Cézanne visto por Cézanne
Pierre (izquierda) y Jean Gobert Cézanne, biznietos, y David, tataranieto, delante de una fotografía del pintor - belen diaz

Cézanne visto por Cézanne

ABC recorre, en el museo Thyssen-Bornemisza la primera retrospectiva en 30 años celebrada en España dedicada al pintor, acompañado por dos de sus biznietos y un tataranieto

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Pierre Gobert Cézanne acaba de llegar procedente de París. En el museo Thyssen-Bornemisza se encuentra ya su hermano Jean y el hijo de este, David, que ha tenido que dejar por unas horas sus clases en la universidad, donde es profesor de Márketing, para acudir a una cita inexcusable: una nueva exposición de su tatarabuelo, Paul Cézanne (la primera retrospectiva que se celebra en España desde hace 30 años, comisariada por el director del museo, Guillermo Solana). Es ya una larga tradición familiar que intentan mantener los descendientes del pintor impresionista: acompañar con su presencia cada una de las citas importantes -en París, Milán o Madrid...- del artista con el público. Sus biznietos conocen bien la historia de Paul Cézanne, por tradición oral, pero también, como en el caso de Jean, porque no ha cesado de investigar sobre su obra. «Creo que he visto casi todos sus cuadros», afirma en un castellano notable. Una producción de más de 800 obras de las que ninguna de ellas ha pasado a su linaje. «Su hijo Paul se dedicó a descolgar y a vender», afirma con pesar Jean, sin un atisbo de rencor. Obras muchas veces mal vendidas en el pasado pero que ahora han llegado a alcanzar cifras de récord ( Qatar compró «El jugador de cartas» por 250 millones de dólares en 2012).

Durante el recorrido por la muestra, que reúnen casi 60 obras de Cézanne, a las que se suman otras nueve de Pissarro, Guaguin, Braque..., Pierre intenta encontrar «un bodegón que tenía delante siempre que desayunaba», apunta en francés. Tampoco está aquí; mientras su hermano esboza algunos recuerdos en el hogar familiar. «Cuando mis padres se divorciaron vivimos en casa de mi abuela, Renée Rivière (nuera de Cézanne), donde estaban mis otros dos primos Philip (que después se convertiría en un experto en la obra de su bisabuelo y responsable de autentificarla) y su hermana. Eramos seis niños». De las paredes colgaban «el retrato de mi abuela pintado por Renoir -que recibió balonazos nuestros, bromea-; el autorretrato de Cézanne, una acuarela de la Jas de Bouffan, una acuarela de ‘Los bañistas’ y un enorme biombo con rosas, una de ellas pintada por Émile Zola», matiza.

La ruptura con Émile Zola

Una figura importante en la vida de Cézanne. «Fueron amigos desde su infancia a pesar de que le consideraba demasiado inseguro porque Paul Cézanne, aunque siempre supo lo que quería hacer, siempre dudaba de todo, de su trabajo, de sus amigos...». Eso marcaría al artista. «Vivió bastante amargado. Tenía un carácter regular..., aunque era buena persona».

Zola publicaría años más tarde su libro «La obra», que abordaba la historia de un artista que termina suicidándose, y Paul, que se vio reflejado en ella, «rompió la amistad», explica su biznieto. De aquella infancia entre lienzos y artistas, recuerda también sus juegos con los nietos de Monet. Una amistad a día de hoy que todavía se mantiene, «y también con los Renoir», familia que convivió mucho con su abuela. «Me acuerdo, cuando era pequeño, ver llegar a casa a Jean Renoir -el director de cine-. Era como una mole, un tipo muy alto y voluminoso que desprendía mucha bondad. Tenía una gran humanidad. Todo el mundo le quería».

«Mi tío vivió un poco como su padre, cómodamente de las rentas»Jean, que se instaló hace más de cuarenta años en Castellón -«me considero un hombre mediterráneo»-, donde tiene un negocio de muebles, reconoce que también le tentó el mundo del arte, «pero comprobé que en mi atelier había dos o tres chicos que tenían un don que yo no tenía». Era consciente de que tener el apellido Cézanne podía ser «un trampolín, pero también negativo porque la gente esperaría que estuviera a su altura».

Algo que le sucedió a su tío Jean Pierre (nieto de Cézanne), «que empezó a pintar pero firmaba con el apellido de su madre, no de Cézanne, precisamente por la carga que representaba. Y después no siguió, porque vivió un poco como su padre, cómodamente de las rentas, hasta que se acabaron. No era tan fácil como antes, pues mi abuelo vivió toda la vida de ellas», señala.

Lugares familiares

Sin embargo, Jean no ha abandonado su pasión por los pinceles y el arte -sigue pintando acuarelas-, como demuestra a la hora de describir la composición de los cuadros de su bisabuelo, «siempre en forma de triángulo», o el uso de los tonos, «azules y verdes», tan reconocibles del artista. Y destaca una peculiaridad a la hora de realizar las acuarelas: «Mientras lo normal es aplicar primero los colores claros y después los oscuros, Paul siempre lo hacía al revés». Se fija en las pinceladas, en los paisajes e intenta reconocer los lugares por el tipo de rocas que aparecen en ellos. Algunos son lugares familiares. «Es la casa de Conill, el cuñado de Cézanne», afirma Pierre mientras señala el lienzo «La casa Bellevue». «Estuvo casado con la hermana de Paul, Rose Cézanne», añade Jean, que se detiene en el oléo «Los tejados de París». «Yo he estado ahí cuando era niño. Está cerca del Sacre Coeur». Se refiere a la vista que se divisaba desde un atelier en el que trabajaba su bisabuelo. «Ahora que lo veo, creo que era muy peligroso andar por ahí», bromea.

Jean Gobert Cézanne participa desde hace dos años en la elaboracion de un documental sobre Paul Cézanne, dirigido por Javier Molins. Un trabajo filmado en cuatro localizaciones -París, Milán, la Provenza y Madrid- y que recoge once entrevistas de familiares y expertos. Verá la luz en las próximas semanas y se podrá adquirir en el museo Thyssen-Bornemisza.