Diez años después de su muerte, ve la luz la obra última de José Caballero

Es una pequeña gran exposición. Pequeña, porque reúne un reducido número de piezas. Y grande, porque son los últimos trabajos de uno de los más importantes artistas españoles del siglo XX: José Caballero. Ahora vuelve a su amada Residencia de Estudiantes, que hace setenta años fuera escenariode algunos decorados para teatro. Y lo hace por la puerta grande, con su testamento pictórico.

MADRID. Natividad Pulido
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El 26 de mayo de 1991 moría en Madrid José Caballero. Desde aquel día, su viuda, María Fernanda Thomas de Carranza, se propuso que su memoria no quedara olvidada entre cuatro paredes. Y así ha sido. Se ha convertido en la mejor embajadora del legado de su marido. A finales de 1998 inauguraba en el Círculo de Bellas Artes la exposición «El tiempo de un poeta», un recorrido por la vida de Lorca a través de los ojos de su amigo José Caballero. Y ayer hacía lo propio inaugurando una muestra con los trabajos de sus últimos años, la mayoría inéditos, pertenecientes a su colección particular. Es la obra más íntima y personal del artista onubense, que expresaba sus sentimientos a través de signos y caligrafías, de gran influencia árabe, un mundo que le atraía mucho. La muestra incluye unas preciosas tintas, manuscritos originales, fotografías, libros... Pero la estrella es el último cuadro que pintó: «Algo camina hacia el infinito». Un título premonitorio y muy revelador que se convertiría en su mejor epitafio.

SIGNOS Y CALIGRAFÍAS

«Atravesó a lo largo de su vida distintas etapas. Esta obra final venía de muy atrás. La caligrafía y los signos estaban en la pintura de Pepe desde hacía muchos años -comenta su viuda- y en sus últimos años fueron los protagonistas. Supongo que era una necesidad de expresarse». Recuerda María Fernanda que, aunque conservaba el mismo entusiasmo de siempre, las fuerzas físicas no eran las mismas en ese último año, cuando pintó «Algo camina hacia el infinito». El hecho de que la muestra se exponga en la Residencia de Estudiantes, «un espacio casi mítico», le hace muy feliz. Allí, hace 70 años, recién llegado a Madrid, su marido colaboró con tan sólo 16 años en el montaje de «Historia de un soldado», de Stravinsky, y allí comenzó una intensa amistad con García Lorca -trabajó con él en «La Barraca»-, que ayer esbozó Manuel Fernández Montesinos, sobrino del poeta. No es de extrañar, pues, que la exposición esté organizada por la Fundación García Lorca y la Residencia, instituciones tan cercanas a él.

¿Echa en falta una gran exposición de José Caballero en el Reina Sofía? «Es un tema espinoso -responde la viuda del pintor-. Estuvo dos veces programada y las dos veces se vino abajo, promovido por la misma persona. Es una asignatura pendiente».

Muchos amigos y admiradores de su marido quisieron estar presentes en la inauguración: Aurora Bautista, Alberto Portera, Marcelino Camacho... y un poeta que compartía con él muchas cosas: su primer nombre, su primer apellido, ambos eran andaluces y muy buenos amigos. José Manuel Caballero Bonald evocaba ayer que lo conoció hace casi medio siglo: «Compartimos una amistad entera y verdadera. Íbamos muy unidos por el mundo. Él ilustró mi segundo libro de poesía y yo escribí sobre su pintura y su obra gráfica. Admiré su obra y su vida». Sobre esta obra última que se exhibe en la muestra, comenta que es «uno de los más sugerentes capítulos de su particular historia de la pintura. Todos estos cuadros tienen algo de cartas que el pintor se fue enviando a sí mismo para poder reflexionar, a la manera de un observador distante, sobre lo que estaba intentando hacer. Una actitud muy acorde con la propia naturaleza de una obra que basa en su permanente proceso renovador su más genuina razón de ser».