Secretos orquestados
álvaro Urquijo, durante el concierto en el Teatro Real - ISABEL PERMUY

Secretos orquestados

El grupo madrileño que lidera Álvaro Urquijo actuó en el Teatro Real

IGNACIO SERRANO
MADRID Actualizado:

Llovía, hacía frío y en la tele daban el Madrid-Barça. Pero eso no echó para atrás a ninguno de los que habían comprado entrada, fieles seguidores que llenaron hasta la bandera el Teatro Real para ver a esa vieja banda cuyas canciones tienen residencia permanente en sus corazoncitos. «Estamos orgullosos de estar aquí y queremos agradeceros el esfuerzo de venir», dijo sobre el escenario Álvaro Urquijo, obviando el porqué de dicho «esfuerzo».

Porque no supone ninguno ir a escuchar tonadas tan sinceramente extraídas del alma, y con un aliciente extra además: el grupo madrileño estuvo acompañado por la Joven Orquesta de la Universidad de Valladolid, y el «affaire» resultó exuberante. El motivo del concierto, además, era especialmente atractivo. Toda la recaudación iría a parar a la ONG Special Olympics, que promueve el deporte entre personas con discapacidad intelectual, así que la cosa iba de compartir generosidad con Los Secretos. Un placer para sus fans.

Con una bella puesta en escena inspirada en el arte de su último disco, «En este mundo raro», y una preciosa colección de guitarras colocadas sobre alfombras, Álvaro salió a las tablas junto a Ramón Arroyo (guitarra), Jesús Redondo (piano), Juanjo Ramos (bajo), Santi Fernández (batería) y «el maestro» Ricardo Marín a las acústicas, para dar un concierto íntimo pero lleno de emociones.

Plácido, con aires de country crepuscular, el recital transcurrió casi sin interrupción hasta que Álvaro intercambió unas palabras con el público, al que recordó que «hace dos meses se cumplieron doce años del adiós de alguien muy importante para nosotros». Poco después de dedicar «Agárrate a mí, María» a su sobrina, el cantante dio por terminada la primera parte del concierto. La segunda, ya con la orquesta, fue mucho mejor si cabía. La transformación de arreglos para este singular noviazgo entre la «movida» y la música clásica resultó emocionante por lo bien que se trazó. «Déjame», «Por el bulevar de los sueños rotos» y otros clásicos cobraron una nueva vida.