La Reina, junto a Antonio Escámez, Fernando Checa, José Pedro Pérez-Llorca, Soraya Sáenz de Santamaría y José Rodríguez-Spiteri (de izquierda a derecha), ante una obra de El Bosco, anoche en el Palacio Real de Madrid
La Reina, junto a Antonio Escámez, Fernando Checa, José Pedro Pérez-Llorca, Soraya Sáenz de Santamaría y José Rodríguez-Spiteri (de izquierda a derecha), ante una obra de El Bosco, anoche en el Palacio Real de Madrid - ISABEL PERMUY

El Parnaso soñado por Felipe II renace en el Palacio Real de Madrid

Una exposición reúne 155 piezas que el Rey atesoraba en el Monasterio de El Escorial: más de la mitad permanecen ocultas habitualmente para el público. Doña Sofía la inauguró anoche

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Fue una de las más ambiciosas empresas culturales y religiosas emprendidas en el Renacimiento europeo. El gran sueño de Felipe II tomó forma en poco más de dos décadas. Hace 450 años se ponía la primera piedra del Monasterio de El Escorial, un edificio donde rigen la solemnidad, el orden y la elegancia. Efeméride que se conmemora en otra de las joyas de Patrimonio Nacional, el Palacio Real de Madrid, con una estupenda exposición que reúne, hasta el 12 de enero de 2014, muchas de las joyas con las que el Rey Prudente adornó la que en su día fue considerada la octava maravilla del mundo.

Fernando Checa propone un proyecto científico y otro expositivo

La muestra, patrocinada por la Fundación Banco Santander, ha sido concebida por su comisario, Fernando Checa, exdirector del Prado, como un doble proyecto. Por un lado, científico. Se publican ahora por primera vez los «Libros de entregas de Felipe II a El Escorial»: se trata de las actas notariales que certifican la entrega al monasterio de todos los objetos que donó el Rey. Se han realizado estudios de muchos de ellos a cargo de destacados especialistas, habrá una jornada académica dedicada al último Tiziano... Pero también se ha llevado a cabo un importante proyecto expositivo y museográfico: 155 de las piezas que formaron parte de la colección de El Escorial (más de la mitad están ocultas habitualmente para el público) ven la luz en esta muestra.

Es ésta una exposición de nombres propios. El primero, cómo no, Felipe II, ideólogo y fundador del Monasterio de El Escorial. Le vemos, en la primera sala, joven y arrogante, retratado por Antonio Moro, con la armadura triunfal que lució en la batalla de San Quintín. Más adelante, ya viejo y cansado, posa para Pantoja de la Cruz. Han pasado 34 años. No faltan guiños familiares, como la espectacular «Genealogía de la Casa de los Austrias»: un pergamino miniado de tres metros de longitud, préstamo de la Biblioteca Nacional.

Archivo de la Contrarreforma

También se rinde tributo en la muestra a los dos arquitectos que levantaron este impresionante edificio: Juan Bautista de Toledo, primero, y Juan de Herrera, después. Preciosas, las estampas de Pedro Perret siguiendo los dibujos de Herrera. El segundo núcleo expositivo lo conforma el archivo de la Contrarreforma en que se convirtió este monasterio jerónimo: Felipe II respondió a la reforma protestante coleccionando relicarios, imágenes de santos y devocionales, libros miniados, cantorales...

Hay expuestas piezas excepcionales. Es el caso de la Arqueta de Isabel Clara Eugenia, los tres ejemplares del «Passionarium» –libro de cánticos de Semana Santa con magníficas miniaturas–, el «Terno de las Calaveras», utilizado en las ceremonias fúnebres de las reinas; y algunas de las pinturas devocionales, de pequeño formato, de Felipe II.

Tiziano y compañía

El tercer y último capítulo de la exposición está reservado al Parnaso artístico que logró reunir el Monarca en El Escorial. Los mejores artistas de la época acudieron a la llamada de Felipe II. A la cabeza, Tiziano, al que el Rey conoció en Milán en 1548. Desde entonces, y hasta la muerte del pintor en 1576, trabajó para él. No sólo en El Escorial, también en El Pardo y el Alcázar. No es de extrañar, pues, que se dedique una sala al maestro, con ocho de sus mejores pinturas tardías. Por primera vez desde el siglo XIX vuelve a reunirse un tríptico que colgaba en la Iglesia Vieja de El Escorial: en el centro, el impresionante «Martirio de San Lorenzo», flanqueado por «El entierro de Cristo» y «La adoración de los Reyes». El Bosco, Patinir o Coxcie son otros de los pintores favoritos de Felipe II. De todos ellos cuelgan excepcionales obras.

Muchas pinturas salieron de El Escorial e incluso de España: guerras, invasiones, expolios... Algunas nunca volvieron. Regresan, temporalmente, cuadros que en su día colgaban en el monasterio, como «El tributo de la moneda», de Tiziano, cedido por la National Gallery de Londres; o «Abraham y los tres ángeles», de Navarrete el Mudo, préstamo de la National Gallery de Irlanda, en Dublín. Arte, poder y religión. Maravillas de un monasterio que deslumbran en palacio.