Colas ante el Museo del Prado
Colas ante el Museo del Prado - JAIME GARCÍA

Los recortes públicos frenan el dinamismo y la competitividad de los grandes museos españoles

Prado, Reina Sofía y Thyssen tiran de ingresos propios e ingenio para suplir la «orfandad» del Estado

NATIVIDAD PULIDO
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Si hubo un annus horribilis en los grandes museos españoles, ése fue 2013. Los datos de sus resultados presupuestarios que han salido a la luz, lejos de ser halagüeños, son para echarse a llorar. Hasta a la «Gioconda» del Prado se le ha borrado la sonrisa. En nuestros museos hay más puntos rojos que en ARCO. El Prado cerró 2013 con un saldo negativo de 2,8 millones de euros; el Reina Sofía, de más de un millón (y eso que Dalí arrastró a las masas hasta sus salas); el Thyssen, 5,2 millones. Para financiar estos desfases entre gastos e ingresos, todos han tenido que recurrir a sus remanentes de Tesorería, pero el «cerdito» también se agota, no es un pozo sin fondo. El Prado sacó de su «caja» 2,3 millones y este año unos 3,5 millones. El Reina Sofía, 1,1 millones en 2013 y en torno a 2,8 millones en 2014. El Thyssen, en torno a 1,8 millones.

Atrás quedan los desembolsos millonarios del Estado en las ampliaciones de nuestras principales pinacotecas: el Reina Sofía de Jean Nouvel costó 92 millones; el Prado de Moneo, más de 150 millones; el Thyssen de la colección de la baronesa, 36 millones... Todo era felicidad en el universo museístico español. Fueron años de megaexposiciones; el dinero público llegaba con alegría. En 2010 el Prado recibió del Estado 24,1 millones de euros; el Reina Sofía, 44 millones; el Thyssen, 4,3 millones...

El dinero público se esfuma

Solo tres años después, en 2013, sus responsables vieron cómo el dinero público se iba esfumando a marchas forzadas: el Prado, 11,3 millones; el Reina Sofía, 25,4 millones; el Thyssen, 2,5 millones. Si a ello sumamos la caída en picado del turismo en Madrid y la «espantá» de los visitantes a causa de la crisis (el Prado perdió 400.000 el año pasado y el Thyssen 310.000), el drama estaba servido. Los museos pusieron en marcha planes de austeridad severos: ajustes de plantilla, recortes expositivos... El Prado, por ejemplo, gasta hoy 4 millones de euros menos que en 2009 (congelación de sueldos, reducción de inversión en exposiciones) y ha ingresado por cuenta propia 3 millones más. Pero la pérdida de subvención estatal ha sido de 16 millones en cinco años. Con el dinero que le da la Administración, la pinacoteca solo puede pagar la mitad de los sueldos de su plantilla.

En 2013 el tijeretazo público fue de 4,5 millones de euros. Ello le ha forzado a reducir las megaexposiciones y tirar de fondo de armario: hacer muestras académicas sobre su propia colección. Es la parte positiva de la crisis, según el director del museo, Miguel Zugaza. El Reina Sofía ha perdido casi 20 millones públicos en tres años. Exprimió hasta el ahorro energético entre un 20 y un 30%, cuenta el gerente del museo, Michaux Miranda. Pero solo abrir las puertas de este museo cuesta 30 millones al año: 15 millones para nóminas y la otra mitad para seguridad, mantenimiento de instalaciones... «Es carísimo mantener un museo como éste», advierte el gerente.

Ajustes de cinturón

En todos los casos ha habido que descartar exposiciones que resultaban demasiado caras ( el Prado tuvo que dejar escapar una de Lucian Freud y otra de tesoros japoneses; el Thyssen una de Valentino...). Los museos se ajustaron los cinturones. Tanto que a punto han estado de morir asfixiados. Al mismo tiempo, tiraban de ley propia (Prado y MNCARS) y de imaginación (todos) para aumentar en ambos casos, sorteando la crisis, sus ingresos propios de forma considerable: el Prado pasó de 18,6 millones en 2010 a unos 25 millones este año, que espera acabar con un 70% de autofinanciación. El Reina Sofía, por su parte, aumentó de los 4 millones en 2011 a los 10,4 millones que espera obtener este año. En 2013 obtuvo 4 millones gracias a la muestra de Dalí. Pero también ganó liquidez gracias a patrocinios, aportaciones de los patronos corporativos, alquiler de espacios, la salida de obras de la colección al extranjero (reporta en torno a un millón de euros)...

En el caso del Thyssen, los ingresos propios cayeron en picado: de 24,5 millones en 2012 a 18,7 en 2013. Este año esperan cerrar con 21,4. ¿A qué se debió tan brutal bajada? Evelio Acevedo, director gerente del museo, lo explica: «En 2011 y 2012 tuvimos récord de ingresos propios, con exposiciones como las de Antonio López y Hopper, pero en 2013 nuestra programación no ha sido tan competitiva y además ha habido una enorme crisis en el consumo. Este museo ha tenido desde el principio un déficit estructural de entre 5 y 6 millones de euros. Hemos notado mucho la marcha de la Fundación Caja Madrid, que aportaba casi 3 millones anuales».

Los museos se plantan

Prado y Reina Sofía dijeron «basta». En ambos casos sus responsables reconocieron haber tocado fondo en las subvenciones del Estado. No podían asumir ningún recorte público más. Y no era un órdago a Wert y a Lassalle.Sus directores (Miguel Zugaza y Manuel Borja-Villel) y presidentes de los Patronatos (José Pedro Pérez-Llorca y Guillermo de la Dehesa) se movilizaron y debieron dar algún que otro buen puñetazo en alguna mesa importante, pues de momento han logrado frenar la hemorragia e incluso aspiran a que las subvenciones estatales crezcan, aunque sea ligeramente. También el Thyssen espera mantener al menos la misma subvención estatal: 2,5 millones en 2013 y en 2014. «Si bajara, entraríamos en la zona roja», apunta Acevedo.

«Con tan severo correctivo, lo que el Ministerio de Cultura ha logrado es frenar bruscamente el dinamismo de nuestros grandes museos y su competitividad internacional. No ha compensado. ¿Cómo competir con museos como el Louvre o la National Gallery de Washington, que reciben al año más de 100 millones del Estado? De nada vale gastarse una millonada en ampliar los museos si luego se les «abandona» a su suerte. Los ingresos propios no van a subir eternamente. Implicar al Ibex 35 en los patrocinios de los museos. Eso sí que es una misión imposible y no la de Tom Cruise. Cuesta aún mucho hacerles entender a los empresarios que la cultura es educación y es rentable, que los museos no son para una élite.

Fórmulas anticrisis

Aparte de investigar cómo atrapar a un millonario, emulando a Marilyn Monroe, los museos buscan fórmulas alternativas a la paga de papá Estado. Ninguno se plantea subir el precio de las entradas (ir al Prado cuesta 14 euros, al Reina Sofía 8 y al Thyssen 10). El Prado ya abre siete días a la semana y, de momento, tiene datos para el optimismo (en lo que va de año han aumentado un 9% los visitantes). El gerente del Reina Sofía cree que sería «deseable» abrir toda la semana, pero «no sé si es factible. Es nuestra intención, pero la coyuntura no ayuda».

El Thyssen abre parcialmente los lunes. Para ello cuenta con patrocinio privado. Además, ha puesto en marcha un plan estratégico de promoción, orientado sobre todo al turista extranjero. El objetivo, que el museo esté presente en los turoperadores: «El Thyssen es un museo muy conocido, pero no está integrado en el sector turístico». Se buscará, dice el gerente, que haya un equilibro entre calidad y rentabilidad en las exposiciones. ¿No llevarán cobrando, como Prado y Reina Sofía, sus colecciones al extranjero? «Lo hemos planteado ya. Sería una buena fuente de ingresos y serviría como reclamo de visitantes. Pero el Patronato no lo ve con buenos ojos».