en 1472 y sus seis siglos son de la máxima relevancia histórica en España. Entre estos muros falleció la emperatriz Eugenia de Montijo. Liria fue visitado por grandes personalidades a lo largo de los últimos siglos. Y hoy el palacio de los Alba es el centro tanto de su poder como de su memoria. En estos 3.500 metros guardan el núcleo de su patrimonio. Con el dinero de las entradas, a 14 euros (reducida, 12), se ayudará a su conservación.

El director de la Fundación Duque de Alba, Álvaro Romero, nos comenta mientras nos acompaña que un audiovisual esperará a los visitantes en la entrada, antes subir una escalera inglesa bajo una cúpula y un friso en latín con una cita de Cicerón: «Para los dioses inmortales, que permitieron que heredase estas cosas, no solamente para mí sino para mis descendientes».

El abuelo del duque aparece en la foto central en la embajada de Londres
El abuelo del duque aparece en la foto central en la embajada de Londres - Maya Balanyá

La escultura romana de Afrodita Genetrix abre la puerta de un viaje en el tiempo que comienza en los orígenes de los Fitz-James Stuart, con María Estuardo, reina de Escocia, tatarabuela de Jacobo James Fitz-James, el primer antepasado del duque. Desde estos inicios -que en otro retrato de la misma sala remiten a Colón y al océano- resulta palpable la mezcla de museo y domicilio habitado que es Liria.

Colecciones valiosas y preciosos objetos que hicieron singular la vida cotidiana de los Alba, desde los botecitos de perfume predilectos de la recordada Cayetana, la madre del actual duque, o su foto sobre un aparador, hasta los bargueños de una familia acostumbrada a los papeles y secretos de Estado desde tiempos de los Reyes Católicos y Carlos I.

Sala Flamenca
Sala Flamenca - Maya Balanyá

El Gran Duque de Alba y una copia de Rubens del doble retrato del Emperador e Isabel de Portugal de Tiziano presiden la Sala Flamenca. Junto a ellos, Felipe IV y una colección de pintura flamenca y holandesa donde figura una de las obras favoritas del actual duque: una marina de Willen Van der Velde.

Sigue el salón del Gran Duque de Alba, que rinde homenaje a quienes iniciaron los grandes servicios de la casa a la Monarquía, con don García, don Fadrique y don Fernando Álvarez de Toledo, retratado este por Rubens y también por Tiziano, con armadura de gala y todos los atributos de su poder. Los rodean la serie de tapices de la Jornada de Alemania, de Pannemaker.

Carta de Colón a su hijo
Carta de Colón a su hijo - Maya Balanyá

En ellos se ve al duque cruzando el río Elba a caballo, poco antes de la batalla de Mühlberg. Al mando de don Fernando, los tercios realizaron la «encamisada», cubriendo sus armaduras con camisas para no ser vistos y asaltando la guarnición junto al río, que abrió las puertas de la ciudad. Se dice que el caballo blanco del duque salió rojo del río. La sala se cierra con un impresionante retrato del duque con 70 años, cuando conquistó Portugal en 49 días.

La Sala Española tiene todo el encanto del siglo de Oro, Velázquez, Zurbarán, El Greco, Ribera y Murillo, y una atrevida pintura mitológica de Lavinia Fontana -pionera que pintaba desnudos femeninos y se ganó la vida con su arte-, que pronto ser verá en el Prado. Es una colección única.

Sala Goya, sobre la mesa que perteneció a Napoleón, la colección de perfumeros de Cayetana
Sala Goya, sobre la mesa que perteneció a Napoleón, la colección de perfumeros de Cayetana - Maya Balanyá

En una sala contigua están los miembros más recientes de la familia: Cayetana niña en su montura, por Zuloaga, donde aparece el ratón Mickey solo dos años después de su creación, en 1930. También dibujos de Jacobo, el padre de Cayetana, por Sargent.

Junto a ellos el escritorio que Franco tomó prestado después de que el duque dimitiese en 1945 por su lealtad a Don Juan. A su vuelta a España se lo devuelve.

La visita continúa en la Sala Italiana, donde destacan lienzos de Palma el Viejo, Perugino y la Última Cena de Tiziano, que configura la representación de los Apóstoles.

El director de la fundación, Álvaro Romero
El director de la fundación, Álvaro Romero - Maya Balanyá

Y después el Salón Goya, con los retratos de la XIII duquesa y la bella marquesa de Lazán, tía de la emperatriz Eugenia de Montijo. Además, el autorretrato de Mengs. La visita se extiende durante más de una hora por comedores y salones de Baile, decoración de segundo imperio, y retratos de Eugenia de Montijo.

Y concluye en la biblioteca, entre cartas de Colón, su dibujo de La Española, la misiva de Merimée en la que habla de cómo será Carmen, y diferentes documentos y privilegios de a la casa.

Al salir del palacio persiste la impresión de haber realizado un viaje por la inmensa historia española en «formato familiar», mientras pisas el camino de grava que devuelve, lentamente, al ruido infernal del centro de Madrid.

En la puerta del Palacio de Liria hay un goteo constante de personas que preguntan cómo visitarlo. Se informa: desde el jueves 19 en horario de 9.45 a 14.00 horas y de 15.45 a 18.30 horas. Los lunes solo por la mañana.