ARCO'13: cotizaciones a la baja
Proyecto de Dionisio González en Solo Objects - BELEN DIAZ

ARCO'13: cotizaciones a la baja

Hoy arranca la edición más austera de la feria: las piezas más caras brillan por su ausencia. Los Príncipes de Asturias la inauguran mañana en Ifema

Actualizado:

Los augurios eran malos. Aún peor, eran malísimos: crisis económica, instituciones sin dinero público para gastar, el IVA al 21% (hasta ahora las galerías facturaban en torno al 15%), un boicot abortado en el último momento de un grupo de galerías catalanas, ausencias destacadas (Soledad Lorenzo ha cerrado galería, a Oliva Arauna se la han cerrado, La Fábrica y Toni Tàpies se dedican a otros menesteres...) Ni siquiera nos queda ya el omnipresente Eugenio Merino, showman que animaba el cotarro con sus títeres: Hirst suicidándose, Fidel zombi, Franco en la nevera... Y en un ambiente tan deprimente, el espectáculo, aunque siempre debe continuar, cuesta encontrarlo.

Las obras que han venido este año a ARCO tienen cotizaciones mucho más bajas que en años anteriores. Un dato: Marlborough exhibió en su «stand» en 2012 un Bacon de 15 millones de dólares. Este año la pieza más cara es una «Amazona» de Botero que cuesta 800.000 euros. En Elvira González, piezas millonarias de antaño han dejado paso a otras estupendas pero con cotizaciones más ajustadas: cuelgan lienzos de Barceló de unos 160.000 euros. Nos costó ayer encontrar precios de siete cifras. Pero los hay. La galería Leandro Navarro ha tirado la casa por la ventana con un Picasso de 1919: «Compotier, bouteille, guitare devant une fenêtre ouverte». Su precio: 1.680.000 euros.

Espacios mínimos

Los «stands» son, en general, mucho más pequeños que en ediciones anteriores. Espacio Mínimo, que llegó a tener uno de 153 metros cuadrados años atrás, hace gala este año de su nombre: solo tiene 63 metros cuadrados. Galerías de prestigio como Faggionato han contratado también muy pocos metros: los suficientes para exponer «Esperando a Jerry (obra para Francesco)», de Juan Muñoz: un espacio vacío en el que solo se halla el pequeño agujero para que entre un ratón. Ha menguado, asimismo, el «stand» de Helga de Alvear. En él, ni rastro de su proyecto estrella: «Los encargados», de Santiago Sierra y Jorge Galindo. Para verlo hay que ir a su galería. Al contratar menos espacios, los pasillos de la feria se ensanchan, los huecos entre «stands» crecen... Hay quien cree que la feria hubiera cabido en un solo pabellón.

Piezas más baratas... y menos sorprendentes. Lo cual se traduce es una feria más aburrida. Hay obras que, sin pretenderlo, se tornan en una metáfora de la apocalíptica situación que atraviesa el sector del arte contemporáneo en España y, por ende, ARCO: una gran piedra de Jorge Perianes amenaza con caer desde el «stand» de Max Estrella sobre las cabezas de los coleccionistas, un cuadro estalla en mil pedazos (proyecto de Dionisio González para Ivorypress)... También en esta galería, Los Carpinteros la toman con el «stand» estrellando tomates contra las paredes (un linchamiento en toda regla). La mexicana Teresa Margolles no se anda con rodeos: «Ya basta hijos de puta», leemos en la pared de una galería francesa. Aunque ese lema iba dirigido a los narcos mexicanos, lo hace ahora extensible a la situación española. Es muy posible que uno de los espacios más fotografiados de esta edición sea la carnicería musical que ha montado Mario Ybarra en una galería de Los Ángeles. Demasiado kitsch su propuesta cárnica... Empacha.

Pulso a los galeristas

Pulsamos los ánimos de los galeristas en una edición que promete ser cuando menos complicada. Hay de todo. Los más pesimistas, Pepe Martínez Calvo y Luis Valverde, de Espacio Mínimo. «La única esperanza es que los extracomunitarios nos compren obras. Jugamos en inferioridad de condiciones. Ni a nosotros nos compensa trabajar con artistas españoles. Si no podemos competir, nos vamos a otras ferias. Quizás haya que privatizar Ifema para que esto funcione». En el extremo opuesto, Elena Ochoa: trae piezas de Ai Weiwei, Zaha Hadid, los Kabakov... «Todo va a salir estupendo. Solo nosotros traemos mañana a 55 coleccionistas de todo el mundo. En ARCO se descubren valores que no se ven en otro lugar. Debemos quitarnos ese pesimismo de encima: el miedo se transmite».

Carles Taché nos explica qué ocurrió con el «voy-no voy-voy» este año de las galerías catalanas: «Nuestra reivindicaciones no eran solo económicas, sino también sobre coleccionistas, ayudar a las galerías emergentes y a las de fuera de Madrid... No era un órdago ni un boicot a ARCO. Soy un incondicional de ARCO, sigue siendo una gran feria. Pero si nuestras reivindicaciones no se atienden, no vendremos el próximo año». Nacho Ruiz, de la galería T20, cree que todo va a ir bien, pese a que el ánimo general es malo. Tiene claro que todos los galeristas deberán asumir la subida del IVA: «No nos hemos plantado como deberíamos. Era necesario un plante del sector en bloque».

«No era un órdago ni un boicot a ARCO», dice Taché sobre las galerías catalanas

Juana de Aizpuru no da tanta importancia a la subida del IVA: «No hay que rasgarse las vestiduras por ello. Lo importante es que las obras de arte dejen de ser tratadas como un objeto de lujo para ser un bien cultural». Alberto de Juan, de Max Estrella, lo tiene claro: «Será uno de los años más difíciles, pero estoy cien por cien seguro de que acabarán dándonos la razón con el tema del IVA. Solo falta saber cuándo. Es necesario que nos la den ya».