Los retratos de García Márquez y Carlos Fuentes de Baldomero Pestana
Los retratos de García Márquez y Carlos Fuentes de Baldomero Pestana - EFE

Baldomero Pestana, el ilustre desconocido que retrató a Vargas Llosa y García Márquez

El Instituto Cervantes reivindica la figura del fotógrafo español, que creó una galería de imágenes de las grandes personalidades de la cultura de la segunda mitad del siglo XX

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Baldomero Pestana fue un hombre que doblegó su destino. Nació en 1917 en Castroverde (Lugo), pero se tuvo que buscar las oportunidades fuera de España. Con once años entró en un taller de sastre, un trabajo que nunca disfrutó, aunque le dio de comer. Tuvo la suerte de que ya en Buenos Aires, un amigo poeta, Ricardo Zelarayán, le animó a que se apuntase a un curso de fotografía, en el que no tardó en ser el alumno más aventajado. Y así, el joven que quería haber estudiado Bellas Artes pero nunca tuvo recursos, se convirtió en fotógrafo. A esa figura, que llegó a ser uno de los mejores retratistas de su tiempo, dedica ahora su última exposición el Instituto Cervantes –«Baldomero Pestana. La verdad entre las manos»–, que podrá verse en la sede de la institución en Madrid hasta el 8 de abril.

Durante toda su vida Pestana concilió la faceta comercial y artística de su profesión. Entre pedidos publicitarios y editoriales fue realizando una obra propia, de marcado carácter personal. Su gran proyecto era el de crear una galería de retratos de las grandes personalidades de la cultura. La empresa empezó en Buenos Aires en 1956, con una foto del músico de jazz Dizzy Gillespie, pero fue en Lima donde su carrera despegó por completo. En Perú logró que posasen para él escritores de la talla de Pablo Neruda, Alberto Hidalgo o José María Arguedas. Normalmente no cobraba por estos trabajos, pues respondían a su apetito creativo: tan solo pedía que los retratados le dedicasen las imágenes que él realizaba.

Mario Vargas Llosa
Mario Vargas Llosa- B. Pestana

Por el que sí recibió remuneración fue por el de Mario Vargas Llosa, un encargo de la revista «Life» en su edición española con motivo de la publicación de su célebre novela «La casa verde». De alguna forma, con aquella imagen Pestana se convirtió en el retratista por antonomasia de la llamada Generación de los 50. Ya en París, su siguiente parada artística, inmortalizó los rostros de Bioy Casares, Man Ray, Carlos Fuentes o García Márquez. De este último necesitó más de cien posados para lograr la expresión que él buscaba. En su dedicatoria, Gabo le escribió: «Para Baldo, de la menos fotogénica de sus víctimas». Nunca llegó a sentar delante de su cámara ni a Cortázar ni a Borges, pero se quedó con las ganas.

Sin embargo, sería injusto recordar a Pestana únicamente como fotógrafo de celebridades. La muestra también explora su otra faceta, más social, en la que quiso captar el alma de la calle, sobre todo en Perú y Buenos Aires, pues en París se prodigó más como pintor y dibujante. Tal y como cuenta Chus Villar, que comisaria la exposición con Juan Bonilla, ahí puede apreciarse su interés por la infancia, pues sus fotos están plagadas de niños que, aun viviendo en la miseria, no pierden la inocencia de su mirada. Y en esas imágenes de exteriores, insiste Villar, hay una clara influencia de Henri Cartier Bresson, por el que sentía una profunda admiración.

«En la cola», una de las fotografías de Pesana que retratan la inocencia infantil
«En la cola», una de las fotografías de Pesana que retratan la inocencia infantil - B. Pestana

A pesar de la calidad y trascendencia de su trabajo, y de su estrecha relación con la intelectualidad de la segunda mitad del siglo XX, su figura es profundamente desconocida en España, donde se le empieza a reivindicar justo ahora. Quizás esta ausencia se debe a que desarrolló la práctica totalidad de su carrera profesional en el extranjero y que, además, nunca hizo esfuerzos por darse a conocer. «Era todo lo contrario al artista autopromotor de sí mismo. No hizo el más mínimo movimiento en este sentido», zanja Juan Bonilla.