La baronesa amenaza con llevarse el Thyssen a otro Madrid «sin tráfico»

El gran actor Manolo Morán interpretó en una memorable película a un guardia urbano muy apreciado, y querido, en Madrid. A su avanzada edad le llega una buena nueva: será padre de un hijo tras de

ANTONIO ASTORGA. MADRID.
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El gran actor Manolo Morán interpretó en una memorable película a un guardia urbano muy apreciado, y querido, en Madrid. A su avanzada edad le llega una buena nueva: será padre de un hijo tras de veinte años de matrimonio...

Carmen Cervera es una baronesa a la que quiere el pueblo de Madrid, que llegó a bramar por ella -«¡Baronesa, alcaldesa!»-, en una de las matinés de circo a las que ha acostumbrado a la ciudad. A su enigmática edad le llega otra buena nueva: el alcalde Gallardón le ha perdonado la vida a los 672 árboles que iban a ser talados para el eje Prado-Recoletos, y que ella defendió a capa y espada. Pero la recibe con recelo: el regidor va a plantar en las aceras otros 2.266 árboles, castaños de indias. La baronesa se desespera porque tendrá que aguardar 40 años más para ver la sombra alargada de los castaños sobre el asfalto, mientras que en la mismísima puerta de su Museo le han colocado cinco carriles de tráfico rodado. ¿Les suenan las dos películas? «Manolo, guardia urbano», y «Baronesa, guardia urbana». Carmen Thyssen realizó, con cámaras, luces y taquígrafos, un «remake» de la película interpretada por Morán, Pepe Isbert, Tony Leblanc..., y se convirtió por dos horas en la «guardia urbana» del eje Prado-Recoletos, buscando soluciones al problema del tráfico de Madrid. Le faltó colocarse el casco para regular la circulación del centro de la urbe, ante la atónita mirada de niños y niñas, señoras con perro y señores con transistor, castañeras y paparazzis, que la jaleaban: «¡Ánimo, baronesa!, que yo tengo un cuadro con árboles en casa. ¿Las navidades, en familia?»: «Iba a haber dos líneas de coches, iban a poner autobuses en medio de los árboles -se lamentaba Tita-, y ahora nos plantan los coches, nos colocan cinco carriles delante del Museo y nos quitan 90 centímetros de acera. Que dejen el tráfico en el centro para que tengamos más espacio».

Escoltada por Guillermo Solana, conservador jefe del Museo Thyssen Bornemisza, y por Carlos Fernández de Henestrosa, director gerente, la baronesa pastoreó a los periodistas -convocó en el Museo a unos cien, y de ellos noventa eran de los programas del hígado del «invento del maligno»-: «Gracias por venir, y estar con nosotros. Os necesitamos», saludó.

¿Para qué, baronesa? Para ver las sombras de los árboles que el señor alcalde dice que va a plantar, «por lo que voy a tener que vivir cuarenta años más», profetiza. Para «decir que el plan sobre el eje Prado-Recoletos parece un vídeo para niños de Disneylandia. Es inservible, y nos enfrentaremos a él con todo el peso de la ley, presentando todas las alegaciones posibles. La polución y las vibraciones producirían un grave deterioro y pondrían en peligro las obras de arte». Carmen Cervera ve su Museo convertido ya en una autopista, con el también «deterioro» del público, que no podrá aguantar el ruido: «La reducción que auguran del 30 por 100 del tráfico es errónea».

La baronesa se autoproclamaba al tiempo «jardinera ejemplar» de los árboles del centro de Madrid: «Me siento muy feliz porque he salvado casi 700 árboles delante del Prado. ¡Y encima nos quitan al Museo un metro de acera!. El calentamiento global lo vamos a tener los peatones porque no vamos a tener sombra: irá directamente a los coches que pasarán debajo de los árboles». Toma la adarga Guillermo Solana para auxiliar a su patrona: «El proyecto es un cadáver al que se trata de resucitar con cosmética. Es muy importante la respuesta agilísima de la Comunidad. El Ayuntanmiento de Madrid tiene la «obligación patriótica» de colaborar con el Estado. Con los cinco carriles que proyectan delante del Thyssen la vibración y la contaminación serán indeseables, y un Museo necesita respirar. Ya estamos sometidos a un asedio y presión terrible con el poco trozo de acera que nos queda. La única circulación va a ser sobre nuestro lado, y los visitantes en vez de entrar distendidos tendrán que llegar saltando desde los coches...».

El envite de Tita Cervera

¿Se encadenará la baronesa a los árboles para que el alcalde -o sus arquitectos- eliminen algún carril de su portal? «Algo haremos -nos alegra la mañana-. No me puedo quedar tranquila con la marea de coches que se avecina. Todo el tráfico pasa al Thyssen. Espero que el señor alcalde recapacite, como hizo con los árboles».

El tráfico espanta a la baronesa, que amenaza con trasladar el Museo Thyssen a otro sitio de Madrid sin humos, sin intoxicación, sin ruidos, sin coches, sin tráfico. ¿Si el señor alcalde de Madrid persiste, como don erre que erre, en el plan Eje-Recoletos sin cambiarlo se llevaría la señora baronesa el Museo Thyssen de su situación actual? Envidó al alcalde -«algunos cuadros tienen más de 500 años», explicó-, y así creería conveniente «llevar el Museo a otro sitio de Madrid». Pero nunca «fuera de Madrid ni de España», aclara.

«No tengo nada personal contra Alberto Ruiz-Gallardón. Tampoco mi postura es pasional, aunque si evitar que se talen casi setecientos árboles es algo pasional...bueno será. El señor alcalde de Madrid y yo nos llevamos muy bien, nos saludamos, no hay nada personal. Siempre he sido apolítica» .

Carmen Cervera sostiene que nunca le ha perdido el «respeto» a Ruiz-Gallardón, y para demostrarlo aseguró que se «ha enterado por la Prensa» de su compra de una escultura de hierro y piedra que representa a un dinosaurio, bautizada con el nombre de «Gallardón»: «Les explico. Me fuí a Rute, un pueblo al lado de Córdoba, porque los burros se encuentran en peligro de extinción y yo quería apadrinar allí una burrita maravillosa. Lo que pasó después fue que me pusieron delante diversas obras y esculturas, y una de ellas es la que representa a un dinosaurio, que yo no la conocía ni la conozco de nada, y no es mía. Yo a una escultura no la bautizaría con ese nombre, porque yo al señor alcalde de Madrid le aprecio».

Con quien no comulga profesionalmente tanto Carmen Cervera es con el equipo de arquitectos de Ruiz Gallardón: «Esos arquitectos deben recapacitar, porque con el nuevo plan quieren poner sombra al tráfico de los coches, y a los peatones, no. Nos tienen manía persecutoria, pero seguiremos luchando». Entonces se le acusa a Carmen Thyssen de «querer favorecer al Thyssen en perjuicio del Prado» con sus protestas sobre el eje Prado-Recoletos. «Noooo... -replica la baronesa-. Todos debemos tener jardines ante los museos».

También confesó Carmen Cervera compartir con la presidenta de la Comunidad de Madrid, Esperanza Aguirre, el adjetivo que le merece el nuevo plan Prado-Recoletos: «Banal, eso nos parece a la presidenta, que por cierto lleva la Comunidad de Madrid maravillosamente bien, y a mí. Pero les recalco que no hay nada político en mi posición». Carmen Cervera confía en ser recibida por Gallardón. ¿Y le enviaría una felicitación de Navidad? «Le mandaría un crisma con cariño, paz y amor». ¿El alcalde trata de vengarse de usted, baronesa? «No creo que las venganzas sean tan cortas de mira», tranquiliza, y remacha: «Los arquitectos de Gallardón no se bajan del burro, y nada más».