Eugenio Merino muestra su obra «Always Franco», en la edición de ARCO de 2012/ De puertas adentro: Eugenio Merino - Afp/ Vídeo: ABC

ARCOSantiago Sierra y Eugenio Merino, artistas del escándalo

Le echan mucha cara y siempre terminan metiendo un gol por la escuadra

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En el mercado del arte contemporáneo escandalizar suele resultar muy rentable. En el preciso momento en que una obra y su hacedor –llamado vulgarmente artista– entran en la lista de los chicos/as malos, ya se pueden echar a dormir, y rascar la panza, porque su valor sube como la espuma. Tienen asegurados esos escasos minutos de gloria que inauguró Warhol y que él mismo cifró en quince. En este corto espacio de tiempo, cuando la caja registradora se pone a funcionar, puede que sume cifras millonarias. Su jugada acaba siendo la ganadora, la que pone el casino del arte patas arriba. Asalto a la banca. Ríanse ustedes del atraco de los chicos de Ocean’s Eleven al hotel Bellagio de Las Vegas. Pura nadería. Por eso a Eugenio Merino y Santiago Sierralo de dar la nota en ARCO les viene de perlas y le tienen pillado el punto, el traquillo o como quieran llamarlo. Le echan mucha cara y siempre (nos) terminan metiendo un gol por la escuadra.

Santiago Sierra colgó en 2018, en el estand de Helga de Alvear, su particular galería de «presos políticos»

Digamos que el más veterano en estas lides es el señor Sierra. Ha tatuado a prostitutas en una performance de las suyas mientras les pagaba una miseria, pero él facturaba millones por comercializar esa obra; ha inundadado de gas una sinagoga en Alemania, ha tapado la palabra España en el pabellón español de la Bienal de Venecia allá por el año 2003... Renunció al premio Nacional de Artes Plásticas bajo la proclama de «¡Salud y Libertad!»... Esas son algunas de sus «lindezas» artísticas, pero en la pasada edición de ARCO rizó el rizo cuando jugó con el fuego de los políticos independentistas presos en una serie fotográfica expuesta en el estand de su galería española, Helga de Alvear. Las fotos pixeladas duraron menos que un bizcocho a la puerta de un colegio. Llegó la autoridad competente y las retiró. Censura, clamaban unos y otros por los pasillos. Escándalo con mayúsculas, pero él las vendió y se salió de rositas. Cría fama y échate a dormir.

Eugenio Merino tiene menos trayectoria en estas lides de escandaliza que algo queda, pero logró un éxito mayúsculo cuando dio la vuelta al mundo la imagen de su escultura de Franco metida en el refrigerador de una conocida marca de refrescos. También tiene a un Bin Laden vestido y bailando a lo Travolta, a Damian Hirst pegándose un tiro en la sien y la testa de Donald Trump embalada en una caja de cartón. Con Santiago Sierra y Eugenio Merino se juntó el hambre con las ganas de comer. Con ellos llegó el escándalo.