La I Bienal de Arte Contemporáneo de Sevilla se clausura con 40.806 visitantes

El comisario para la II Bienal de Arte de Sevilla, en 2006, se elegirá entre una terna y «marcará un nuevo rumbo», afirma su directora, la galerista Juana de Aizpuru

JESÚS ÁLVAREZ/
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SEVILLA. Ayer concluyó la I Bienal de Arte de Sevilla, que durante algo más de dos meses ha arrastrado hasta sus instalaciones a un total de 40.806 visitantes. Este primer encuentro de arte contemporáneo en la capital hispalense parece haber cubierto los objetivos marcados. La galerista Juana de Aizpuru, principal motor de este proyecto, en declaraciones a ABC, no ha dudado en definir esta Bienal como «amena, agradable, simpática, al tiempo que divertida. Ha sido una bienal de calidad, con firmas internacionales indiscutibles, desde la primera a la última. Esa era la Bienal que hacía falta a Sevilla y es la que hemos hecho».

Un encuentro en el que ha planeado una pequeña sombra de improvisación. «Ha sido la primera vez y, aunque ha salido bien, la verdad es que ha sido un poco milagroso que la hayamos sacado adelante. En julio nos faltaban 600.000 euros y tuvimos que pedir un crédito para la Fundación, avalado por nosotros mismos.

-Se ha dicho, sin embargo, desde algunos ámbitos, que las instituciones han dado demasiado dinero a una iniciativa que era privada...

-La verdad es que las instituciones nos han podido dar poquísimo dinero y algunas ayudas están aún por llegar. El Ministerio de Cultura, por ejemplo, no nos ha podido dar nada, porque no estaba en sus presupuestos. El Ayuntamiento nos ha dado 36.000 euros en 2003 y otros 36.000 euros en 2004 y no creo que sea una cifra para rasgarse las vestiduras. La Diputación nos dio 100.000 euros para subvencionar el transporte de la pieza de Richard Serra, y me temo que con eso no nos va a llegar para pagarlo.

«No esperábamos un coro de ángeles»

-Otras voces han criticado el contenido expositivo de la Bienal, e incluso que todo esto fuera iniciativa de una galerista. ¿Qué responde?

-No esperábamos un coro de ángeles. Todo es mejorable, naturalmente, pero para ser la primera vez me parece que el contenido, en general, ha sido perfecto. De las pocas críticas que he oído yo, la mayoría es de gente que no ha ido a la Bienal. Si no han ido a verla, sus críticas para mí no tienen peso. Por otra parte, se trata de gente que hace proyectos y un poco se ve entre líneas que temen que si la Administración nos ayuda a nosotros, ya no va a poder ayudarles a ellos. Es normal que sus proyectitos les importen más que un gran proyecto como es la Bienal.

-¿Cree que se esperaba en la ciudad algo más de esta primera Bienal?

-Creo sinceramente que más no se podía esperar de esta primera Bienal. Estamos felices y satisfechos, porque se han cumplido los objetivos.

-¿Y cuáles eran los objetivos?

-El más importante, implicar a la ciudad de Sevilla, en todas sus capas sociales y estamentos. Y eso se ha cumplido, porque han intervenido las instituciones, la Universidad, las distintas Facultades y, sobre todo, el público, en general, el pueblo. Hemos hecho la Bienal para nuestra ciudad.

-¿Qué ha sido para usted lo peor de esta Bienal?

-Los problemas económicos.

-¿Y lo mejor?

-La respuesta del público sevillano.

-Clausurada la Bienal, con lo que usted sabe ahora, si pudiera: ¿qué le añadiría y qué le quitaría?

-Bueno, le quitaría un poco de improvisación, especialmente en la programación de actividades culturales. En julio aún no sabíamos qué iba a ser de nosotros. No me quise comprometer en esas circunstancias. Ni Barenboim ni Norman Foster pudieron venir. Espero que el comité de asoramiento cultural, que sólo pudo reunirse tres veces, se implique más en la II Bienal y en las siguientes ediciones.

-¿Cree que la polémica sobre «el niño ahorcado» de Maurizio Cattelan benefició a la Biacs?

-A mí las polémicas no me gustan, aunque den publicidad. Me gusta que se hable de lo que se tiene que hablar.

-¿Se parecerá la II Bienal a la I?Algunos dicen que el «modelo de bienales» está desfasado.

-En Sevilla no hay nada desfasado, porque aquí no ha habido nunca nada importante. No podemos decir que estamos de vuelta de nada, porque aquí no hemos llegado a nada. No quisimos una bienal más hermética y conceptual en esta primera edición, porque pensamos que podría ser contraproducente. Por eso escogimos a Harald Szeemann, porque sabíamos que iba a hacer una bienal a propósito con lo que necesitábamos. El nuevo comisario, que se elegirá entre una terna en 2005, marcará el nuevo rumbo.