Calatrava regresa al futuro en Río de Janeiro

El Museo del Mañana, que hoy abre al público, es un edificio sostenible que se halla en un área degradada del Puerto Mauá que se está recuperando para los Juegos Olímpicos de 2016

SAO PAULOActualizado:

La impresionante Bahía de Guanabara ha ganado una joya en el olvidado Puerto Mauá, un área degradada que está siendo recuperada para los Juegos Olímpicos de Río de Janeiro en 2016 y que ahora ha sido rebautizado como «Puerto Maravilla». El Museu do Amanhã (Museo del Mañana), una imponente construcción proyectada por el arquitecto valenciano Santiago Calatrava, abrirá hoy al público con una fiesta gratuita de 36 horas consecutivas.

Es una especie de planetario del siglo XXI, pensado como un centro de experiencia sensorial e interactiva, a partir de una narración pensada por museólogos, intelectuales y científicos, para reflexionar sobre los próximos 50 años, explorando seis grandes tendencias del pensamiento mundial: cambios climáticos, alteración de la biodiversidad, crecimiento de la población y longevidad, mayor integración y diferenciación de culturas, y avance de la tecnología y la expansión del conocimiento. Las instalaciones audiovisuales y juegos fueron creados a partir de estudios científicos y datos difundidos por instituciones como la Unesco, la ONU y el Massachusetts Institute of Technology (MIT), una de las referencias mundiales en investigación de tecnología.

«Mi hijo dice que Río de Janeiro es la ciudad más linda del mundo. Y si mi hijo cree eso, yo también lo creo, pues es quien tiene más criterio», bromeaba Calatrava con los periodistas en la ceremonia de inauguración, a la que acudieron, entre otras personalidades, la presidenta de Brasil, Dilma Rousseff, y el alcalde de Río de Janeiro, Eduardo Paes. Calatrava elogió la propuesta democrática del museo, que permite que se visite buena parte del área sin pagar un centavo.

Dedicado a pensar el futuro de la humanidad, será el ancla de un proyecto de revitalización que quiere ver el renacimiento de la región portuaria, un área de 5 millones de metros cuadrados, que fue abandonada durante décadas con la expansión de la ciudad. La obra de Calatrava, que costó casi 80 millones de euros, es el símbolo de esa renovación del puerto, una zona en la que viven 30.000 personas y que está recibiendo una inversión de casi 2.000 millones de euros por los Juegos Olímpicos. El terreno que ocupa el museo había sido reservado inicialmente para un Museo Guggenheim, que nunca salió del papel.

Inspirado en las bromelias del Jardín Botánico de Río de Janeiro, el proyecto está pensado como arquitectura sostenible. La construcción tiene certificado Leed (Liderazgo en Energía y Proyecto Ambiental), concedido por la organización internacional Green Building Council. El edificio capta agua de la bahía de Guanabara para abastecer sus 9.200 metros cuadrados de espejos de agua y, gracias al sistema de refrigeración, el agua es procesada y devuelta más limpia al mar. El agua de la lluvia es aprovechada para regar los 6.000 metros cuadrados de jardines que bordean el museo. «Es una lección para hacerle entender a todos que un día la bahía estará limpia», declaró el valenciano.

La cobertura del edificio, de 20 metros de altura, es móvil para aprovechar la luz natural, y está realizada sobre grandes estructuras de acero en que se apoyan más de cinco mil placas voltaicas para captar 250 KWh anuales de energía solar. La fantástica estructura de acero se mueve durante el día como si levantase las alas para volar, siguiendo la posición del sol. La forma longitudinal de 388 metros de punta a punta del museo que, según el propio Calatrava, parece «flotar» sobre el puerto, fue diseñada para dejar ver el conjunto de edificios históricos de la época de la colonización portuguesa y de comienzos del siglo XX.

La apariencia delicada del edificio, que parece caer suavemente sobre el mar, disfraza la pesada estructura de 55.000 toneladas de concreto y 4.300 toneladas de estructuras metálicas de la cobertura. La obra, iniciada en noviembre de 2011, fue construida por 1.200 albañiles, que llegaron a trabajar 24 horas diarias en tres turnos. La jardinería fue firmada por el estudio Burle Marx, el más famoso de Brasil, usando especies nativas y vegetación típica de la costa de Río de Janeiro.

La primera exposición temporal será la instalación audiovisual «Perimetral», de Vik Muniz, un artista brasileño afincado en EE.UU., famoso por trabajar con materiales poco habituales, como restos de basura, azúcar y chocolate. La instalación trata de la evolución del área portuaria y su restauración. La exposición permanente comienza con un panorama general del Cosmos, a través de una experiencia de inmersión en un domo de 360°, un gran huevo negro en que puede hacerse un viaje sensorial por el universo, desde las galaxias más distantes a las partículas microscópicas. Es posible ver el planeta y aprender sobre su biodiversidad, las relaciones entre las especies y el desarrollo de la cultura y del pensamiento humano. En el área central del museo, los visitantes pueden calcular sus pasos ecológicos y participar de un juego en que tienen que administrar los recursos para preservar el mundo.