Tras los pasos del Velázquez que copió a Tintoretto

Un nuevo estudio confirmaría la tesis de que la copia perdida de la «Última Cena» que hizo el sevillano en Venecia está en la Academia de Bellas Artes

MADRID Actualizado: Guardar
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Felipe IV envió a Velázquez a Italia no solo para comprar obras originales para los Reales Sitios, sino también vaciados de célebres esculturas y hacer copias de su mano de obras de grandes maestros, según consta en el testimonio de un coetáneo. Durante su primer viaje a Italia (1629-1631), Velázquez descubrió a los artistas venecianos. Especialmente, le entusiasmó Tintoretto, tanto que se metió hasta la médula de su pintura. A él le debe la genial concepción espacial de «Las Meninas». Sabemos, por Antonio Palomino, de la admiración que profesó el sevillano por «El Paraíso» del pintor veneciano, y también que copió dos obras suyas: una «Crucifixión» y una «Última Cena», probablemente la que pintó entre 1579 y 1581 para la Scuola Grande di San Rocco —algo así como la Capilla Sixtina de la pintura veneciana—. Pero el paradero de las copias siempre ha sido un misterio. Había pistas que apuntaban a la Academia de Bellas Artes. Entre los fondos de su colección hay una pequeña copia de esa «Última Cena» de Tintoretto —de dimensiones mucho más pequeñas que el original: 65 x 52 centímetros frente a 538 x 487—, que ha dividido a los especialistas. Para unos, es un boceto del propio Tintoretto; para otros, una copia de su taller e, incluso, se pensó que pudo salir de las manos de Velázquez. Hoy la obra está expuesta en la primera planta del museo de la Academia. En la cartela reza: copia de Tintoretto.

En el siglo XX la crítica estuvo muy dividida: Christopher Norris, Bernardino de Pantorba, Alfonso Pérez Sánchez, Julián Gállego y José Manuel Pita Andrade creían que sí era una copia de Velázquez. Los hay, como Jonathan Brown, José López Rey o Salort Pons que no estaban de acuerdo. En 2007 se celebró en el Prado una gran exposición dedicada a Tintoretto. Su comisario, Miguel Falomir, apuntaba en el catálogo que, a favor de que sea de Velázquez «juega su carácter abocetado y su reducido tamaño, que sugieren una copia ante el cuadro, y algunos elementos de sabor velazqueño, como las hierbas en primer plano. Por contra, una mujer a la derecha es demasiado floja, aun tratándose de boceto, para la calidad del sevillano».

El debate había quedado silenciado en los últimos años, pero ha vuelto a la luz gracias al estudio que han llevado a cabo Gloria Martínez y Ángel Rodríguez, de la Fundación Universitaria Española, publicado en la revista «Archivo Español de Arte». En él examinan las semejanzas y diferencias tanto técnicas como estilísticas de ambas obras y llegan a la conclusión de que la obra de la Academia es la copia velazqueña de la «Última Cena» de Tintoretto. Sería la primera copia de Velázquez de una obra de otro artista que se conserva y la primera pintura de Velázquez que tendría la Academia (solo posee un dibujo). El año pasado esta institución halló en su colección un Van Dyck. La copia de Velázquez de la «Última Cena» de Tintoretto aparece citada por vez primera en el inventario del Alcázar de Madrid de 1666. Desde entonces sufrió un baile de atribuciones (Velázquez, Tintoretto, Veronés...) y de sedes (Palacios del Buen Retiro y Buenavista). Pudo formar parte de la colección de Godoy y de ahí pasar a la Academia de Bellas Artes, donde figura desde 1817.

Dos grandes conocedores de Velázquez en el Prado (Javier Portús y Carmen Garrido) afirman que el estudio es serio e interesante, aunque no definitivo, y prefieren mostrar cautela a la hora de afirmar que la copia es de Velázquez. La obra viajará al Instituto del Patrimonio Cultural de España (IPCE) y es probable que después recale en el Prado, donde podría compararse con obras de su primer viaje a Italia, como las dos vistas de la Villa Medici, «La fragua de Vulcano» o «La túnica de José». Portús subraya que la copia «es irregular, con zonas más flojas, y Velázquez se mantuvo siempre a un nivel muy alto, pero el artículo es interesante y reabre un viejo debate con más datos sobre la mesa acerca de su procedencia». Garrido dice que «es muy difícil valorar a un pintor copiando a otro, pues no lo hace con sus propios recursos. Vi la obra, encontré cosas que se aproximaban a la manera de pintar de Velázquez. Podría ser copia suya, pero es difícil poder afirmarlo con certeza. Siempre planteará dudas».