Arte «made in USA»: la otra historia de la modernidad

La Fundación Mapfre exhibe fondos de la Phillips Collection de Washington

MADRID Actualizado:

En 1988, Carmen Giménez trajo al Reina Sofía una selección de joyas de la Phillips Collection de Washington. Entonces viajaron muchos de sus tesoros de arte europeo. Dos décadas después, la Fundación Mapfre inaugura temporada con una exhibición de sus fondos de arte norteamericano: 91 obras de 62 artistas, que revisan un siglo de creación. La Phillips Collection es una de las instituciones artísticas más señeras; puede presumir de ser el primer museo de arte moderno de América. Abrió sus puertas en el difícil periodo de entreguerras, en 1921, una década antes de que nacieran el MoMA y el Whitney Museum, gracias a la labor desarrollada por Duncan Phillips (1886-1966).

Éste siempre defendió a los artistas genuinamente americanos, independientes, originales, ajenos a circuitos oficiales, que no fueran sumisos a escuelas ni a modas... Y siempre anduvo buscando valores nuevos, apoyando a jóvenes talentos. Tuvo un ojo envidiable para el arte moderno de su país: desde pioneros como Homer o Whistler, al realismo psicológico de Hopper, el impresionismo de Childe Hassam... Descubrió y puso en valor a los artistas del entorno de Stieglitz, como Arthur Dove, Georgia O'Keeffe y John Marin. Y entendió antes que nadie el expresionismo abstracto norteamericano. Fue el primero que dedicó en su museo una sala monográfica y permanente a Rothko, como una especie de capilla. Fue en 1960. Luego le copiarían otras muchas instituciones. También fue pionero en incorporar a su museo obras de autodidactas, artistas de color e inmigrantes. Phillips concibió su museo como «una estación experimental»; lo denominaba «el Prado americano». Podría resultar pretenciosa la comparación con la pinacoteca española, pero él quería que las obras que colgaban en su museo influyeran tanto a otros artistas como en su día aprendió Manet de las obras de Goya, Velázquez o El Greco que vio en el Prado.

Apunta Pablo Jiménez, director del Instituto de Cultura de la Fundación Mapfre, que faltaba por completar el puzle de la génesis de la modernidad con el arte norteamericano. Apenas se había abordado en nuestro país desde otro punto de vista que no fuera el europeo. Esta exposición supone un revelador y emocionante viaje a la modernidad desde el otro lado del Atlántico.

En 1988, Carmen Giménez trajo al Reina Sofía una selección de joyas de la Phillips Collection de Washington. Entonces viajaron muchos de sus tesoros de arte europeo. Dos décadas después, la Fundación Mapfre inaugura temporada con una exhibición de sus fondos de arte norteamericano: 91 obras de 62 artistas, que revisan un siglo de creación. La Phillips Collection es una de las instituciones artísticas más señeras; puede presumir de ser el primer museo de arte moderno de América. Abrió sus puertas en el difícil periodo de entreguerras, en 1921, una década antes de que nacieran el MoMA y el Whitney Museum, gracias a la labor desarrollada por Duncan Phillips (1886-1966).

Éste siempre defendió a los artistas genuinamente americanos, independientes, originales, ajenos a circuitos oficiales, que no fueran sumisos a escuelas ni a modas... Y siempre anduvo buscando valores nuevos, apoyando a jóvenes talentos. Tuvo un ojo envidiable para el arte moderno de su país: desde pioneros como Homer o Whistler, al realismo psicológico de Hopper, el impresionismo de Childe Hassam... Descubrió y puso en valor a los artistas del entorno de Stieglitz, como Arthur Dove, Georgia O'Keeffe y John Marin. Y entendió antes que nadie el expresionismo abstracto norteamericano. Fue el primero que dedicó en su museo una sala monográfica y permanente a Rothko, como una especie de capilla. Fue en 1960. Luego le copiarían otras muchas instituciones. También fue pionero en incorporar a su museo obras de autodidactas, artistas de color e inmigrantes. Phillips concibió su museo como «una estación experimental»; lo denominaba «el Prado americano». Podría resultar pretenciosa la comparación con la pinacoteca española, pero él quería que las obras que colgaban en su museo influyeran tanto a otros artistas como en su día aprendió Manet de las obras de Goya, Velázquez o El Greco que vio en el Prado.

Apunta Pablo Jiménez, director del Instituto de Cultura de la Fundación Mapfre, que faltaba por completar el puzle de la génesis de la modernidad con el arte norteamericano. Apenas se había abordado en nuestro país desde otro punto de vista que no fuera el europeo. Esta exposición supone un revelador y emocionante viaje a la modernidad desde el otro lado del Atlántico.