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Pierre Marie Louis Vidal. Cubierta para «La Vie à Montmartre», 1897, Litografía

Los bohemios de Montmartre, noches de absenta y cancán

CaixaForum Madrid acoge en una exposición a los artistas del París de finales del XIX con Toulouse-Lautrec a la cabeza

MadridActualizado:

Montmartre no es hoy ni una sombra de lo que fue: los miles de turistas que suben y abarrotan la mítica colina de París en busca de algún rastro de la bohemia de finales del siglo XIX se topan de bruces con una realidad bien distinta: la Place du Tertre, plagada de sombrillas y caricaturistas, y un inmaculado Sacré Coeur cuyo mayor interés son las vistas de la ciudad. Ni rastro de los bulliciosos cafés, salas de baile y cabarés que frecuentaban artistas y escritores en apasionadas noches regadas de absenta. Ni rastro tampoco del Bateau-Lavoir, el taller donde Picasso dio vida a cinco prostitutas que cambiaron la historia del arte: sus «Señoritas de Aviñón». Montmartre fue un municipio independiente del norte de París, al que se anexionó en 1860 como el distrito XVIII. Un lugar de marginación que acogió a un grupo de creadores libres, rebeldes, radicales, comprometidos, independientes, que devoraron la ciudad, sacando el arte a sus calles, cabarés, teatros, circos, prostíbulos...

La Caixa recrea aquella fascinante aventura en una exposición de producción propia que reúne 339 obras (pinturas, dibujos, esculturas, grabados, carteles, fotografías, objetos...), de una veintena de artistas, cedidos por museos y colecciones privadas de todo el mundo. Por encima de todos ellos destaca Henri de Toulouse-Lautrec, el rey de aquel canalla Montmartre, presente en la muestra con sesenta obras.

Théophile Alexandre Steinlen. «La Goulue y Valentín el Deshuesado bailando en el Moulin Rouge», 1890 - © Colección David E. Weisman y Jacqueline E. Michel

Metro y medio de genialidad

Henri Marie Raymond de Toulouse-Lautrec apenas superaba el metro y medio. Nació en 1864 en Albi (Francia) en el seno de una familia aristocrática. Su padre, el conde Alphonse de Toulouse-Lautrec-Monfa, se casó con su prima hermana Adèle Tapiè de Celeyran. El pequeño Henri nació con una anomalía congénita, que se agravó con las fracturas en el fémur de ambas piernas que sufrió por sendas caídas del caballo. Ello impidió que sus huesos crecieran con normalidad. Ahogaba su sufrimiento en alcohol y en brazos de las prostitutas, que lo adoraban. Dejaban que las retratara en la intimidad de sus toilettes, vetado al resto de los mortales.

Para el comisario de la muestra, Phillip Dennis Cate, Montmartre más que un lugar físico era «un estado de ánimo vanguardista, una actitud, una mentalidad renovadora». Una explosión de libertad, imaginación y creación que vivieron Van Gogh, Manet, Bonnard, Picasso... Y, antes que ellos, Henri-Gabriel Ibels, Théophile Alexandre Steinlen, Suzanne Valadon o Toulouse-Lautrec. Éstos tiraron de humor, ironía, sátira, crítica social y caricatura para desafiar al sistema burgués con sus obras, que salían de los tradicionales lienzos para invadir estampas, carteles, ilustraciones de libros y revistas, programas de mano de obras de teatro, diseños de partituras...

Jules Grün. «La canción de Montmartre», 1900 - Colección particular

Los Incoherentes

Las salas de CaixaForum Madrid se tornan en salones del París de fin de siglo, con paredes adamascadas y grandes cortinajes. Pero, ¿quién es quién en el París bohemio? Por allí andaban los Incoherentes, un grupo de creadores que tenían el humor absurdo como santo y seña. Les consideran precursores del dadaísmo, el surrealismo y el teatro del absurdo. Solían frecuentar Le Chat Noir, un cabaré fundado en 1881 por Rodolphe Salis, artista frustrado metido a empresario de la noche parisina. Decorado al estilo Luis XIII, su emblema fue un gato negro sobre una media luna. El local fue adquirido por el cantante y empresario Aristide Bruant, que abrió en él Le Mirliton. Bruant fue inmortalizado con sombrero de ala ancha, bastón y bufanda roja en un famoso cartel firmado por Toulouse-Lautrec. Le Chat Noir tuvo una segunda vida en 1885 con su teatro de sombras, creado por Henri Rivière. Es igualmente celebérrimo el cartel, realizado por Steinlen en 1896, para una gira teatral. Una imagen que inunda el merchanding de los puestos a orillas del Sena. «¿Qué es Montmartre? Nada. ¿Qué debe ser? Todo», decía Salis.

Los trabajos de los bohemios ilustraban publicaciones de la época como «La Revue Blanche» o «L’Estampa Originale». Frecuentaban los teatros (el Théâtre Libre, fundado en 1887 por André Antoine; y el Théâtre de l’Oeuvre, creado en 1893 por Lugné-Poe, Mauclair y Vuillard), los circos (el Nouveaux Cirque y el Cirque Fernando, que años después pasó a ser el Cirque Medrano) y los prostíbulos. Baudelaire, Maupassant, Seurat, Gauguin o el mismísimo Toulouse-Lautrec fallecieron a causa de la sífilis. Por las noches, se divertían en locales como el Moulin de la Galette, que inmortalizarían Renoir y Picasso. Se unieron después otros como el Moulin Rouge, el Diván Japonés, el Jardín de París y el Quat’z’Arts.

Una de las salas de la exposición - LA CAIXA

Noches de cancán, en las que cantaba Yvette Guilbert, con sus inseparables guantes largos negros; bailaban Jane Avril, Louise Weber, conocida como La Goulue (la Glotona), con su pareja de baile, Valentín el Deshuesado... Dicen que a finales del XIX París contaba con más de 40 locales de entretenimiento. «En poco tiempo –cuenta el comisario de la exposición– Montmartre se había transformado en el corazón literario y artístico de París. Los propios creadores de aquel ambiente cultural y lúdico lo mercantilizaron hasta tal punto que, irónicamente, la bohemia se convirtió en una gran atracción turística internacional».