Eduardo Momeñe: «La fotografía es un lenguaje muy primitivo. Me recuerda el lenguaje de los indios con el humo»
Eduardo Momeñe, en su viejo estudio de la calle de San Pedro de Madrid - VICTOR LERENA

Eduardo Momeñe: «La fotografía es un lenguaje muy primitivo. Me recuerda el lenguaje de los indios con el humo»

Presenta en espaciofoto, dentro de PhotoEspaña 14, «Fotografías en un cierto espacio 1978-2014», toda una vida construida en su viejo estudio junto al Museo del Prado

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Fotógrafo y maestro de fotógrafos como Isabel Muñoz, Amador Toril o Corina Arranz, a Eduardo Momeñe (1952) lo que más le gusta es leer, caminar, observar y pasar inadvertido. Acaba de inaugurar en espacio foto, dentro de PhotoEspaña 14, «Fotografías en un cierto espacio 1978-2014», y el espacio donde hablamos es preciamente el de su viejo estudio de la calle de San Pedro, cerca del Museo del Prado, lleno de sedimentos fotográficos e historias. Se alquila. Fatigado de España y sus miserias, se ha ido a vivir a Bruselas, más cerca del norte, uno de sus imanes, además del lúcido y malogrado escritor W. G. Sebald. Director de una esclarecedora serie de televisión sobre la fotografía y el arte de mirar, « La puerta abierta», que emitió ETB, la televisión vasca, y de la añorada revista «Fotografías», ha publicado « La visión fotográfica», libro de referencia para estudiantes y amantes del medio. «La fotografía es un lenguaje muy primitivo. Me recuerda el lenguaje de los indios con el humo», dice este hombre alto y cargado de hombros, tierno, irónico, curioso, y de Bilbao.

—¿Este es el espacio?

—Este es el lugar y el espacio es lo que yo meto en la cámara, ¿no? Pero este es el espacio, sí.

—Me gustaría que me hablara del espacio que usted crea y donde quiere que ocurran cosas...

Yo llamo espacio fotográfico a lo que seleccionas con la cámara—Realmente el título es malo, porque tenía que haber sido «Fotografías en un cierto lugar». Para mí el lugar es el sitio, es la habitación, pero eso también fuera del estudio, es decir, tú vas a un sitio y dices "¡que sitio más bonito!", pero ¿cómo creo mi espacio fotográfico? Yo llamo espacio fotográfico a lo que seleccionas con la cámara y es lo que va a pasar ahí. También se podría llamar escenario visual. Ese es el espacio en el cual está todo. Fuera de ese espacio solamente hay mundo real, que es otro mundo, es otro sitio. Entonces el espacio fotográfico sería lo que la cámara te marca, y ahí es donde pasa todo, y ahí es donde sitúas después el escenario visual en este caso, el lenguaje corporal, todo.

—¿Eso parte de la idea, o de la sospecha, de que toda fotografía es una intervención, o una invención?

Con la fotografía fabricas una imagen que no existía—Sí, yo lo tengo muy claro, y de hecho es una construcción. Tú fabricas una imagen que no existía. Para mí esa idea es importante, porque construir imágenes para mí es un acto que tiene que ver con el hecho de hacer las cosas bien. Si hago una mesa quiero que esté bien hecha, no pido que sea Luis XVI, pero que esté bien hecha. Y en el caso de la fotografía para mí también está esa parte artesanal: construye algo, pero constrúyelo bien. Tú construyes una imagen con cada fotografía. Lo que pasa es que la fotografía tiene un problema, y es que su utilidad es una utilidad estética, y ahí se complica el tema, claro. No es una utilidad para el conocimiento. Construirla bien es que mucha gente tiene que decidir si está bien hecha o no. La mesa, con que no se mueva, vale.

—Sin embargo, cuando se traslada esa reflexión al mundo del periodismo que intenta ser fiel a la realidad, ¿en qué medida el fotógrafo se engaña o engaña cuando dice esto es lo que es?

La idea de realidad es inasible por la fotografía—Ambas cosas. Engaña y se engaña. La idea de realidad es absolutamente inasible por la fotografía. La fotografía lo máximo que puede conseguir es un puntito de la realidad. El 90 por ciento de la realidad es lo que no se ve, y la fotografía no tiene acceso a lo que no se ve. A mí me parece que la aplicación de la fotografía al periodismo ha sido algo maravilloso para la fotografía y para el periodismo, pero realmente el lector de periódicos no es un lector de fotografías, sino que es un lector de información. Yo considero la fotografía periodística, en el mejor de los casos, como una buena ilustración a un buen texto. Tú haces un buen texto, y se ilustra, bien. Lo que no vale es pensar que una ilustración vale con que el tío se esté cayendo por la ventana. La ilustración tiene que tener una información estética, cosa que en periodismo yo no lo he visto mucho.

—¿O sea que en prensa la foto jamás funciona sin pie?

El fotoperiodismo es una fotografía aplicada—Para mí, no. Aunque veas algo que sea absolutamente explícito, absolutamente claro, eso viene porque tú tienes un texto previo, porque conoces el mundo. Tú ya conoces el mundo. Si ves a un tío que se cae de un árbol, sabes que hay un árbol, y sabes que hay un tío, porque ya lo sabes. Hay una televisión que es Euronews y que desde hace treinta años tiene un espacio que se llama «No coment». El «No coment» siempre crea frustración, porque realmente es muy difícil saber qué pasa. Es gracioso, pero no vale para nada, no tiene la información periodística que tú pides. Yo a la información periodística lo que le pido es que me dé un buen texto. Si me da un buen texto que le pongan después todas las ilustraciones que hagan falta, pero el papel de la fotografía tiene que ser siempre de decoración estética. Lo cual me parece muy bien. Eso le pasaba a los monjes del siglo XIII, que el que pedía la Biblia no era porque la Biblia lo trajerse sino porque el monje hacía unas iluminaciones que te morías. Yo lo veo así. El fotoperiodismo es una fotografía aplicada. Hay gente que la ha aplicado muy bien y gente que no la ha aplicado tan bien. Yo no creo que la prensa, desde hace muchos años, valore lo que es la conjunción de texto y de imagen. Creo que valora el texto, le pone una pegatina al lado, que a veces es mejor y a veces es peor, pero lo que no hay es lo que los americanos llaman iconotexto, que es la unión de imagen y texto, de lo que sale algo mucho más reforzado.

—Sin embargo, suelo comprar, y siempre en papel, el «International New York Times», porque ahí ves las fotos que suelen elegir, y a menudo para portada, y son fotos que informativamente son ricas, pero en las que hay siempre un componente estético muy grande, que tiene un peso inmenso, y me parece que no hay esa conciencia en los editores gráficos españoles.

—Yo creo que no. Pero vas a Alemania y sí la tienes. Vas al Reino Unido y sí la tienes. Y por supuesto en Estados Unidos. Vas a un periódico local de Alabama, y de repente te encuentras en un dominical unas cosas que serían imposibles aquí. En Estados Unidos hay mucho respeto por la fotografía de autor, y por el periodismo de autor, y le dan una importancia tremenda a la puesta en página. Yo aquí no lo he visto, no lo he visto ni en los mejores periódicos. Lo que he visto es unos intentos de burda copia.

—¿No hay una conciencia genuina?

Creo en el periodismo de autor, tanto en textos como en fotos—Pero es que aquí no hay tradición. Tenga en cuenta que en Estados Unidos tienen desde el año 41 « Elogiemos ahora a hombres famosos», el libro de James Agee y Walker Evans. Teniendo eso en el año 41, y a Robert Frank en el 55, pues claro, es otra tradición que no tiene nada que ver con la nuestra. Pero yo sí creo que es muy importante un nuevo periodismo de autor, de autor por supuesto en el que escribe, pero también en el que fotografía.

—¿No hay quizás una degradación en cuanto al tratamiento fotográfico en la prensa que enlaza también con la propia degradación de la prensa a la hora de mirar el mundo?

—Sí, pero cuando la prensa no estaba degradada también había degradación en la fotografía. Aquí hay fotógrafos muy buenos, siempre los ha habido, no tienen que envidiar a otros fotoperiodistas que hay por otros lados, lo único que pasa es que el propio periódico no ha dejado que esto fluya. No le echo la culpa a nadie, simplemente es que no hay cultura.

—¿Y cuándo enseña fotografía, qué enseña? ¿Enseña a mirar? Aparte de las propias técnicas de enfoque, de iluminación, ¿cómo cultiva la mirada del futuro fotógrafo?

Lo único que nos interesa en la fotografía es la expresión—Para mí la valoración formal de la fotografía es todo. Fotografía es lo que ves, y a patir de ahí lo lees si puedes. Yo lo equiparo a una canción de Dylan, ¿por qué alguien se compra discos de Dylan si no sabe inglés, con la letra que tiene, tan bonita? Porque la letra es lo que va a aceptar la gente si lo que le dan es la voz bien hecha, si le dan el sonido, si le dan la magia de la expresión. Yo en fotografía lo que le intento decir a la gente que está en ello es que lo único que nos interesa de la fotografía es la expresión y si después sale Manolo, bienvenido sea. Pero esa es la parte casi anecdótica, da igual que sea un pingüino en Alaska. Lo que yo intento enseñar es que construir imágenes es muy difícil, pero que ese es el tema. Yo no creo mucho en las grandes ideas y que cuando tengo una gran idea la expreso como me dé la gana. No, tú has decidido que te expresas mediante un medio y ese es el medio que va a expresar y si ese medio con el que tú trabajas no expresa, se acabó el tema. No quiero saber más. No quiero que me cuentes tu vida. No quiero nada. Tu vida me la cuentas si quieres tomando un café o me haces un buen libro, pero con la fotografía no me cuentes tu vida. Dame una imagen en la que yo diga. "¡joder, me la compro!".

La irrupción de una llamada telefónica cortó aquí la grabación, y lo que se habló a partir de ese momento, en una atmósfera ceñida, concentrada, se perdió como la lluvia en la alcantarilla. Lo que sigue no es una reconstrucción, sino las preguntas que intentaron, en vano recrear lo desvanecido.

—Habla del estudio como de un espacio inventado, creado, donde antes no había nada, como el espacio vacío del teatro, del que habla Peter Brook, y donde en los ensayos van apareciendo fantasmas...

No hay ningún objeto en la naturaleza que hable más que el cuerpo—Yo creo que el teatro es la fantástica referencia para la fotografía y sobre todo para la fotografía de estudio. El teatro también puedes llevarlo a la naturaleza y a la calle, pero yo sí creo que es un espacio inexistente, es un espacio no tocable, no aguable, y después hay que llenarlo. En el teatro lo llenas con palabras maravillosas, con movimientos maravillosos. En la fotografía lo llenas con un lenguaje corporal apropiado. Lo llenas con la fuerza del cuerpo. El cuerpo es el objeto que más habla, no hay ningún objeto en la naturaleza que hable más que el cuerpo. Lo llenas con la fuerza de la expresión del cuerpo y lo llenas con el espacio que tú has creado, porque es la fabricación de un espacio. Fabricar un espacio es el reto de un fotógrafo e integrar en ese espacio lo que va a pasar en el escenario, la representación, lo que va a pasar aquí y ahora, es la genialidad de una cámara puesta en un trípode. Yo sé cuál es la potencia de la imagen, sé cuál es la finalidad de crear imágenes, desde mi punto de vista. Yo lo relaciono con la música, con la expresión musical: qué es lo que hace que un tipo dé un guitarrazo en un concierto y mil tipos digan "¡guauuu!". Nadie le va a preguntar qué ha querido decir. En fotografía para mí es lo mismo. Vamos a la anécdota de Beethoven, que toca la sonata delante del emperador y cuando al final el emperador le pregunta, "maestro, ¿qué ha querido decir?", Beethoven se vuelve a sentar al piano y dice: "esto". Para mí la fotografía es la imagen, como un pensamiento pintado, un pensamiento visual, distinto al que nos han enseñado en el colegio. Y esa es la fuerza de la fotografía, después si tú a la canción le quieres poner letra, bienvenido sea. Pero yo solo voy a prestar atención a la letra si primero la música me llena.

—¿Por qué incrusta textos en sus propias fotografías, porque se le queda pequeña la foto, necesita algo más?

La fotografía solo sirve para hacer fotos, no para contar cuentos—No, para mí es prioritario el hecho de que la fotografía se tenga que mantener por sí misma. La fotografía se tiene que mantener por sí misma y luego me puedo meter en el juego de enredar contextos. Yo creo que fotografía y texto son no sé si hermanos, pero desde luego son parientes, que están condenados a entenderse muy bien. Yo creo que hay un futuro fantástico para la literatura con imágenes y para la fotografía con texto. A mí me interesa tanto la filosofía y la literatura como la fotografía. Pero nunca meto textos para salvar fotografías. Eso me parecería demasiado fácil. La fotografía es un lenguaje muy primitivo, que a mí me recuerda el lenguaje de los indios con el humo. Es un lenguaje que no te deja contar cosas. Es un lenguaje que solo sirve para escanear el mundo y enseñarlo. Lo que te pide es que lo enseñes con muchísimo cuidado, y que si enseña lo conviertas en un cierto conocimiento. Yo no necesito el cine porque la fotografía se me quede pequeña, sino porque me gusta muchísimo el cine. Pero el cine para mí es otro lenguaje, con el cual me puede gustar mucho hablar. Pero no porque la fotografía se me quede corta. La fotografía es absolutamente apasionante, es un fin en sí misma, llega lejísimos, pero si sabemos que la fotografía solo sirve para hacer fotografías, no para contar ningún cuento. Y hay un gran error en mucha gente joven, que cree que la fotografía sirve para contar cosas. Sirve para contar cosas, pero no para contar cosas en la forma que creemos que hay que contar cosas. Sirve para decir, sirve para expresar. Sirve para decir, pero no para contar «Caperucita Roja». La fotografía no vale para eso, del mismo modo que un violín no sirve para hacer el «Discurso del método».

Como contrapunto y colofón a las palabras recogidas en dos tomas, el fotógrafo accedió a responder por escrito, vía correo electrónico, a cuatro últimas preguntas.

—En el texto que acompaña «Fotografías en un cierto espacio 1978-2014» dice: «hago fotografías en mi estudio con la finalidad de obtener fotografías. No tengo ideas, es lo visual lo que manda. No tengo nada que contar ni explicar, ello me alivia, me libera de ciertas responsabilidades. Son imágenes, eso es todo», pero la frase final reza: «Aún hoy, pienso que el estudio es un lugar privilegiado para ver el mundo y comentarlo». ¿Contar o comentar el mundo?

La fotografía sirve para escribir el mundo, comentarlo—La fotografía es un texto visual, la cámara es una herramienta de escritura que apela al pensamiento visual, un "pequeño" lenguaje crepitado que hay que descifrar con palabras.. La fotografía sirve para escribir el mundo, comentarlo, pero en sus reglas de juego, en el medio que expresa visualmente. Un medio muy poco apto para quien quiera contar la vida de Madame Bovary. Cuando Flaubert fue a Egipto con su amigo Maxime Ducamp, fotógrafo en aquella ocasión, dijo: "Mientras Maxime obtiene pruebas fotográficas, yo miro el mundo". El placer de la denominación visual y verbal. Un espacio apasionante para quienes lleven por el mundo una cámara y una estilográfica.

—¿Por qué el norte? ¿Es Eduardo Momeñe un fotógrafo del norte?

—Es una luz diferente, es la atracción de lo que se descubre en un momento dado, pero no es solo la luz, es en mi percepción, personal, de la historia del siglo XX europeo, en blanco y negro, en bruma, extraña, difícil de comprender... difícil de expresar. Un cierto cine, «King and Country», de Joseph Losey en un cineclub en Bilbao, cuando era muy joven.

—¿Quién es Burton Norton [título de una exposición reciente en el Círculo de Bellas Artes de Madrid, y de un libro que pronto verá la luz]?

Burton Norton es alguien que hace fotos por el placer de hacerlas—Es alguien que hace fotografías en el mundo por el placer de hacer fotografías, es un fotógrafo, y lo es porque lo que tiene que expresar no es "hablable", no puede decirlo de otra manera; no tiene nada que explicar, nada que contar, nada que hablar, nada de lo que convencer. Sin embargo, sus fotografías son posibles porque él ya las ha envuelto previamente en palabras, sin esas palabras las fotografías no son posibles. Es su ayudante, W. G. Jones, quien tiene que explicar lo que las fotografías no pueden decir, de qué trata lo que vemos, para eso él escribe palabras. Cuando fotografío me identifico con Norton, nada que justificar, y cuando escribo, con Jones, todo por explicar, por dar información, por descifrar.

—¿Y Eduardo Momeñe?

—También alguien a quien le gusta hacer fotografías tan solo para obtener fotografías, y en ocasiones hablar sobre ello.