Rueda ya tiene museo en Oporto

El primer ministro portugués y Aznar inauguraron ayer un centro con 500 obras

NATIVIDAD PULIDO
ENVIADA ESPECIAL A OPORTO Actualizado:

No corren buenos tiempos para casi nada, tampoco para los museos: unos echan el cierre estrangulados por la crisis o los políticos de turno, otros ven cómo se van quedando poco a poco sin presupuesto... Inaugurar hoy un museo es una osadía, pero si está dedicado a un artista español, resulta casi una locura y, si además se abre en el extranjero, la cosa adquiere tintes épicos. Por ello viajamos hasta Oporto, donde ayer abrió sus puertas el Centro de Arte Moderna Gerardo Rueda. Hace ya quince años que nos dejó el querido artista madrileño, pero su legado sigue intacto. De ello se encarga José Luis Rueda, heredero universal del pintor y escultor, que ha paseado su obra con exposiciones por medio mundo.

A la espera del ansiado Museo Gerardo Rueda en España (¿será en Madrid?), es Portugal quien se adelanta con un centro dedicado a su memoria y que exhibe parte de su colección. Ayer lo inauguraron el primer ministro portugués, Pedro Passos Coelho, acompañado por el expresidente del Gobierno español José María Aznar, que recordaba a su gran amigo, «a quien admiraba, respetaba y quería profundamente».

Al norte de Oporto se halla el distrito de Matosinhos, cuna de talentos como el arquitecto Álvaro Siza, y ahora sede de este Centro de Arte Moderna, que reúne, en unos 6.000 metros cuadrados, 500 obras: 35 son de Gerardo Rueda, hay de otros artistas que estuvieron en su colección y las hay adquiridas, tras su muerte, por José Luis Rueda (sobre todo de artistas portugueses). El museo es fruto de un convenio por tres años, renovables por cinco más, mediante el cual Matosinhos aporta la sede del museo (en realidad, son varios espacios remozados, con salas de exposición permanente y para muestras temporales, además de un parque de esculturas). Matosinhos ofrece un canon anual a José Luis Rueda para sufragar gastos. Éste, por su parte, además de aportar las obras de la colección permanente, se compromete a organizar ocho exposiciones temporales al año en este museo y dos más de arte portugués en Madrid.

Luces y sombras

Una visita al museo nos permite ver las luces, pero también las sombras, del proyecto. Entre las primeras, la calidad de las obras de Gerardo Rueda (hay 35 piezas, quince sin exponer, de todas las épocas). Está muy bien acompañado por artistas que él admiraba: Millares, Laffón, Palazuelo, Antonio López, Feito, Sevilla, Saura, Miró, Tàpies, Chirino, Zóbel, Torner... La primera muestra temporal está dedicada al artista portugués Noronha da Costa. Pero no todo es positivo: al cambio de sede original (la Real Vinícola), un lugar muy especial de 30.000 metros cuadrados, se sumó el retraso de la inauguración, y aún faltan cosas por terminar. Ayer no estaba listo del todo el parque de esculturas, con las 14 piezas que albergará; tampoco la tienda, ni la cafetería. El precio de las entradas resulta excesivo (10 euros para la muestra permanente; 3,5 para la temporal). Y no queda demasiado claro en el museo qué obras fueron coleccionadas por Gerardo Rueda y cuáles por su heredero, dando lugar a la confusión. Pese a ello, Gerardo Rueda resplandece en Oporto, ciudad que amaba y que visitó poco antes de morir. Nos encontramos en el museo con una joven portuguesa que está haciendo su tesis doctoral sobre él. «Es una referencia en Portugal», dice con admiración.