Proyecto español en Taiwán, de Made In Arquitectos
Proyecto español en Taiwán, de Made In Arquitectos - abc

Referencia de la Arquitectura en el mundo

El éxito de los arquitectos españoles es uno de los 110 motivos para admirar a España

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En los últimos años se ha escrito abundantemente, y en muchos casos con extrema complacencia y superficialidad, acerca de qué significó la arquitectura construida en España en las pasadas dos décadas y cómo el país devino ese «laboratorio de experimentación» que, en 2006, el MoMA ensalzó en On-Site. Esta exposición consagró la deriva de vanidad y triunfalismo que se inició en la estela del efecto Guggenheim en 1997, la cual dio inicio a un desaforado flujo de propuestas de arquitectos estrella, indisolublemente vinculadas a las ambiciones de un poder político fascinado con el aura megalómana que éstas exudaban.

La presentación y recepción crítica de muchísimos de estos proyectos ignoró cómo estos legitimaron una forma de hacer que comprendía los edificios como un imponente objeto que establecía escasa o nula relación con la ciudad y las necesidades reales de sus habitantes, exigiendo simultáneamente unos desorbitados presupuestos que, en la mayoría de casos, se desbocaron a la alza, contribuyendo al despilfarro que ha llevado a la quiebra.

El gran salto de la formación

Sin embargo, se ha abordado en menor medida la otra parte de la historia. La que explica que, detrás esos fastos y focos mediáticos, se estaban desarrollando otras formas de hacer que supieron aprovechar en otro sentido la bonanza económica que, apoyada además en la buena preparación proporcionada por las escuelas de arquitectura del país, permitió una importante evolución intelectual y de capacidad tecnológica de los arquitectos españoles. Esto dio como resultado no sólo un muy elevado nivel de calidad profesional sino también la afirmación paulatina de un posicionamiento ideológico que comprendía la arquitectura lejos de intereses de poder, jerarquías y dogmatismos, y en el que se detectaba la reivindicación de planteamientos que anticipaban los cambios que hoy se constatan como absolutamente perentorios para volver a dotar de sentido y credibilidad a esta profesión y su valor para intervenir en una construcción social y cultural responsable.

Relevante en el mundo

El valor de estos arquitectos evidencia por qué la arquitectura española ha ganado merecidamente un lugar relevante en el mundo. De la internacionalización de muchos de sus arquitectos a la trascendencia de su producción editorial, este prestigio ha estimulado a muchos jóvenes extranjeros a acudir a universidades y despachos de este país a realizar parte de su formación.

Poniendo como un primer ejemplo a Josep Lluís Sert, nombrado decano del Graduate Design School de la Universidad de Harvard en 1953, muchos otros arquitectos españoles han ocupado cargos de relevancia dentro de algunas de las más prestigiosas escuelas del mundo. Rafael Moneo ocupó el cargo de decano del departamento de arquitectura en esta misma universidad en 1985, sumando el reconocimiento de un premio Pritzker en 1996.

Alejandro Zaera, con menos de 50 años de edad, es en la actualidad decano de la Escuela de Arquitectura de la Universidad de Princeton. Cabe destacar asimismo a Josep Lluís Mateo, catedrático en la ETH de Zúrich, o a Víctor López-Cotelo, catedrático de proyectos en la TU de Múnich. En ese reconocimiento a nivel internacional valga destacar también la incuestionable celebridad de arquitectos como Ricardo Bofill, el controvertido Santiago Calatrava, la estatura casi de mito de Enric Miralles y el destacado reconocimiento a la arquitectura de, entre otros, Nieto y Sobejano, (ampliación del Museo Moritzburg en 2008), Carme Pinós, Juan Herreros, Iñaki Ábalos, Francisco Mangado, Juan Navarro Baldeweg, (Nueva Biblioteca Hertziana en 2013). Alberto Campo Baeza, Manuel Gausa…

España cuenta hoy con arquitectos sólidamente formados pero, en el estado de confusión y opacidad de objetivos en los que la debacle de la arquitectura-estrella ha sumido a esta profesión, situados en su propio país frente una situación de inseguridad que pone en un gravísimo riesgo no sólo el presente y futuro de cada uno de ellos individualmente, sino también la posibilidad de que España pueda beneficiarse de esa valiosa capacidad profesional. Arquitectos españoles tan valiosos como los que integran el grupo Made in.

El estereotipo del arquitecto prepotente legado por el espejismo neoliberal ha estigmatizado a una profesión que hoy carece del espacio y respeto necesarios para poder reivindicar que puede traducir su capacidad profesional en el planteamiento de acciones que afirmen otras formas de construcción, físicas y conceptuales, que contribuyan a afirmar una nueva estructura social y democrática.

Al contrario, las instituciones que les representan deterioradas por una ambición neorriquista que les cegó para prever las consecuencias del fin de la burbuja, pugnan hoy por tratar de encontrar vías que salven la razón de ser social del arquitecto dentro de un contexto donde determinadas voces tratan a toda costa mantener un espacio de poder invitando a los jóvenes a reciclar su conocimiento en el desarrollo de otras habilidades «creativas» o impulsándoles irracionalmente a emigrar.

Emigración

Recientes experiencias de emigración y consolidación profesional en el extranjero son, desgraciada paradoja, corroboración de la valía de los jóvenes arquitectos españoles. Aunque como con sensatez advierte Julen Asua, con una experiencia ya consolidada en Shangay, es muy preciso ponderar hacia qué punto del globo orientar esa decisión: «El 99% de los arquitectos que vienen a China lo hacen con la intención de trabajar por cuenta propia para una empresa», explica. «Muchos de los recién llegados, algunos con la carrera recién terminada y sin experiencia previa, se están encontrando con serias dificultades para acceder a ofertas que merezcan la pena, y para obtener visado de residencia. Hay trabajo pero las condiciones no son fáciles.

La mayor demanda está destinada a profesionales que tengan experiencia en sus países de origen y montar un estudio por cuenta propia es complejo y con pocas probabilidades de que llegue a buen puerto.» Por su parte, Jorge Nieto y Tadea Ipiña establecieron su despacho en Santiago de Chile a raíz de ganar el concurso para la rehabilitación y ampliación de la Embajada de Brasil en esa capital. Reconocen que su experiencia en España les dotó de la «pátina necesaria» para acometer un proyecto de esa envergadura.

Su salida de aquí la motivó «el amor al ejercicio de nuestra profesión, que en nuestro país se nos empezó a negar cuando ni siquiera los concursos ganados se iban a construir. De nuestro bagaje de conocimiento adquirido en España, aquí en Chile se nos ha valorado mucho la formación proyectual y conceptual, y la capacidad técnica para proyectar y diseñar pensando en la totalidad del proceso.»