Hildebrand Gurlitt, el marchante de arte judío que trabajó para Hitler
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Hildebrand Gurlitt, el marchante de arte judío que trabajó para Hitler

Atesoró 1.500 obras de arte que su hijo Cornelius guardaba desde hace años en un apartamento de Munich

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El historiador y marchante alemán Hildebrand Gurlitt (Dresde, 1895-1956) reunió un fabuloso artístico que su hijo Cornelius guardaba desde hace años en un apartamento de Munich. En el Museo de Zwickau, que su padre dirigía, éste dio a conocer a destacados artistas alemanes de la época como Heckel, Schmidt-Rottluf y Nolde.

A pesar de su origen judío, Gurlitt trabajó después para el denominado «encargo especial Linz», un proyecto personal de Hitler que consistía en «adquirir» obras para un futuro «Museo del Führer» en esa ciudad austríaca de la que se había enamorado en su juventud.

El Ministerio de Propaganda encargó a Gurlitt vender en el extranjero piezas de «arte degenerado» confiscadas por los nazis. La ley que permitió esas confiscaciones, de 1938, permitía hacerse con obras sin compensación alguna si habían pertenecido en algún momento del pasado a ciudadanos o instituciones «arias».

En la posguerra, Gurlitt tuvo que someterse a un proceso de «desnazificación». Al final consiguió su rehabilitación, a raíz de su origen, y también porque nunca perteneció a ninguna organización nacionalsocialista, así como por sus esfuerzos por la difusión del arte moderno.

Buena parte de las obras que quedaron en su poder aparecieron hace dos años en la capital bávara.