Lo mejor y lo peor de la «otra» Bienal de Venecia
La obra «Contamination» - EFE

Lo mejor y lo peor de la «otra» Bienal de Venecia

La ciudad de los canales se inunda estos días de exposiciones por todos sus rincones

NATIVIDAD PULIDO
ENVIADA ESPECIAL A VENECIA Actualizado:

Salimos de los Giardini y el Arsenale para visitar algunas de las propuestas (más de treinta) que la Bienal presenta como «eventos colaterales», un programa que crece año tras año y que ya le está haciendo la competencia (y sombra) al programa general. Hacemos cinco paradas:

1.Palacio Fortuny.

Este maravilloso palacio, donde vivió y trabajó Mariano Fortuny, acoge la exposición más interesante que hemos visto este año en Venecia. Bajo el título «Tra. Edge of Becoming», y comisariada por cuatro personas, entre ellas la española Rosa Martínez, la muestra ocupa las cuatro plantas del edificio: las obras de arte contemporáneo conviven en una pasmosa armonía con piezas clásicas, mobiliario, telas exóticas y pinturas de Fortuny. Es además una ocasión excepcional para recorrer por primera vez partes del palacio que suelen estar cerradas al público. Hay en la exposición piezas estupendas de Serra, Giacometti, Tania Bruguera, Cristina García Rodero, Kounellis, Gormley, Sugimoto, Kimsooja, Abramovic, Kapoor, Léger, Fontana, Barceló, Bernardí Roig, Chillida... Los grabados de éste último se exhiben de forma muy original, sobre la mesa del taller-biblioteca del artista. Hasta Hugo Pratt y su Corto Maltés tienen cabida en esta espléndida exposición. El bellísimo palacio está decorado con motivos orientales que tanto gustaban a Fortuny: semeja un abigarrado bazar, en el que pasado y presente dialogan a la perfección. Un diez para los comisarios.

2.Palazzo Grassi-Punta della Dogana.

Decepcionante, la nueva presentación de la colección Pinault en sus dos flamantes sedes venecianas. En el Palazzo Grassi, no podía faltar la santísima trinidad de su colección (Cattelan, Koons y Murakami). Ya no sorprenden a nadie, ni a ellos mismos. La gran apuesta de este año es una megainstalación de Joana Vasconcelos que ocupa todo el hall del palacio y repta hasta la última planta. Muy espectacular, «Contamination» parece una planta de la tienda de los horrores que crece y crece sin medida. Hecha a mano con tejidos multicolores es puro espectáculo. Como casi todo en la colección Pinault: fuegos de artificio. Este año el acento de la muestra se ha puesto en los artistas asiáticos. El más interesante, Huang Yong Ping y su «Caverna». Vamos a la Punta della Dogana con la esperanza de sorpresas, pero las que hay son bastantes desagradables. Se impone el feísmo, el mal gusto sin más, la vulgaridad... Cuando lo más divertido son los flotadores de Koons y lo mejor, las vistas de la ciudad a través de los ventanales, algo falla. ¿Echarán de menos los venecianos que el proyecto no se lo llevara el Guggenheim? Ambas visitas, un aburrimiento.

3.Museo Correr.

El multifacético Julian Schnabel, que muestra sus polaroids en el Centro Niemeyer de Avilés, inaugura retrospectiva en el Museo Correr, en plena Plaza de San Marcos. La muestra, como él mismo, es muy irregular. Una marina tridimensional con cerámicas parece salida del taller de Barceló. Se autorretrata sobre la jequesa de Qatar bajo el lema “El pintor y la musa que nunca encontraré” en un cuadro muy naif. La exposición está mal montada y le hace un flaco favor a Schnabel. Solo se exhibe una escultura, que no aporta nada a la muestra. Sus célebres retratos con platos conviven con sus mapas de Palestina pintarrajeados de morado y con sus cuadros kitsch que compró José María Cano. Totalmente prescindible.

4.Real Venice (Venecia auténtica).

Nos topamos en San Giorgio Maggiore con Elena Ochoa, que explica a un grupo de invitados la exposición de fotografía que ha traído a la Serenísima. Se trata de un proyecto de Ivorypress, comisariado por la propia Ochoa, y que forma parte del último número de la publicación C Photo. Se ha llevado a cabo en colaboración con la organización benéfica Vence in Peril Fund y se ha invitado a catorce reconocidos fotógrafos para hacer un trabajo con un único leit motiv: retratar la ciudad y mostrarla con todas sus paradojas y contrastes. El resultado es muy interesante: algunos abordan la masificación del turismo y el merchandising de los souvenirs, otros su bellísima arquitectura, el carnaval, las góndolas, la Fenice... En la muestra, que después viajará al Barbican Centre de Londres, hay obras de Philip-Lorca Dicorcia, Nan Goldin, Pierre Gonnord, Candida Höfer, Mimmo Jodice, Hiroshi Watanabe... Ver las distintas caras de Venecia en Venecia resulta de lo más revelador.

5.Kapoor-Fabre.

Son dos de los artistas más interesantes del panorama internacional actual. Uno, anglo-indio. El otro, belga. El primero triunfa en París con varias exposiciones (entre ellas, su espectacular instalación en el Grand Palais). El segundo visitaba estos días Madrid en su faceta de coreógrafo. Ambos son polifacéticos y su trabajo, de lo más interesante. Ambos están presentes en Venecia con obras de gran espiritualidad. Más sutil, la de Kapoor. Su columna de humo en la basílica de San Giorgio Maggiore, entre obras maestras de Tintoretto, Ricci, Bassano o Bruneleschi, es de una gran belleza poética. Fabre, por su parte, rinde un homenaje, de igual belleza poética, a Miguel Ángel y su «Piedad» en la Scuola Grande della Misericordia. Chapeau para los dos. Nos reconciliamos con el arte contemporáneo...