fotos: Juan Pedro Quiñonero

Jeff Koons aterriza en el Pompidou

El centro de arte parisino abre la gran retrospectiva que recorre todas las etapas creativas del rey del mercado

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El Centro Pompidou presenta una gran retrospectiva de Jeff Koons, uno de los artistas más caros de nuestro tiempo, que oscila entre el «pop» publicitario y el «pop» ornamental, con una presencia más que considerable de obras que suelen calificarse piadosamente de «porno soft», protagonizadas por el artista y la Cicciolina (Ilona Staller), protagonizando «numeritos» eróticos de un tono muy «hard».

A través de unas trescientas obras, la retrospectiva ofrece una panorámica muy completa de un artista muy controvertido para la gran crítica de arte, pero plesbicitado por los públicos sedientos de emociones fuertes.

La retrospectiva comienza recordando los orígenes estrictamente publicitarios de un creador curtido en el gran arte de la seducción del público a través de la iconografía pop, utilizado como recurso expresivo en la gran tradición de los productos concebidos para vender tabaco con la imagen de vaqueros de leyenda o coches de lujo vendidos con la imagen de productos eróticos.

A partir de esa retórica conceptual, Koons recurre a todos los grandes mitos de la iconografía del dibujo animado, la publicidad o el pop cinematográfico para introducir elementos propios, que no siempre tienen una dimensión crítica.

La retrospectiva termina con revisiones del gran arte clásico, barroco, greco-latino, maquillado con la gracia infantil del niño o adolescente que se divierte pintarrajeando con rayajos de colores la gran estatuaria clásica.

Koons abandonó hace muchos años cualquier aspiración crítica. Lo suyo es la parodia ornamental, que puede venderse a los precios más altos y envidiables, con esculturas monumentales representando falsas flores de plástico, o reproducciones de muñecos pop en posturas que no siempre son obscenas ni lascivas. Con frecuencia, solo son ocurrentes.

Cuando Koons desea ser crítico o provocador no siempre olvida la cuenta corriente. Por momentos, incluso se permite alusiones que cada cual apreciará según su sensibilidad: un cerdito muy cerdito, por ejemplo, es conducido por dos ángeles (de rostro tirando a endemoniado) a algún lugar que no sé si podría llamarse cielo o paraíso.

Sus legendarias escenas eróticas protagonizadas con la Cicciolina ocupan un centro central en la retrospectiva. Los organizadores presentan una docena larga de obras más o menos conocidas y vendidas al precio más alto, presentando al artista y su colega en numeritos que pudieran publicarse en las revistas y libros porno hard, si los editores de ese tipo de publicaciones pudieran pagarse los precios que Koons cobra por sus creaciones.

Desde hace años, el activismo de Koons, en los más peregrinos terrenos, divide profundamente a la crítica. Como antes hizo el Palacio de Versalles, entre otras instituciones, el Whitney de Nueva York, el Pompidou parisino y el Guggenheim bilbaino ofrecen su «label» museístico a esa obra, lanzando a la alza su cotización económica, que ya está por las más terrenales nubes financieras.