Grecia y las ruinas de la inteligencia

El abandono del patrimonio griego donde las excavaciones ilegales campan ante la falta de vigilancia es es una vergüenza para cualquier europeo

madrid Actualizado:

Que los yacimientos, excavaciones y museos de Grecia hayan quedado desatendidos y abandonados, como hoy denuncian en ABC los arqueólogos, es indigno de un continente como el nuestro, que hizo de la cultura el cimiento de la civilización y la prosperidad. El momento es gravísimo para los bienes de primera necesidad, pero la quiebra del sistema cultural y patrimonial griego provocará una catástrofe de la que Europa no saldrá indemne. No solo de pan vive el hombre.

Las obras privadas destruyen restos y no hay vigilancia

Sin inspectores cada obra de construcción (se han dado casos) destruirá bienes que no conocemos aún, que ya nunca conoceremos. Sin vigilancia pronto medrarán, si no medran ya, las redes ilegales de expolio y venta de piezas en el mercado negro. Sin investigación ni proyectos en marcha se detendrá una maquinaria de conocimiento inagotable durante dos milenios. Esa anomia (término griego que expresa la falta de ley y de su imperio) la conocen bien en Atenas, al menos desde la peste del 429 a.C. que acabó con un tercio de la población, entre ellos Pericles, nada más comenzar la Guerra del Peloponeso.

Sentido de la historia

Y la conocemos en profundidad gracias a la intuición de ese griego genial llamado Tucídides, al que leemos como a un contemporáneo, que comprendió que el pasado explica nuestro presente. Con él nació la historia. No hablamos de piedras intertes que pueden esperar. Hablamos de los relatos que poblaron esos muros, de las ideas que comenzaron a arder e iluminarlos, de las ciencias, del pensamiento...

El dilema no es pan o ruinas, es nuestro ser o no ser europeos

El dilema no es entre pan o ruinas y templos, entre energía eléctrica o capiteles jónicos mohosos, entre que funcionen los cajeros en verano y delicadas estatuas de miembros y rostros mellados. El dilema es shakespeariano, ser o no ser, Europa.

Dirán que la pérdida material no supone la erosión del conocimiento acumulado. Pero lo que no podrán negar es que una crisis generalizada pone en peligro de destrucción a las antigüedades griegas. Igual que una guerra. La imagen del Partenón como polvorín que saltó por los aires en el siglo XVII me viene a la cabeza.

Olvidamos la fuerza que nos da la cultura y nublamos nuestra lucidez

En la débil columna de humo que surgió entonces de las ruinas de la inteligencia, y que vuelve a elevarse cada vez que olvidamos todo esto (la fuerza que nos da la cultura, lo frágil que es la pátina de civilización que nos envuelve) debió de nublarse nuestra lucidez.

Y pienso en todos los convenios internacionales, en la Unesco y las leyes griegas, o en la continua y razonable exigencia helénica para la devolución de los mármoles que Elgin arrancó del Partenón entre 1801 y 1805. Si Merkel fuera compatriota de Schliemann, el descubridor de Micenas y de Troya, sabría que ese continente del pasado nos contiene a todos...

Nuestra hibris

En fin, reconozcamos nuestra hibris (otro término griego, para vergüenza de todos) y para calibrarla sólo hay que recordar toda aquella mirada de orgullo y suficiencia con la que acusábamos a los iraquíes, o a los libios, cuando dejaron qu su patrimonio volara en medio de la guerra. La desgracia se ha instalado en nuestras casas mucho después que la ceguera.

Aún nos gusta llamarlo Europa, o últimamente incluso Unión Europea, menudo eufemismo. Pues bien, como europeos no podemos dejar impasiblemente que todo eso ocurra en Grecia, el manantial de nuestro modo de entender el mundo. ¿O es que nosotros también somos las ruinas?