«Ecce Homo» de La Roldana en la catedral de Cádiz
«Ecce Homo» de La Roldana en la catedral de Cádiz - Catedral de Cádiz

Cristos con secretos ocultos

Escondidos en el interior de algunas tallas se han hallado documentos antiguos con datos de su autor o información de la época

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Casi 50 años después de su llegada a la parroquia de San José Obrero de San Juan de Aznalfarache, la restauración del Cristo de la Misericordia ha revelado el secreto que guardaba oculto a los ojos de todos. Al separar la figura de su cruz hace unas semanas, los profesionales de Musae observaron que en un pliegue del dorso del paño de pureza había una inscripción desconocida hasta entonces. Allí firmó discretamente su obra el escultor Francisco Buiza Fernández, con un escueto «Fco Buiza 1971», con el que confirmó no solo las especulaciones sobre la autoría de la talla sino también el año en el que fue realizada.

Mayor sorpresa se llevaron a finales de 2017 las restauradoras Gema Ramírez y Ángeles Comba cuando desclavaron de su cruz al Cristo de Sotillo de la Ribera en el taller madrileño de Da Vinci Restauro. «Íbamos a cambiarlo de mesa y al levantarlo, vimos que había algo dentro», recuerda Ramírez. El paño de pureza estaba suelto y descubrieron que la parte trasera de esta talla de madera del siglo XVIII, concretamente las nalgas del Cristo, se quitaba como una tapa, dejando al descubierto una «cápsula del tiempo» escondida allí hace más de dos siglos. Eran dos pergaminos de piel de bovino escritos a mano por las dos caras por el capellán del Burgo de Osma, Joaquín Mínguez, y fechados en 1777, con información detallada de aquel momento histórico.

«Fue idea del capellán introducir en la imagen unos textos que hablan sobre la vida de la época: cuentan que reinaba Carlos III, cómo eran sus juegos (naipes, pelota o calva), de qué vivían, qué cazaban, las enfermedades más habituales (fiebres terciarias o cuartanas, dolor de costado), que existía la Santa Inquisición o que la pólvora venía de Villafelice», relata la restauradora.

Los documentos fueron escritos con una caligrafía muy cuidada y exquisita «como si supiera que algún día se iban a encontrar», según Ramírez. En ellos, el «romántico» capellán también dejaba constancia del autor de la figura, Manuel Bal, «Académico natural de San Bernardo de Yagüe y vecino en Campillo, ambos de este Obispado de Osma», el mismo que escribió su nombre con lápiz en la tapa que ocultaba el documento.

Documento hallado en el Cristo de Sotillo de la Ribera
Documento hallado en el Cristo de Sotillo de la Ribera

Una vez restaurado, el Cristo del Miserere regresó a la iglesia de Santa Águeda de Sotillo de la Ribera, aunque sin los pergaminos originales, que se conservan desde entonces en el Archivo de la Diócesis de Burgos. En su interior, ahora guarda una nueva cápsula del tiempo, escrita en un papel antiácido para resistir el paso del tiempo, en la que el pueblo cuenta al futuro cómo se vive en el siglo XXI. Aunque, como observa Ramírez, «ya no habrá misterio», pues el hallazgo de la anterior ha sido documentado con detalle.

Tras aquel hallazgo, a Ramírez le llamó un cliente particular desde Alicante que poseía «un Cristo antiguo muy bien tallado, una maravilla», para que lo examinara y efectivamente, «entre la espalda y la cruz tiene una cajita con anilla para tirar de ella y sacarla». La restauradora cree que puede ser un relicario, pero sus propietarios todavía no se han animado a encargar la restauración de la figura y confirmar así sus sospechas.

Sorpresas en restauraciones

«El patrimonio está lleno de sorpresas de este tipo, pero no siempre se da con ellas», afirma la restauradora de Da Vinci. Suele ser en trabajos de restauración cuando se descubren firmas o documentos que en su día se escondieron de forma intencionada. Así fue como Francisco Arquillo Torres encontró la firma de La Roldana en el Ecce Homo de la catedral de Cádiz en 1984. Alojado en su interior el prestigioso restaurador halló un documento fechado en 1684 en el que la escultora certificaba ser su «insigne autora» y daba cuenta de que le ayudó su marido, el también escultor Luis Antonio de los Arcos. En el reverso del documento, hoy expuesto en el Museo Catedralicio, se observan unos esbozos de rostros realizados a lápiz por la Roldana, lo que indica que reutilizó un papel para la firma.

Solo un año antes, Arquillo Torres había destapado el secreto que guardaba en su interior el Cristo de la Vera Cruz de Las Cabezas de San Juan. Un documento encontrado durante su restauración confirmaba que «reinando en las Españas Don Felipe quarto (...) se acabó esta hechura de Christo en ocho de marzo de mil seiscientos y veinte quatro por el maestro don Juan de Mesa». Del mismo imaginero cordobés, Francisco Arquillo encontró otra nota en el interior de la cabeza del Cristo de la Buena Muerte de los Estudiantes que corroboraba su autoría: «Ego feci, Joannes de Mesa, anno 1620».

En el Cristo de las Penas de la Hermandad de la Estrella, la restauración que llevaron a cabo los hermanos Cruz Solís en 1997 desveló su verdadero autor, José de Arce. En la base de la peana, descubrieron un hueco con un pergamino que decía: «En la ciudad de Sevilla. Año de 1655, gobernando la silla apostólica nuestro muy Santo Padre Alejandro VII de este nombre y asimismo reinando en España nuestro católico monarca Felipe IV de este nombre; hizo al Santísimo Cristo de las Penas Joseph de Arze, de nación Flamenco para una cofradía del título de las Penas de Cristo Nuestro Señor y Triunfo de la Cruz, que la fundó en Triana Diego Granado y Mosquera el año de 1644.

Gestos más comunes en los siglos XVII y XVIII

«A partir de finales del siglo XVI, cuando la consideración del artista va creciendo, éstos empiezan a firmar y a hacer este tipo de gestos», explica Manuel Arias, subdirector del Museo Nacional de Escultura de Valladolid. Desde entonces, se pueden encontrar testimonios en las peanas o en el propio interior de las tallas de madera, que eran piezas ensambladas y con huecos internos para garantizar la perdurabilidad de la figura, que no se agrietara con el tiempo. El lugar elegido para esconder los documentos en el dorso de las figuras no era siempre el mismo. En la talla del Cristo de la Expiración de Cádiz el manuscrito que confirmaba la autoría de José de Cirartegui en 1788 se localizó en el interior del muslo izquierdo.

La prueba del TAC en las imágenes antes de su restauración ha permitido desvelar algunos de estos testimonios. Así fue como se descubrió un manuscrito en el interior de la Virgen de las Lágrimas de la Exaltación y técnicos del Instituto Andaluz de Patrimonio Histórico detectaron en el interior del Cristo del Mayor Dolor lo que parece ser un documento enrollado en un hueco interno de la talla, en la zona de la espalda. Aunque también el mero azar sigue deparando sorpresas, como el documento hallado en el Cristo Yacente articulado de Chiclana, que desveló su origen genovés.

En otras figuras, la firma se inscribió en el exterior de la obra, aunque eso sí, de forma discreta. Es el caso del Cristo crucificado de Luis Salvador Carmona (1709-1767) que se encuentra en el Museo Nacional de Escultura. El artista nacido en Nava del Rey lo firmó en la vuelta del pliegue más externo de la caída vertical del paño de pureza.

Y en Cristos de pasta de caña americanos, su propia estructura guarda en ocasiones sorpresas. La incursión de un ratón en el Cristo de la Misericordia de Valverde de Leganés (Badajoz), una pieza de caña de maíz llevada de la Nueva España a Europa en la segunda mitad del siglo XVI, llevó al hallazgo de fragmentos de un códice colonial. Manuel Arias señala que «en la parte interior de cristos de caña mexicanos, como material reciclado, se han encontrado códices aztecas anteriores a la conquista». Aunque en estos casos, no había ninguna intencionalidad.

Quizá algunos de los Cristos que en estos días procesan por las calles españolas ocultan en su interior algún manuscrito aún por descubrir. El que oculta la réplica del Cristo Templario de la Fortaleza o de las Maravillas no es ningún secreto en Ponferrada. El documento, que recoge los nombres de todos los que han colaborado para la confección de la obra, parece salido de la talla original por el estilo en el que fue escrito en 2015: ««Bajo el pontificado de su Santidad el Papa Francisco, en el reinado de Su Majestad Felipe VI...».