Tintoretto y la mafia se cuelan en la Bienal de Venecia
«Track and Field», de Allora y Calzadilla - EPA

Tintoretto y la mafia se cuelan en la Bienal de Venecia

Hay propuestas radicales como la del pabellón de EE.UU, con un tanque que acciona un atleta al correr sobre una cinta

NATIVIDAD PULIDO
ENVIADA ESPECIAL A VENECIA Actualizado:

Moverse ayer por Venecia era un auténtico infierno. Una huelga de vaporettosponía a prueba la paciencia de turistas y visitantes a la bienal. Llegar a ella era una odisea y no precisamente en el espacio. Una vez logrado, nos ponemos en marcha en busca de los grandes protagonistas de este año. Ni Hirst, ni Murakami, ni Jeff Koons... El más contemporáneo de la 54 edición de la Bienal de Venecia es Tintoretto. El pintor veneciano ocupa un lugar de honor en la gran cita internacional del arte. La suiza Bice Curiger, comisaria de la bienal, ha querido rendir homenaje al gran pintor de la luz en una edición cuyo título es exactamente «ILLUMInations». En la gran sala del pabellón de Italia cuelgan «La Última Cena», «El robo del cuerpo de San Marcos» y «La creación de los animales». Tanto Curiger como Paolo Baratta, presidente de la bienal, creen que las obras de Tintoretto en una bienal de arte contemporáneo son un estímulo para los artistas actuales y arrojarán luz para que estos no se dejen seducir por las convenciones del arte. Él se las saltó una y otra vez. De estar vivo, le encantaría estar en esta bienal. Seguro. Fue el más contemporáneo de su época. Su modernidad sigue hoy intacta y por eso sigue siendo un referente.

Sorpresas

Otra de las grandes sorpresas de esta edición es la presencia de la mafia en el pabellón de Italia, escenografiado por la arquitecta Benedetta Tagliabue, artífice del pabellón español en la última Expo de Shanghai. Italia ha tirado la casa por la ventana para conmemorar el 150 aniversario de la unificación de Italia. Para ello ha pedido a 200 intelectuales del país que escojan a 200 artistas (uno cada uno). La idea es trazar un mapa del arte contemporáneo italiano. Y dentro del pabellón de este país tiene cabida la mafia. El Museo de la Mafia de Salemi (Sicilia) ha cedido parte de su colección y se expone sin complejos en la bienal en un ambiente de lo más tétrico. Es parte de su historia y así se cuenta. El lema, acertadísimo, «L'arte non è cosa nostra». La joven artista Flavia Mantovan, presente con una galería de retratos de mafiosos, nos cuenta que es un juego entre la mafia real y la mafia que impera en el mundo del arte.

Esta es la bienal de los récords: hay 89 participaciones nacionales (en la última edición de 2009 había 77). Hay nuevas incorporaciones, como Andorra, Arabia Saudí, Bangladesh y Haití. Y retornan a la bienal La India, Congo, Irak, Zimbawe, Sudáfrica, Costa Rica y Cuba. Abrirá sus puertas el sábado y recibirán los Leones de Oro de la bienal los artistas Franz West y Sturtevant.

Un tanque real

Un rápido recorrido por el Arsenale y por algunos de los pabellones nacionales ya nos dan una idea de las grandes sorpresas de esta edición. Por un lado, llaman la atención las propuestas radicales de países como Estados Unidos, Gran Bretaña y Suiza. El primero presenta el proyecto «Gloria», de Jennifer Allora y Guillermo Calzadilla. Ya en la misma entrada del pabellón han instalado una de las piezas más espectaculares de esta bienal. Se trata de un tanque real sobre el que se ha instalado una cinta para correr. Un atleta se sube y al moverse acciona el tanque. Dentro del pabellón han instalado una estatua de bronce, llamada «Estatua de la Libertad», en una cabina de rayos UVA. En otra sala, una gimnasta hace piruetas en unos asientos sacados de la clase business de un avión... Este proyecto es una crítica de la grandeza militar, religiosa, olímpica, económica y cultural.

Igualmente radical, el proyecto de Thomas Hirschhorn para el pabellón suizo («Cristal of Resistence»). Su lema: el arte como resistencia. La instalación resulta muy impactante y espectacular: en ella se mezclan fotografías de guerras y conflictos con embalajes, reciclajes, piedras preciosas y revistas de moda y belleza. El Reino Unido también arriesga en esta edición con Mike Nelson y su proyecto «I, Impostor», un laberinto de estancias y pasillos con Turquía al fondo.

Había curiosidad por ver el pabellón francés y la instalación «Chance» (Suerte), de Boltanski. No es tan espectacular como se preveía. El azar es el auténtico protagonista de la compleja instalación que ha llevado a cabo. Quien sí ha conseguido una pieza realmente espectacular es Urs Fischer. Ha instalado en el Arsenale una pieza que promete convertirse en la gran atracción de la bienal. Un hombre de cera admira una gran escultura clásica también en cera. Al lado, un sillón, de cera, claro. Todas las piezas tienen en su interior velas que arden y las esculturas se deshacen lentamente.