Víctima de un acto vandálico
Víctima de un acto vandálico - FUNDACIÓN CASA DUCAL DE MEDINACELI

Así fue restaurado el «San Juanito» de Miguel Ángel durante más de dos décadas

El Prado exhibe, hasta el 28 de junio, la única escultura en España del artista, destrozada en 1936 durante la Guerra Civil

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Tras recibir, con todos los honores, a Picasso, el nuevo huésped de lujo en el Prado es el «divino» Miguel Ángel. Su única escultura en España es la nueva obra invitada de la pinacoteca, que forma parte de un programa que patrocina la Fundación Amigos del Museo del Prado. Se trata de un «San Juan Bautista niño», obra de juventud del artista y una de las tantas víctimas de la Guerra Civil española.

El 26 de julio de 1936 hubo un asalto a la Capilla del Salvador de Úbeda (Jaén), reconvertida en garaje por parte de la Sección Ferroviaria de Linares de la CNT. No solo profanaron la capilla, también las obras de arte que había en ella. Es el caso de un retablo de Berruguete, que fue arrancado y quemado (sólo se salvó la figura del Salvador). También se hallaba allí una escultura de 1,3 metros, un «San Juanito», con el que se ensañaron. Quedó destrozado. Sólo se conservan catorce fragmentos: un 40% de su volumen original. Entre ellos, un trozo de la cabeza, que fue arrojada a una hoguera. El mármol de Carrara del que estaba hecho quedó ennegrecido irreversiblemente.

Por mediación de la marquesa de Bona de Frescobaldi y del profesor Giorgio Bonsanti, la Fundación Casa Ducal de Medinaceli, propietaria de la obra, que preside Ignacio de Medina y Fernández de Córdoba, duque de Segorbe, decidió en 1994 enviar los fragmentos de la escultura al prestigioso Opificio delle Pietre Dure de Florencia, única institución capaz de obrar el milagro de «resucitar» una obra de Miguel Ángel. Había que saber hasta qué punto era posible restablecer la unidad de la pieza sin perder la autenticidad o realizar «un falso».

Allí permaneció dos décadas. Durante los diecisiete primeros años se llevó a cabo una ardua y exhaustiva labor de investigación y se buscó la metodología de trabajo precisa, que presentaba grandes retos y complejidades técnicas.

Una atormentada historia

Dado el estado en el que quedó la pieza, más que hablar de restauración habría que hacerlo de restitución fiel: no es una reproducción ni un falso histórico. Este «San Juanito» mediceo, que es representado por Miguel Ángel con 6 ó 7 años, ha tenido una atormentada historia. Necesitaba unas piernas de un material moderno que aguantara el peso de los fragmentos originales: solo la cadera (la zona mejor conservada) pesa 50 kilos; a ellos habría que sumar los 30 más que pesaban los restos del busto y la cabeza. Las partes nuevas no serían de mármol. Era preciso distinguir lo que es original de lo que no lo es.

Afortunadamente, se conservaban 17 fotografías antiguas, rescatadas de archivos de todo el mundo, gracias a las cuales se tenía una vista de la escultura desde casi todos los ángulos. Ello ha sido vital para saber con total exactitud la posición de los catorce fragmentos conservados y para llevar a cabo la reconstrucción volumétrica en 3D de la escultura.

Las piezas nuevas están realizadas en fibra de vidrio y estucadas. A modo de esqueleto, hubo que crear en el interior de la pieza una estructura de acero inoxidable. Explica Juan Manuel Albendea, director general de la Fundación Casa Ducal de Medinaceli, que el montaje de la escultura se ha hecho con imanes para que el proceso pueda ser reversible. En caso de que en el futuro apareciera algún nuevo fragmento, podría sustituirse fácilmente.

«No creo que aparezcan. Se dice que algunos vecinos de Úbeda tienen fragmentos, pero es una leyenda negra», advierte Albendea. Finalmente, se limpiaron los fragmentos originales con láser y se dio una pátina a las partes nuevas. Los días 24 y 25 de junio de 2013 se celebró en Florencia un congreso internacional, «Il San Giovannino di Ubeda restituito», para presentar las conclusiones de los trabajos.

Aunque en 1930 Manuel Gómez Moreno ya atribuyó a Miguel Ángel esta escultura –sin demasiado rigor científico–, faltaba aún por hacer un estudio exhaustivo sobre su procedencia y su autoría. Lo llevó a cabo, durante 12 años, Francesco Caglioti, profesor de la Universidad Federico II de Nápoles, quien lo identifica, de forma rotunda e inapelable, como el «San Juanito» mediceo del que hablan los biógrafos de Miguel Ángel, Giorgio Vasari y Ascanio Condivi, y que se creía perdido.

Para Caglioti, los errores en la atribución de esta escultura (hubo media docena de candidatos sobre la mesa) se debía, principalmente, a que se le buscaba desde presupuestos estilísticos del Miguel Ángel maduro, del Cinquecento, y no del Quattrocento.

En el análisis iconográfico y estilístico de la escultura se advierten semejanzas compositivas con obras juveniles del maestro como «Baco con sátiro» (1497-98), una escultura que se halla en el Museo del Bargello de Florencia; la «Madonna de Manchester» (1495-96), de la National Gallery de Londres, o uno de los ángeles de la Capilla Sixtina. Se data el «San Juanito» entre 1495-96. Miguel Ángel tenía 20 años cuando lo esculpió. Aún no había hecho las esculturas que le harían inmortal: el «David», la «Piedad», el «Moisés»...

Francisco de los Cobos

Caglioti, que ofrecerá una conferencia en el Prado el próximo 8 de abril, se ocupó también de investigar la procedencia de la pieza, siguiendo, a través de numerosos documentos, las pistas de cómo llegó la escultura a Úbeda a manos de Francisco de los Cobos (1477-1547), diplomático, secretario imperial y primer consejero de Carlos V.

Este «San Juanito niño» fue encargado a Miguel Ángel en 1495 por Lorenzo di Pierfrancesco de Médicis, «Il Popolano», mecenas de Botticelli. Al menos hasta 1537, estuvo en poder de esta rama menor de los Médicis (los Popolani). El patrimonio familiar pasó de manos de Lorenzino (que huyó de Florencia tras asesinar al duque Alessandro) a Cosimo I, duque de Florencia. En 1541 pidió a la familia Martelli un «San Juanito» de Donatello para el bautismo de su primogénito. Ello revela que ya no estaba en sus manos el «San Juanito» de Miguel Ángel.

Emotiva vuelta a casa

Además, Caglioti halló en el Archivo del Estado de Florencia un documento en el que consta que en 1537 se envió, vía Cartagena, una «statua molto preziosa» a Francisco de los Cobos, quien había empezado a erigir su panteón fúnebre en Úbeda, su villa natal. En 1547 este «San Juan Bautista niño» aparece documentado en el inventario post-mortem de los bienes de Francisco de los Cobos en su palacio-castillo de Sabiote. Gran coleccionista, fue clave en la introducción del gusto italiano en España: atrajo a Tiziano a la Corte de Carlos V y recibió importantes regalos de los príncipes italianos, como una «Piedad» de Sebastiano del Piombo.

La financiación de los trabajos de esta larga y compleja restitución se ha llevado a cabo gracias a un fondo del Gobierno italiano para restaurar obras dañadas en conflictos civiles, aunque la Fundación Casa Ducal de Medinaceli ha contribuido con aportaciones económicas. Antes de partir de Italia, donde lleva dos décadas, la escultura se expuso en el Opificio delle Pietre Dure de Florencia y en el Palazzo Grimani de Venecia. Pero ya ha regresado a España. Llegó en un embalaje especial, dada su fragilidad: se construyó un caparazón polimérico dividido en seis piezas.

Durante los próximos tres meses estará en el Museo del Prado. Después volverá definitivamente a casa, a Úbeda. Se está ultimando un proyecto que adaptará como museo una parte de la Capilla del Salvador, donde el «San Juanito» estuvo originariamente en una hornacina, a la izquierda del retablo del altar mayor, obra de Berruguete.