Doña Emilia Pardo Bazán. Madrid, 1916
Doña Emilia Pardo Bazán. Madrid, 1916 - francisco goñi

De Bécquer a Valle-Inclán: escritores en la trastienda de la Edad de Plata

La Sala Alcalá 31 alberga una muestra con imágenes rara vez vistas de nuestros mejores autores

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El Nobel José de Echegaray llega con gesto apresurado al Palacio Real para reunirse con Alfonso XIII. Emilia Pardo Bazán, muy abrigada y con una pamela que hoy causaría espanto entre los estilistas, acaricia un gato doméstico bien alimentado. Y mientras, Antonio Machado sonríe en una de sus tertulias celebradas en Madrid. Todas estas imágenes, entre otras muchas, forman «El rostro de las letras», la expresión relajada (y por tanto real) de quienes hicieron historia escribiendo entre el Romanticismo y la Generación de 1914.

Como si hubieran metido mano en el baúl de los recuerdos, la Sala de exposiciones de la Comunidad de Madrid acoge una muestra que descubre el lado menos conocido de los miembros de la «Edad de Plata». Acostumbrados a juzgar a los escritores por sus palabras, esta exposición acerca la realidad cotidiana de los Valle- Inclán, Baroja o Unamuno. Autores a los que ahora conoceremos hasta por cómo se sentaban frente a la máquina de escribir.

La muestra, organizada por el gobierno de la Comunidad de Madrid, Acción Cultural Española ( AC/E) y la Real Academia Española ( RAE), reparte sus más de 250 piezas (algunas procedentes del archivo de ABC) en cinco estancias. La primera, titulada «Los escenarios de la cultura», recoge imágenes panorámicas de Madrid en gran formato. Igual que hubo un Dublín de Joyce, una Lisboa de Pessoa o un París de Víctor Hugo, la capital puede presumir de haber acogido a lo mejor de las letras en castellano.

A partir de esta primera habitación, la muestra evoluciona desde los primeros retratos de Azorín o Galdós hasta «Los viejos estudios fotográficos», un guiño a quienes captaron esas imágenesque hoy gobiernan la Sala Alcalá 31. El comisario de la exposición, Publio López Mondéjar, se ha cuidado mucho de «premiar» a quienes fueron testigos de esta época gloriosa. Fotógrafos como Alfonso, Compañy, Franzen, Juliá, Kaulak, Nicolás Muller, Santos Yubero y otros más recientes como Catalá-Roca o Ramón Masats.

Mención aparte merecen las fotografías tomadas en los cafés, un entorno en el que se habló de política (también de literatura) y se remataron algunos de los párrafos y estrofas más meritorios de nuestra literatura. Tertulias donde conocemos la versión más distendida de Antonio Machado, Pérez Galdos, José María de Pereda, Juan Valera o Rubén Darío.

Fotos con historia

No podía faltar la fotografía de Unamuno dirigiéndose a los socialistas en la Plaza de Las Ventas, que comparte pasillo con otra imagen menos «favorable»: la de su incidente con Millán-Astray en la Universidad de Salamanca (octubre de 1936). En esa fotografía, el autor de «Niebla» abandona la universidad en la que fue rector acosado por decenas de camisas azules que le despiden brazo en alto.

En las vitrinas hay hueco para postales, folletos y recortes de prensa que ya hablaban de la insondable personalidad de Valle-Inclán, del que también hay fotografías tomadas en la intimidad de su dormitorio. Una de estas imágenes, en la que aparece leyendo sobre su cama, figura en el recuerdo de muchos con el escritor tapado de cintura para abajo por una manta. Sin embargo, la imagen real (la que está en Alcalá 31) desvela el engaño: en la escena original no hay ninguna manta. Alguien manipuló la foto real para acentuar el delicado estado de salud del escritor.

Hay recortes de prensa que ya hablaban de la insondable personalidad de Valle-Inclán

López Mondéjar confiesa sentirse satisfecho por el resultado de un proyecto que es «uno y trino», pues está formado por la muestra fotográfica, un extenso catálogo y un audiovisual con sonidos e imágenes filmadas. Todo para ver, oír y sentir –como si no se hubieran ido– a los mejores escritores de nuestra historia contemporánea.