Amos Gitai: «Europa está abandonando su identidad cultural»
El cineasta israelí Amos Gitai, retratado poco antes de la entrevista en el Museo Reina Sofía de Madrid - IGNACIO GIL

Amos Gitai: «Europa está abandonando su identidad cultural»

El Museo Reina Sofía acoge una gran exposición que vincula la vida y la obra del cineasta israelí

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Amos Gitai (Haifa, 1950) nació dos años después de la creación del estado de Israel. Su padre, Munio Weinraub, fue un arquitecto de la Bauhaus (tuvo como maestros a Kandinsky y a Mies van der Rohe) que tuvo que huir de Alemania perseguido por los nazis. Su madre, Efratia Margalit, venía de una familia muy religiosa de Palestina. El niño Gitai se crió entre esos dos mundos y fue construyendo su propia historia gracias a la narrativa materna y el estilo paterno, siempre influido por el incierto destino de la tierra donde nació.

Aunque participó en la Guerra de Yom Kipur en 1973 y estudió Arquitectura (se diplomó en Berkeley), Amos Gitai terminó decantándose por otra forma de hacer arte, menos formal y sin ataduras estilísticas: el cine. El Museo Reina Sofía acoge (hasta el 19 de mayo) una exposición acerca de la figura del israelí, hoy en día uno de los referentes de la cinematografía europea. Bajo el título «Las biografías de Amos Gitai», la pinacoteca desgrana los elementos de la genealogía del individuo en el plano sociológico, psicológico y simbólico a través de casi 500 documentos del archivo personal del cineasta, integrado por fragmentos de sus películas, fotografías, cartas, manuscritos, cuadros y libros.

«Creo que la idea de la exposición es mostrar el conjunto del proceso creativo de un artista, todo el contexto que rodea al arte, cómo llega uno hasta él», explicaba Amos Gitai en conversación con este diario horas antes de la inauguración de la muestra. La muestra, concebida por el propio Gitai y Manuel Borja-Villel, director del Reina Sofía, y comisariada por Jean-François Chevrier, es una consecuencia de la exposición «Formas biográficas», que se puede visitar en el museo hasta el 31 de marzo.

«El arte se ha convertido en algo cada vez más abstracto. Durante los últimos cuarenta años he trabajado buscando biografías, contextos, porque pueden ser la gran historia de Oriente Medio, que siempre ha sido muy dramática. Pero, además, la historia de la gente íntimamente relacionada conmigo, como mi padre y mi madre... Esa es la verdadera idea de la muestra». Su padres han sido las dos figuras claves en la carrera personal y artística de Gitai.

En la exposición descubrimos a Efratia, una mujer que escribió multitud de cartas y textos que pueden ser tratados como una obra completa. «Mi madre era muy comunicativa, muy verbal, muy buena contadora de historias. Mi padre era muy introvertido, un tipo muy elegante, con estilo. Para hacer buenas películas tienes que tener la narrativa y también el estilo».

«No quería pasarme la vida diseñando el lobby del Hilton»A través de la relación con su padre, Munio, descubrimos algunos conceptos de la arquitectura contemporánea, el concepto de la ocupación del territorio y el papel de los judíos en la Bauhaus y en la construcción del nuevo Estado de Israel. «Los arquitectos de la Bauhaus no fueron revolucionarios solo en la forma, sino que estaban interesados en diseñar hogares para la gente normal y creo que esa es una buena lección para el futuro. Lo realmente interesante de la Bauhaus era esa fusión entre lo estético y el compromiso social. Si solo hubieran estado comprometidos socialmente, hubiera sido propaganda; si solo hubiera habido estética estarían vacíos».

Cosas que hay que decir

Lo dice alguien que estudió Arquitectura, pero terminó convertido en cineasta. «La arquitectura es demasiado formal, no quería pasarme la vida diseñando el lobby del Hilton. Tengo cosas que decir sobre el destino del lugar en el que crecí y son cosas que necesitan ser dichas. Soy consciente de que hay gente a la que le gusta y otra gente a la que no, pero creo que es bueno encontrar la forma de expresarlo». El israelí cree que «tenemos visiones demasiado superficiales, solo buenos o malos, y esa no es una posición muy buena para que la gente pueda crearse una opinión propia». «Necesitamos un cine y una fotografía abiertos, no para adoctrinar a la gente, sino para hacerla pensar. Esa es la forma en la que la cultura toma parte activa en la situación. No basta con reflejar las cosas bellas».

«La belleza de la gente reside en sus contradicciones»Y es que Gitai considera que la memoria y la historia se complementan. Como demuestra su obra, pero también su vida, la historia debe estar atravesada y complementada con memorias, «porque de lo contrario adoptaríamos conclusiones rápidas y precipitadas». «La gente es contradictoria, se construye a través de contradicciones, y ahí es donde reside su belleza. En el cine, en la fotografía, en el arte, debes mostrar esas contradicciones y yo soy un gran coleccionista de contradicciones».

Con respecto a la actual situación del conflicto israelí, Gitai cree que «la gente está más concienciada y eso es un buen comienzo». Sin embargo, el cineasta considera que políticamente la situación es justo la contraria. «Nos encontramos en un momento de bloqueo. Hace unos años había mentes más abiertas. Necesitamos profunda comprensión, porque necesitamos encontrar una solución. No sé si algún día se solucionará, pero espero que sí. Debemos proyectar esperanza. Tenemos que mantener esa utopía en nuestras mentes y trabajar para que se haga realidad».

«Si callamos también somos políticos, porque aceptamos el orden establecido»Una realidad que, hoy en día, tampoco es fácil para la Cultura, lastrada por la crisis económica y aún con mucho que decir. «La situación no es fácil, porque la presión económica es difícil y el sector público ha dejado de apoyar a la cultura en Europa. Europa está abandonando gradualmente su identidad cultural y creo que eso es un gran error, porque, con todos los respetos hacia la economía, la cultura trata el espíritu y si lo abandonas estás perdido».

Ahí es donde deben imponerse los intelectuales que, como él, creen en el compromiso político. «Incluso si no decimos nada somos políticos, porque significa que aceptamos el orden establecido. Puede que el arte no sea el medio más adecuado para cambiar la realidad, pero si logramos que la gente empieza a pensar es un buen comienzo. El arte tiene que ver con el poder simbólico, pero los símbolos también son poderosos».