El ascenso de la burguesía

TULIO DEMICHELIENVIADO ESPECIALLA HAYA. Si la pintura española y la italiana de la época tuvieron como clientes casi exclusivos a la Iglesia, la realeza y la aristocracia, en cambio, la holandesa fue

TULIO DEMICHELI, ENVIADO ESPECIAL. LA HAYA.
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Si la pintura española y la italiana de la época tuvieron como clientes casi exclusivos a la Iglesia, la realeza y la aristocracia, en cambio, la holandesa fue pionera al servir a una emergente clase social: la burguesía. Por ello, en los Países Bajos se llegaron a realizar centenares de miles de retratos, de los cuales han llegado hasta nosotros decenas de miles. Los comisarios de la exposición -Quentin Buvelot y Peter van der Ploeg- restringieron el ámbito de las obras sólo a las que retratan a personas coetáneas y que no responden a los llamados «estudios de cabeza», como muchos de los autorretratos de Rembrandt. También se excluyeron los retratos imaginarios de personajes fallecidos mucho antes.

Los artistas holandeses no sólo pintaban a nobles (Retrato de Maurits, príncipe de Orange-Nassau, de Van Mierevelt, Retrato de Frederik y Amalia van Solms, de Van Honthorst); clérigos (Retrato de un predicador, de Hals) o altos mandos militares, como Michiel de Ruyter (por Bol y Van de Velde, el joven), sino también a Los oficiales y guardias de la Compañía de Orange en la es escaleras del Ayuntamiento (por Van Ravesteyn); o al orgulloso portaestandarte Andries Stilte (antes retratado por Hals entre los guardias del Distrito 11), cuadro encargado a Verspronck porque iba a casarse y debía abandonar ese empleo, sólo apto para solteros por su peligro.

Piden retratos los funcionarios públicos, como Constantijn Huygens (por De Keyser) o Cornelius Munter (por de Maes); ricos comerciantes como Jan van Amstel (por Van den Tempel) o Willem van Heythuysen (por Hals). Y otros profesionales, como médicos (Los regentes del hospital de Santa Isabel, de Hals, La lección de Osteología del Dr. Sebastiaen Egbertsz y el Retrato del Dr. Nicolaes Tulp, ambos de Pickenoy, o la portentosa Lección de Anatomia del Dr. Nicolaes Tulp, de Rembrandt); ingenieros navales, como Jan Rijcksen (por Rembrandt); sastres (Síndicos del gremio, de Rembrandt); y hasta calígrafos como Jean de la Chambre (por Hals) o editores, como Abraham Casteleijn (por Jan de Bray). Este ascenso de la burguesía también repercutió en las dimensiones de las obras, que ya no se realizaban sólo para colgar en palacios y en iglesias, sino en casas o para ser compañeras de viaje.

Destacan numerosas escenas familiares en las que se encuentra información de cómo vivían (Adriana Van Heusden y su hija en la pescadería, de De Witte, Retrato de Bernardina van Raesfelt, de Steen) y vestían los ciudadanos notables de aquella época. Algunos son cuadros de una gran ternura, como el Retrato de Isaac Massa y Beatrix van der Laen, pareja de recién casados (el marido siempre a la izquierda, mientras que los novios que pasean al fondo esa posición). Y es que Frans Hals se caracterizó por retratar a sus modelos casi siempre con una radiante sonrisa.