Visitantes observan el tríptico «El carro de heno», del Bosco, en el Noordbrabants Museum de Bolduque
Visitantes observan el tríptico «El carro de heno», del Bosco, en el Noordbrabants Museum de Bolduque - EFE

Bienvenido, Mister Bosch

Bolduque, ciudad natal del Bosco en Holanda, recibe, 500 años después de su muerte, a su hijo pródigo con todos los honores y con una (casi) completa retrospectiva de su producción. El Prado tomará el testigo el 31 de mayo

ENVIADA ESPECIAL A BOLDUQUE (HOLANDA)Actualizado:

Hay una enorme expectación por ver las obras del Bosco en el lugar donde fueron creadas: su ciudad natal, Hertogenbosch, de la que tomó su sobrenombre artístico. Los holandeses conocen esta localidad medieval amurallada como Den Bosch y los españoles como Bolduque (Bosque del duque). Fue el duque Enrique I de Brabante quien la fundó en 1185. Hoy no queda en ella ni rastro de los trabajos de su pintor más universal. No es de extrañar, pues, que se hayan vendido ya 90.000 entradas de la exposición central de la conmemoración del quinto centenario de su muerte: «El Bosco. Visiones de un genio», que hoy inaugurará el Rey Guillermo y permanecerá abierta hasta el 8 de mayo en el Museo de Brabante del Norte.

Se ha logrado reunir 17 de las 24 pinturas y 19 de los 20 dibujos de este artista que ha establecido como corpus bosquiano un comité científico tras años de estudio. No sin provocar un tsunami: la decisión de descatalogar obras de Madrid, Boston, Múnich, Filadelfia, Rotterdam, Gante, Saint-Germain-en-Laye... ha levantado en armas a museos como el Prado, a quien han retirado la autoría de tres de sus seis Boscos. Un corpus que no coincide exactamente con el que baraja la pinacoteca española para la que será la mayor exposición realizada nunca sobre El Bosco a partir del 31 de mayo: expondrá 23 de las 27 obras del artista y 6 de sus 11 dibujos. Los números bailan. Las atribuciones también.

Los préstamos para la exposición de Holanda se han basado en las conclusiones del polémico estudio: se exhiben los «nuevos» Boscos, como «El Juicio Final» del Groeninge Museum de Brujas; «Las tentaciones de San Antonio» del Museo de Kansas (visto de cerca cuesta creer que sea un Bosco); y el dibujo «Paisaje infernal», de una colección particular belga. Estaba previsto que estuvieran «La extracción de la piedra de la locura» y «Las tentaciones de San Antonio», dos de las «bajas» del Prado, pero el museo español se ha negado a cederlas.

Alta tensión

Charles de Mooij, director del Museo de Brabante del Norte y uno de los tres comisarios de la muestra, comenta a ABC que «las conclusiones del estudio no eran motivo para no exponerlas». E insiste en que «el contacto con el Prado sigue siendo intenso y constructivo». Cuesta creerlo. Sí prestó la pinacoteca española una de sus joyas, «El Carro de Heno», que ha regresado a Holanda después de 450 años. De otro museo de Madrid, el Lázaro Galdiano, se exhibe «Las meditaciones de San Juan Bautista».

De las 24 pinturas que ha fijado el Proyecto Bosco, en Bolduque se exhiben 17; de los 20 dibujos, 19

Uno de los atractivos de esta exposición, para la que se han restaurado 9 obras, es que se reúnen siglos después paneles que originariamente pertenecieron a un mismo conjunto y se dispersaron con los años. Es el caso del llamado «Tríptico del vendedor ambulante»: la tabla central se perdió y se conservan cuatro fragmentos distribuidos por otros tantos museos: «El vendedor ambulante», del Museo Boijmans de Rotterdam, se exhibe junto a «La nave de los locos», del Louvre; «La gula y la lujuria», de la Universidad de Yale, y «La muerte de un avaro», de la National Gallery de Washington. Procedentes de la Galería de la Academia de Venecia, joyas como los cuatro paneles de «Las Visiones del Más Allá» (de una modernidad arrolladora) y el «Tríptico de los eremitas» Sin embargo, no cuenta con tres obras emblemáticas del Bosco, que sí estarán en la exposición de Madrid: «El Jardín de las Delicias» y «La Adoración de los Magos», ambas del Prado, y «Las tentaciones de San Antonio Abad», del Museo de Arte Antiga de Lisboa. El montaje resulta muy lineal y aburrido, aunque tiene un gran acierto. Las obras, que se hallan encerradas en cajas de cristal o en vitrinas (no es lo idóneo para ver arte), están muy bien iluminadas y te puedes acercar mucho a las obras, sin miedo a que salte la alarma, y apreciar todos los detalles.

Los comisarios proponen un recorrido temático. Junto a las 36 obras del Bosco, entre dibujos y pinturas, se exhiben cuadros del taller y de algún seguidor, además de otras 70 piezas (esculturas, libros de Horas, Biblias, misales, libros de cuentas y objetos de plata raros y valiosos) que, según De Mooij, «ponen de relieve las fuentes de inspiración del artista y el contexto cultural en el que trabajaba». Pero resulta innecesario.

«La exposición da a conocer una imagen nueva y sorprendente de las creaciones del Bosco –dice el comisario–. La imaginación y la originalidad que El Bosco demostró con el paso de la Edad Media al Renacimiento lo convirtieron en un artista extremadamente moderno para su época y hoy día continúan inspirando a otros artistas». El Bosco murió en 1516. Una placa en la catedral de San Juan recuerda que el 9 de agosto pasó por allí su cortejo fúnebre, pero no se sabe dónde está enterrado.