Carmen Reviriego
Carmen Reviriego - VÍCTOR CUCART

Carmen Reviriego: «El arte nos hace mejores personas»

Preside la Fundación Callia, cuyos premios iberoamericanos de mecenazgo se entregan el próximo lunes

MadridActualizado:

Carmen Reviriego escogió la palabra callia (significa hermoso en griego) como nombre de la empresa de asesoría de arte que fundó hace diez años. «Me hace la vida mejor estar rodeada de belleza. Yo era una alta ejecutiva. Tras muchos años en el ámbito empresarial, decidí, en plena crisis, dejar mi trabajo. Y fundé hace diez años la compañía Callia de asesoramiento en arte para crear colecciones, no solo desde el punto de vista artístico, sino también social. Desde hace 20 años he trabajado en asesoría para grandes patrimonios. No he cambiado mi mercado, sí de actividad. Quiero que se comprometan con el arte, pues les hace mucho bien como empresarios, les da un prestigio social que muchas veces no pueden tener a través de su actividad». De su padre heredó la sensibilidad para el arte. De su madre, su pasión por el compromiso social.

El título del primero de sus libros, «La suerte de dar» (conversaciones con grandes filántropos y mecenas iberoamericanos), invita a reflexionar sobre por qué alguien decide dar, convirtiéndose en filántropo: «Convencemos a empresarios de que, si coleccionan arte, y si se hacen mecenas, van a ser mejores personas y mejores empresarios». Cree que el filántropo iberoamericano y el anglosajón tienen motivaciones distintas:«Las de este último son culturales y económicas. El filántropo iberoamericano da más de corazón. ¿Por qué no tenemos aquí más mecenas? David Rockefeller donó cien millones de dólares a la Universidad de Harvard. Bill Gates empezó en un garaje, hizo una gran fortuna, se hizo filántropo, ha erradicado la polio en África y es un héroe nacional. Amancio Ortega empezó en un garaje, ha hecho dinero y, si hace donaciones, es sospechoso. Preguntan: ¿por qué dará? Es un defecto de los iberoamericanos. Hay que reconocer a las personas que dan».

Incubadora de mecenas

Acaba de nacer la Fundación Callia, cuya misión, dice Reviriego, es «inspirar y promover el mecenazgo en el arte». Una de sus actividades son los premios iberoamericanos de mecenazgo, que este año celebran la IV edición y que se entregarán el lunes en Madrid. Los invitados, cien grandes empresarios –la mitad españoles, la otra mitad latinoamericanos–, muchos presentes en la lista Forbes de las grandes fortunas. «Son una incubadora de mecenas y sirven también como plataforma para promover la igualdad en el arte. Cada año una artista se encarga de hacer una obra que se entrega a los dos ganadores». Este año la elegida es la fotógrafa chilena Magdalena Correa. Horas antes de la ceremonia, Carmen Reviriego mantendrá una conversación con Jaume Plensa en el Prado. Además, la fundación cuenta con un taller de mecenazgo («a través del cual establecemos un puente entre los museos y los empresarios») y unos encuentros, «La suerte de dar», en los que destacados mecenas comparten sus experiencias sobre qué ha significado en su vida la filantropía y el mecenazgo. Han participado nombres como Eileen Rockefeller, Manuel Arango o Adriana Cisneros. «Eso es lo que hacemos: inspirar y promover. Y dar herramientas para que puedan ejercer el mecenazgo», puntualiza Carmen Reviriego.

Repite, como un mantra, las palabras emoción y sentimientos una y otra vez durante la conversación, entre café y café. Y es que está convencida de que, «a través del arte conseguimos una sociedad más humana y más libre. El arte nos hace mejores personas. Soy una enamorada, apasionada. Desayuno, como y ceno arte. Es mi vida». ¿Cómo se enseña a ser un mecenas? «Hay una parte de inspiración, luego hay que empujarles y una vez que han sentido la suerte de dar, una vez que has cruzado a la otra orilla, ya no puedes volver».

Un efecto dominó

¿Corren buenos tiempos para el mecenazgo en España? «Creo que están saliendo del armario muchos mecenas. Gracias a personas como Patricia Phelps de Cisneros, que me ha acompañado siempre; Plácido Arango... y a los medios, que cuentan estas cosas. Entonces dicen: “Ah, pues si este lo ha hecho, yo también”. Es un efecto dominó. Se inspira a través del ejemplo. Creo que esto va a ir a más. Estoy convencida». Sobre el «boom» de coleccionistas y mecenas latinoamericanos en Madrid, dice que «hay que aprovechar ese puente. Están aquí como en casa. Lo que está ocurriendo es algo natural. Tanto latinoamericanos como españoles hemos cometido el mismo error: arrimarnos a Estados Unidos». Sin embargo, habla Carmen Reviriego de que «hay una necesidad urgente de modernizar y americanizar la sociedad iberoamericana, en relación al compromiso social con el arte. En eso nos hace falta copiarles».

¿Cómo se puede favorecer el mecenazgo en España? ¿Existe una fórmula mágica? «Ya lo estamos haciendo, le estamos pegando duro por sitios distintos. Yo creo mucho en la iniciativa privada, porque no es cortoplacista». ¿Y cómo ve el papel de ARCO? La feria invita cada año a 300 grandes coleccionistas. «Me parece maravillosa la labor que está haciendo ARCO. Tiene mucho atractivo para los latinoamericanos. Es una feria muy querida, innovadora, bastante experimental. Carlos Urroz está haciendo un gran trabajo con las limitaciones que tiene. Aunque creo que iría mejor si fuese privada».

Viaja 130 días al año. Acude a las ferias más importantes del mundo. Acaba de llegar de Zona Maco, en México, y pronto se marchará a la Feria de Maastricht. ¿Cómo convencer a alguien para invertir en arte? «La primera motivación es emocional. Tiene que gustarle el arte. Si no, invierte en hidroeléctrica, en un banco... Otro de los atributos del arte es que, si uno compra bien, crea un legado patrimonial. ¿Por qué hay que renunciar a eso? Hay que comprar con el ojo y el corazón, nunca con el oído» (lo dice con gestos).