El comité organizador de ARCO, en el punto de mira

Hoy echa el cierre la XXIV edición de ARCO. A falta de saber cómo han ido las ventas y cuál ha sido la respuesta del público, se discute la labor del comité organizador

NATIVIDAD PULIDO/
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MADRID. En 1998 estalló la guerra en la feria y ARCO decidió acabar con el monopolio de las galerías en su comité organizador. Desde la edición celebrada en 2000, también forman parte de él instituciones (Comunidad y Ayuntamiento de Madrid, Ifema, Caja de Madrid...), directores de museos y críticos de arte. Año tras año han ido disminuyendo los miembros del comité (36 en 2001, 35 en 2002, 32 en 2003, 29 en 2004 y 23 este año). Primero cayeron los críticos y, desde este año, también los directores de museos. Se mantienen, eso sí, las instituciones, con voz pero sin voto. La exclusión este año de importantes galerías extranjeras (hay casos muy comentados, como el de la galería parisina Thessa Herold), así como la reducción del número de galerías españolas han vuelto a poner al comité en el punto de mira. Nadie parece estar satisfecho del todo.

La selección se hace por puntuación: de uno a cien por galería. Carles Taché, miembro del comité, no elude su responsabilidad: «Sé que hay grandes ausencias y que es muy duro para una galería que ha estado otros años dejar de estar. A veces es menos duro que una que no ha entrado siga sin entrar. Todos los comités son mejorables. Si el próximo año estamos en el comité, sabremos analizar lo que hayamos podido hacer mal».

«Es incomprensible e injusto»

También forma parte del comité Guillermo de Osma. No entiende que Thessa Herold se haya quedado fuera este año: «Es incomprensible y muy injusto. Ha hecho una labor fantástica por el arte español fuera de nuestro país y no hay muchos que la hagan. A mí me espantan muchísimas cosas que están aquí, me parecen malísimas, pero no se puede juzgar eso en un comité, sino la línea de las galerías. Y Thessa es un ejemplo. Publica buenos catálogos, hace venir a ARCO a sus clientes... Está decepcionadísima y muy enfadada. Esto ha sido una españolada. Galerías que no están este año traían un tipo de cliente que para nosotros es buenísimo. Mucho mejor que muchas otras que han entrado y que no tienen capacidad de traer clientes. Es algo que el comité se debe replantear».

Aunque cree que la reducción del comité es un buen paso, afirma que «cuando un comité pretende contentar a todo el mundo, no contenta a nadie». Es partidario de equilibrar más en él la presencia contemporánea y la más clásica: «Daniel Lelong no pudo participar, a pesar de estar incluido. Éramos muy pocos para defender el lado más clásico de la feria. Debería reflexionarse más, discutirse más». En su opinión, «cuando hay errores, el comité debe tener mecanismos para corregirlos. En el futuro tendremos esa capacidad».

Helga de Alvear forma parte de esa cuota más contemporánea en el comité. «Que algunas galerías promocionen el arte español fuera -dice- me parece muy bien, pero ésa no es ninguna razón para entrar en ARCO». Cree que el comité sigue siendo demasiado grande: «Hay muchísimas opiniones y todos quieren traer a sus amigos. Las instituciones deberían salir del comité. Parece que tienen que vigilarnos. El Ayuntamiento trae a sus amiguitos. La propia Rosina no sabe cómo defenderse contra todo esto, porque se lo imponen. Ella no tiene ninguna culpa. Yo creo que me voy a salir del comité, porque estoy harta. En Basilea sólo hay cinco galerías en el comité y hacen la mejor feria». Y añade: «Está bien haber dejado fuera a galerías carcas. Algunas deben ir a Maastricht, como hace Gmurzynska. Y a mucha honra».

María Porto, que se despide de Marlborough, no es partidaria, sin embargo, de que sean las galerías las únicas con voz en el comité: «¿Se puede tener un criterio objetivo siendo galerista? Es como tener a un deportista juzgando a otro para formar parte de su equipo. Puede haber intereses personales. A nosotros nos han quitado este año 60 metros cuadrados de «stand» y a veces hemos tenido una puntuación del comité como para echarnos de ARCO. Creo que esta galería no se puede discutir». Le parece mal, por ejemplo, que la galería May Moré no esté desde hace dos años («tiene un nivel muy digno y, si no está en ARCO, la estás sacando del circuito»); y que se haya excluido este año a Thessa Herold («no es una decisión acertada del comité. Siempre ha defendido el arte español fuera. Hace dos años vendió un saura maravilloso al Reina Sofía. Es un error dejar fuera a galerías como ésta»).

Piensa igual Elvira González, que no entiende esta decisión del comité: «Debe reflexionar sobre ello. Hace años que decidí no estar nunca más en él. Había cosas que se acordaban y después no se veían». ¿Y no protesta nadie? «Seguramente protestan y no les hacen caso». No se atreve a hablar de favoritismo, pero sí de situaciones «un poco injustas. Hay poca solidaridad y eso no es bueno». Por su parte, Pepe Cobo cree que cambiar cada año el 50 por ciento del comité «es invalidar un criterio estable. En Basilea el comité se mantiene 10 ó 12 años». Apuesta, pues, por establecer comités más largos en el tiempo (mínimo unos seis años) «para poder estudiar una estrategia a largo plazo».