Los desnudos femeninos más sublimes de la Historia del Arte

Seleccionamos diez obras maestras de Tiziano, Velázquez, Botticelli, Rubens, Rembrandt, Goya, Courbet, Ingres, Manet y Modigliani

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  1. «La Venus de Urbino», de Tiziano

    Es uno de los desnudos más hermosos de la Historia del Arte. Pintado por Tiziano en 1538, este lienzo fue encargado al genial artista veneciano por Guidobaldo II della Rovere, hijo del duque de Urbino, de ahí que se conozca como «La Venus de Urbino». Formó parte de la Colección Medici y desde 1736 forma parte de la Galería de los Uffizi en Florencia. Destaca la belleza de esta Venus, con flores en su mano derecha, mientras acerca la izquierda al pubis. Es pura sensualidad. A sus pies duerme un perrito, mientras que dos criadas se hallan al fondo de la composición. Para esta pintura Tiziano se inspiró en «La Venus» de Giorgione. Pero también la Venus de Tiziano ha inspirado otras obras maestras, como la «Olympia», de Manet.

  2. «La Venus del espejo», de Velázquez

    Tras una visita a la National Gallery de Londres, Joaquín Sorolla escribió emocionado a su esposa, Clotilde, que había visto «La Venus del espejo», de Velázquez, «el trozo de carne más humano» de ese museo. Este maravilloso lienzo perteneció a Gaspar de Haro y Guzmán, cuya hija Catalina se casó con el X Duque de Alba. Después pasó a manos de Godoy. Colgó en su residencia junto a las «Majas», de Goya. El lienzo de Velázquez salió de España durante la Guerra de la Independencia Española y acabó en Gran Bretaña, donde está desde entonces. En 1914 fue atacado por una sufragista, que le propinó varias cuchilladas. Afortunadamente, pudo restaurarse. La escena narra la contemplación de Venus, desnuda, ante un espejo que sostiene su hijo, Cupido, tras pasar una noche de pasión con Marte.

  3. «El nacimiento de Venus», de Botticelli

    Una tercera Venus aparece en este «top ten» de los desnudos más sublimes de la Historia del Arte. Se trata de «El nacimiento de Venus», una de las pinturas más famosas del mundo, que forma parte de la colección de la Galería de los Uffizi en Florencia. Fue pintada por Sandro Botticelli entre 1482 y 1485. El artista se besó para su composición en una narración de la «Metamorfosis» de Ovidio: Venus aparece desnuda sobre una concha a orillas del mar, mientras los vientos soplan suavemente acariciando su cabello con una lluvia de rosas. A la derecha, su sierva espera a la diosa para vestirla. El cuadro fue encargado por los Medici. La modelo que utilizó Botticelli para retratar a Venus es Simonetta Vespucci, musa conocida en Florencia como «la bella Simonetta».

  4. «Las Tres Gracias», de Rubens

    Explica el Museo del Prado, en su Enciclopedia on line, que la tradición representativa de las tres gracias se remonta, tanto en la literatura como en las artes plásticas, a la antigüedad griega y romana. En esta famosísima pintura, Rubens retrata en toda su carnalidad a las hijas de Júpiter y de Eurymone, Aglae, Eufrosina y Talía. Al fondo de la escena, un paisaje con ciervos. Esta obra maestra, fechada entre 1630-1635, es una de las admiradas y conocidas de la colección del Prado. «Entró en la colección real -explica el museo- a través de la venta de los bienes del artista tras su muerte en junio de 1640, cuando su familia puso a la venta sus bienes y sus pinturas, acudiendo compradores de toda Europa. Felipe IV tuvo la ocasión perfecta no solo para acrecentar la colección española de pinturas de Rubens sino también para adquirir obras de otros artistas flamencos, como Van Dyck, que el artista atesoraba en su colección».

  5. «Betsabé en su baño», de Rembrandt

    Este bellísimo lienzo de Rembrandt, que cuelga en las salas del Museo del Louvre, es conocido como «Betsabé con la carta de David» o «Betsabé en su baño». Firmado por el maestro holandés y fechado en 1654, la escena representa a Betsabé recibiendo una carta en la que el rey David la invita a su palacio. Se halla desnuda, enjoyada y pensativa ante la oferta, con la misiva real en su mano derecha, mientras una criada le seca los pies. El lienzo regresó el año pasado a las salas del museo parisino tras ser estudiado y restaurado durante ocho meses. Originariamente, era más ancho y más alto, pero fue recortado. La escena narra un episodio del Antiguo Testamento: el adulterio de Betsabé, esposa de Urías el hitita, con el Rey David y el asesinato del esposo. El primer hijo nacido de esa relación murió a los siete días. Finalmente se casaron y tuvieron dos hijos más.

  6. «La Maja desnuda», de Goya

    Es, al igual que «Las Tres Gracias», de Rubens, otro de los iconos más célebres y populares del Museo del Prado. Fue pintada por Goya antes de 1800, tanto vestida como desnuda. La obra perteneció a la colección de Godoy y, tras ser incautada, en 1813 fue trasladada al Depósito General de Secuestros, en la calle Alcalá. Un año después pasó a las dependencias del Tribunal de la Inquisición. En 1836 llegó a la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando. En 1901 ingresó en las colecciones del Prado. Se ha escrito mucha literatura sobre quién es la modelo que posó así para el aragonés: para unos era Pepita Tudó, amante de Godoy; para otros, la mismísima Duquesa de Alba, amiga del pintor. Teorías que hoy parecen totalmente descabelladas y descartadas. Es uno de los primeros desnudos realistas de la Historia del Arte, sin que fuera una pintura mitológica, religiosa o histórica. Colgó, junto a «La Venus del espejo», de Velázquez, y otras dos obras de Tiziano, en el gabinete reservado de Godoy.

  7. «El origen del mundo», de Courbet

    Es una de las pinturas más osadas de la Historia del Arte. Cabe imaginar el escándalo que supondría su aparición en la sociedad parisina de 1866. Courbet retrata en primerísimo plano un pubis, sin que veamos el rostro ni el resto del cuerpo de la modelo. Difícil admirar este cuadro en el Museo d'Orsay de París sin turbarse o ruborizarse, pues nos hace sentir incómodos, comos unos voyeurs que están contemplando algo privado, íntimo. Fue encargado por el diplomático turco-egipcio Khalil-Bey, que reunió una colección de arte dedicada al cuerpo femenino, antes de arruinarse con el juego. Entró en el museo parisino en 1995. Courbet no matiza de ninguna manera el sexo femenino, protagonista absoluto del lienzo. Su pincelada amplia y sensual, así como la utilización del color, remiten a la pintura veneciana de maestros como Tiziano y Veronés.

  8. «La Gran Odalisca», de Ingres

    Es otro de los desnudos más hermosos de la Historia del Arte. Los españoles estamos de enhorabuena, pues a partir del 24 de este mes, y hasta 27 de marzo de 2016, podremos admirarlo en el Museo del Prado. Es una de las obras maestras del Museo del Louvre y forma parte de la primera monográfica que se dedica en España al maestro francés del XIX Jean-Auguste-Dominique Ingres. El color de la piel de la modelo, que posa ataviada al estilo orientalizante, con un turbante en la cabeza, destaca especialmente al estar rodeada de hermosas y coloridas telas: sedas, terciopelos, plumas en brillantes azules y amarillos. Aunque se halla de espaldas, la Odalisca vuelve su cabeza y mira fijamente al espectador. Fue encargado por Carolina, hermana de Napoleón y reina de Nápoles y se expuso en el Salón de París de 1819.

  9. «Olympia», de Manet

    Otro icono de la Historia del Arte, una obra maestra absoluta de la pintura, realizada por Manet en 1863 y una de las joyas que cuelga en el Museo d'Orsay de París. Se expuso en 1865 en el Salón de París y, al igual que ocurrió con «El origen del mundo», de Courbet, provocó un gran escándalo. Se cree que esta «Olympia» que nos mira desafiante era una prostituta célebre en el París de la época. Luce una orquídea en el pelo, un brazalete en su brazo derecho y un zapato de tacón. A su lado, una esclava negra. Con su «Olympia», Manet reinventa el tema tradicional del desnudo femenino. Son evidentes sus referencias iconográficas: «La Venus de Urbino», de Tiziano; «La Maja desnuda», de Goya; y «La Gran Odalisca», de Ingres. Los críticos la vilipendiaron.

  10. «Desnudo recostado», de Modigliani

    Cerramos el «top ten» de los mejores desnudos femeninos de la Historia del Arte con este «Desnudo recostado», deModigliani, subastado anoche en Nueva York por 170 millones de dólares, el segundo precio más alto alcanzado por una obra de arte en subasta en toda la historia, después de «Las mujeres de Argel (Versión 0)», de Picasso. Pintado entre 1917-18, en él funde idealismo clásico, realismo sensual e invención moderna. Es lo suficientemente realista para seducir, pero también lo suficientemente irreal para ser idealizado. Con esta pintura el artista crea un icono escultórico, sublime, de la mujer. No es el retrato de una de las musas de Modigliani –la más célebre fue Jeanne Hébuterne, modelo y pareja sentimental del artista, que, tras la muerte de éste, y embarazada de nueve meses, se suicidó tirándose desde la ventana de un quinto piso–, sino un hermosísimo himno a la belleza. Pintado en plena Guerra Mundial, en su pequeño y mísero taller parisino, pertenece a una serie de desnudos alegres, sensuales, eróticos, con los que Modigliani quiso celebrar la vida, pese al drama que se vivía en las calles. Su objetivo era recuperar la belleza en un mundo devastado por la guerra.