Antonio López: «Acabaré mi Familia Real en 2012, para el santo del Rey»
El gato Cascabel acompaña en casa los domingos que Antonio López pasa pintando - IGNACIO GIL

Antonio López: «Acabaré mi Familia Real en 2012, para el santo del Rey»

Para Antonio López no hay días feriados. Todos son la misma bendición, vivir pintando —o pintar viviendo—, y solo «hace domingo» en los cambios de rutina de sus seres queridos

ANA GRAU
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«Yo vivo el domingo en los demás, en mis hijas que nos visitan, en mis nietos que no van a la escuela», cuenta con sencillez y parsimonia el maestro mientras acaricia a un gato al que nos presenta como Cascabel, pero él le dedica todo el rato apelativos más menudos y cariñosos, como Mini. «Los animales no hacen cosas distintas los domingos, solo el hombre lo ha reglamentado así, porque el hombre necesita poner orden en el tiempo», reflexiona.

«¿Qué es hoy en día hacer domingo? Antes era ir a la iglesia, yo no voy a la iglesia». Elude aclarar si no va porque no va o porque no cree. «Yo soy capaz de explicar por qué no voy al fútbol; por qué no voy a la iglesia... ya es más complicado». ¿Y por qué no va al fútbol? «Porque no me gusta», suelta de plano, aunque tiene colgada en la pared una foto de un jugador del Atleti llamado como él, Antonio López, abrazado al monumento a Neptuno. «Tengo esa foto para comparar las proporciones de la estatua», nos desengaña. Ya puestos a repasar todo lo que no hace en domingo, tampoco va a los toros. En esto no es tan categórico: «Pueden llegar a gustarme, pero no quiero estar allí».

Oído cocina de todo lo que no hace. Pero entonces, ¿qué hace? Los domingos Antonio López se levanta de ocho y media a nueve menos cuarto. Nada más salir de la cama se lava los dientes, se ducha y se echa colonia, «Lavanda Puig y Agua Brava, esas dos son las que me gustan». Cumplidos estos rituales, baja a preparar el desayuno para sí mismo y para su mujer, María Moreno, Mari. Yogur con miel y una nuez o nuez y media para Mari, y otra nuez o nuez y media para Antonio, además de un par de zanahorias pequeñas y un pedazo de manzana. Para beber, té con azúcar morena y una jarra grande de agua de limón: «Exprimo un limón y una lima, le añado agua, lo endulzo con azúcar blanca, y Mari y yo vamos bebiendo todo el día».

Antonio López cuida su salud como oro en paño «para seguir pintando y por respeto a mí mismo». Sus almuerzos y cenas son también frugales y, aunque nuestros ojos divisan una botella de oporto, debe de ser como lo de la foto del futbolista abrazado a Neptuno, «porque yo alcohol no tomo, no me sienta bien».

Sobre las once de la mañana Antonio López se encierra a pintar. Tiene estudio en casa y fuera de ella, pero ahora pinta dentro, porque es donde está el retrato de la Familia Real en el que ha trabajado «intermitentemente» durante catorce años, y al que se dedica por fin a tiempo completo, pues existe ya un plazo para la entrega: será en junio de 2012, en el día de San Juan, la onomástica del Rey.

Le recuerdo que yo estaba delante cuando en 2008, en Boston, la infanta Cristina le preguntó con gran delicadeza cuándo pensaba dar por terminado este lienzo, basado en fotografías de 1994 que muestran a los Reyes con sus tres hijos muy jóvenes, todos solteros aún. A la Familia Real le vendrá bien un homenaje y una alegría en un momento como este, aventuramos. Antonio López salta como su gato Cascabel: «Sabemos en realidad muy poco de ellos, esto que está pasando ahora es un traspié, una dificultad, pero bueno… es una pena que tanta severidad que algunos emplean en esto no se haya empleado con gente que ha hecho trastadas muchísimo mayores y las sigue haciendo, corruptos y malos gestores que han causado un daño inmenso, que han cambiado la vida de mucha gente y allí siguen, metidos en política».

El maestro trabaja en su Familia Real hasta las seis de la tarde, sale un poco a pasear y cena con Mari a las nueve y media. A las once de la noche están en la cama, donde Antonio López pasa hora y media leyendo. «Me gusta cómo es mi vida ahora a pesar de todo, los años, las limitaciones físicas que van llegando», dice. «Me gustaba también mi vida de antes. Mi vida entera me gusta». Pues qué placer oírle hablar así en un país donde nadie está contento. «Es que los españoles son unos plastas, son los que más gastan, los que más consumen… y los que más se quejan», zanja con sencillez y con parsimonia. Y con no poca retranca.