El dilema del Salón de Reinos estuvo al fondo del relevo en la dirección del Prado

Polémica por el método de elección del sustituto de Miguel Zugaza, que coincide con el fin de la obsesión por llevar el «Guernica» al Salón de Reinos

JESÚS GARCÍA CALERO
MADRIDActualizado:

El anunciado relevo en la dirección del Prado, la primera institución cultural de España, ha provocado un debate sobre el mejor método para llevarlo a cabo. Desde la pinacoteca, fuentes autorizadas confirman que se está trabajando intensamente en salir de la encrucijada cumpliendo con la ley -puesto que el Prado tiene una ley propia- y también con los mejores estándares de ética pública.

No en vano, asociaciones del sector, como el Instituto de Arte Contemporáneo y la Mesa Sectorial del Arte Contemporáneo, han escrito cartas al ministro Méndez de Vigo y a los responsables del Prado exigiendo, tras la renuncia de Miguel Zugaza, que se convoque un concurso internacional desde la pinacoteca como mejor aplicación del Código de Buenas Prácticas. También piden buenas prácticas para el Museo de Bellas Artes de Bilbao, nuevo destino de Zugaza.

Aprobado por Carmen Calvo en 2007, dicho Código se utilizó para el nombramiento de Manuel Borja-Villel como director del Museo Reina Sofía y también en diversos nombramientos públicos del sector cultural durante los últimos años. Frente a estas asociaciones y a voces como la de César Antonio Molina, exministro socialista de Cultura, que exige ese concurso («no veo por qué el concurso es bueno para la ampliación del Salón de Reinos y no para encontrar al mejor director del Prado», dijo a ABC), desde otros sectores se insiste en utilizar un sistema más discrecional, calificado de «dedazo» en algunos medios, que involucraría solo a un puñado de patronos del Prado. Pero sus actuales gestores han subrayado su voluntad de cumplir con los mejores estándares.

Llamativamente, el propio Miguel Zugaza ha tenido destacadas intervenciones en prensa tras su renuncia, como cuando declaró en «El País», el pasado martes: «No sé qué es eso de un concurso para buscar al director del Prado». En esa entrevista añadió una frase ciertamente oscura sobre quién deberá ser su sucesor: «Yo sí lo sé y lo que yo opino lo saben quienes tienen que saberlo».

Elogios y desacuerdos

Sin duda alguna, Zugaza ha sido despedido con grandes y merecidos elogios por los indudables logros de su gestión al frente del Prado en los últimos 15 años, con la ampliación y una profunda modernización. Pero no es menos cierto que las razones personales aducidas para su marcha (la oportunidad de regresar a su tierra y volver a dirigir el Museo de Bellas Artes de Bilbao) han coincidido con algunos desacuerdos en el seno del Patronato.

En concreto, alrededor de uno de los objetivos más polémicos de su ya conocida defensa a ultranza de la inclusión del arte contemporáneo en el Prado: la posibilidad nunca del todo descartada de traer el «Guernica» de Picasso al Salón de Reinos. De hecho, y curiosamente, algunos proyectos presentados contaban con el cuadro de Picasso en el nuevo espacio, y también con los cuadros que le acompañaron en una exposición de 2006 realizada en el Reina Sofía, algo que resultaría insólito sin la insistencia registrada con respecto a este punto durante los últimos años.

Polémica zanjada

Es de todos recordada la frase con la que el presidente del Patronato, José Pedro Pérez Llorca, zanjó la cuestión al anunciar el proyecto de Foster como ganador: «Para el Salón de Reinos no se cuenta con ningún cuadro que no esté adscrito al Prado y soy muy sensible a no desnudar a un santo para vestir a otro. No hay ninguna intención de cambiar el «Guernica» de museo».

Esa declaración trasluce algunas disensiones que han tenido lugar en el Prado durante el último año. Fuentes del Pleno del órgano rector consultadas por ABC corroboraron que desde diciembre de 2015, cuando el Patronato conoció la convocatoria del concurso, algunos patronos expresaron la necesidad de definir en las bases el destino de los espacios, porque «está el antecedente de 1993 cuando hubo que dejar desierto el primer concurso de ampliación por la falta de un plan museográfico». Tras aquel fiasco internacional y explicadas las necesidades del museo de entonces, Rafael Moneo ganó el segundo concurso.

Otros patronos, sin embargo, declararon a ABC que esa ausencia permitía «evitar decantarse por ninguna de las dos opciones» -recuperar el Salón de Reinos de Felipe IV o abordar ese espacio como sala de exposiciones, con la polémica vuelta del «Guernica» tal vez implícita-.

El asunto volvió a tratarse en el Patronato del pasado mes de julio, donde se pidió más información sobre las bases, y en septiembre, que fue cuando se produjo un encendido debate, con réplicas y dúplicas.

Contenedor sí, contenedor no

Según han relatado a ABC quienes estaban presentes, uno de los patronos «adujo que la significación histórica del Salón hacía inevitable que la intervención no sirviera para construir solo un contenedor museístico, a lo que Zugaza -según las mismas fuentes- respondió que eso era justo lo que tenía que ser». Otros patronos intervinieron también: Moneo con carácter conciliador, John Elliott en la defensa del valor del Salón de Reinos para los españoles y los europeos de hoy, porque era el lugar en el que se conjugaba la diversidad de los reinos hispánicos y también la relevancia europea de aquella Monarquía, no como lugar de mera exaltación. Carmen Iglesias se mostró de acuerdo, pero subrayó que se fuera más allá de una solución meramente historicista y Pérez Llorca medió para reconducir la discusión, asegurando que este asunto se abordará formalmente antes de encargar el proyecto final. En enero, el equipo de Foster comenzará a conversar con los responsables del museo sobre este aspecto fundamental.

Idea fracasada: el museo de la paz

Al fondo, sin duda en la mente de todos, el proyecto presentado en 2010 a Rodríguez Zapatero por Miguel Zugaza y Plácido Arango, como presidente del Patronato, que iba a llamarse Museo de la Paz y que soñaba con reunir en el Salón de Reinos el «Guernica», los «Fusilamientos» de Goya y «Las lanzas» de Velázquez. La gigantesca polémica que causó la filtración de aquel proyecto, adelantado por ABC en su momento, evidenció que no era una buena idea y que no recababa apoyos políticos. Desde la oposición entonces, Mariano Rajoy se negó a darle apoyos y desde el Gobierno la reacción no fue mejor.

Consultada ayer por ABC, la entonces ministra de Cultura Ángeles González-Sinde, confirmaba que aquel proyecto no contó con su apoyo: «Seguramente Zugaza, un gestor muy brillante, buscaba un proyecto viable que permitiera cobrar otra entrada por el Salón de Reinos, cuya reforma y apertura sería costosa. Zugaza y Arango habían hecho contactos en Presidencia y tal vez en Casa Real, pero yo no pude apoyarlo, por atractivo que fuera: no era viable, tenía graves efectos secundarios y suponía una pérdida irreparable para el Reina Sofía».

De hecho, ante la «agresión» que suponía una opa sobre el «Guernica» sin haber consultado con Borja-Villel, el Museo Reina Sofía reaccionó cambiando su patronato y logrando tener un estatus legal similar al del Prado.

Un patrono del Prado añade que de haberse llevado a cabo la idea del Museo de la Paz, eso «habría supuesto la destrucción del acuerdo parlamentario que protege al museo». Primero porque la base de ese acuerdo que ha permitido crecer al Prado está en la delimitación de colecciones, que estallaba por los aires con la solución dada al Salón de Reinos. Esa delimitación tiene rango legal y su reforma deberá adecuarse a los procedimientos jurídicos necesarios, apuntan fuentes próximas al Gobierno.

En cualquier caso, tras la salida de Zugaza y el proyecto de Foster la tensión se ha resuelto con una atronadora unanimidad y un gran consenso sobre el valor histórico del Salón de Reinos. Las aguas vuelven a su cauce y el nuevo director tendrá entre sus principales dilemas no romper ese equilibrio tan trabajosamente logrado. Y también la revisión de cómo muestra el Prado su colección teniendo en cuenta ese nuevo espacio tan singular (ahí se apunta a que hay diversos aspectos que conviene reforzar). Sin el consenso político, aduce uno de los patronos consultados, la vida del Prado se complicaría muchísimo.