«El grito», de Munch
«El grito», de Munch - AFP

Fin del debate: en «El grito» de Munch no hay nadie gritando

El Museo Británico muestra una extraña litografía en blanco y negro con una inscripción del artista noruego en donde se lee: «Sentí un gran grito en toda la naturaleza»

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Fin de un mito. El Museo Británico ha desmontado la tradicional visión que tenemos del famoso cuadro «El grito», de Edvard Munch, en donde, según esta institución, no hay nadie gritando. Para demostrarlo han mostrado una litografía del cuadro en blanco y negro con una inscripción en donde se lee: «Sentí un gran grito en toda la naturaleza».

«Esta rara versión de "El grito" que estamos exhibiendo en el Museo Británico deja en claro que la obra de arte más famosa de Munch representa a una persona que escucha un grito y no, como muchas personas continúan asumiendo y debatiendo, a una persona que grita», ha dicho Giulia Bartrum, comisaria de la exposición dedicada al artista, al diario británico «The Telegraph».

«Edvard Munch: amor y angustia», es el nombre de la exposición que se llevará a cabo en el Museo Británico desde el 11 de abril hasta el 21 de julio, y que será la más grande dedicada al artista en el Reino Unido en 45 años con casi 50 préstamos del Museo Munch, según «Infobae».

El viejo debate sobre si está gritando o escuchando ha estado candente durante años. Como señala este medio, El exdirector del Museo Munch en Oslo, Gunnar Soerensen, dijo: «Podría ser un grito en la naturaleza o una persona que grita. Es una cuestión de interpretación».

Sin embargo, su sucesor, Stein Olav Hernichsen, le da la razón al Museo Británico. «Hay muchos comentarios sobre este trabajo, pero tenemos las propias palabras de Munch y esta es una persona que se cubre los oídos mientras escuchan los gritos de la naturaleza».

Hay que decir que, además de ser uno de los cuadros más famosos de todos los tiempos, este cuadro ha llamado siempre la atención también de los metereólogos por la llamativa representación del cielo que llevó a cabo el artista. Se ha sugerido que Munch se inpiró para ello en una puesta de sol volcánica que vio después de la erupción de Krakatau en 1883, que es parte del grito de la naturaleza que quiso reflejar el artista, o que fue el avistamiento de nubes estratosféricas polares, un fenómeno metereológico que se da al sur de Noruega durante los meses de invierno. Una teoría que fue refrendada por especialistas de la Universidad Rutgers de Nueva Yersey, de la Universidad de Oxford y de la Universidad de Londres.