Los poéticos dibujos tridimensionales de Noa Lidor, en el Museo ABC
La artista, junto a su obra «He oído a las sirenas cantar» - DE SAN BERNARDO

Los poéticos dibujos tridimensionales de Noa Lidor, en el Museo ABC

La artista israelí ganó el año pasado la primera edición del premio que concede este centro

NATIVIDAD PULIDO
MADRID Actualizado:

Hace un año, durante la celebración de la feria de arte JustMad, se falló el I Premio de Dibujo Museo ABC, una iniciativa conjunta de ambas instituciones. Se escogió una de las obras allí presentes, concretamente en el «stand» de la galería La Caja Blanca, de la artista israelí afincada en Londres Noa Lidor (1977). El galardón conlleva la producción de una muestra, que ayer se inauguró en el Museo ABC.

Ya el sugerente título de la exposición, «Tomás, el incrédulo», nos da una idea de que se trata de una artista atípica, muy especial, cuyo trabajo parece hermético a primera vista: están presentes en él la poesía, la mitología, la semiótica, la semántica, las distintas formas de comunicación, los sentidos, las tradiciones populares... Escoge materiales humildes (papel, yeso, cera), así como objetos cotidianos del entorno doméstico (una mesa, una cama, costura). Y con ellos crea dibujos tridimensionales de gran belleza plástica, hermosas metáforas de que las cosas pueden aspirar a ser algo distinto al fin para el que fueron diseñadas. «Es como si los objetos tuvieran envidia por otra dimensión», advierte la artista.

Explica Noa Lidor que trabaja de forma muy intuitiva y le gusta cuestionar la solidez de superficies planas (véanse muros, suelos, camas, mesas), abriendo nuestra imaginación a lo que hay más allá de lo que vemos. En una de sus obras esboza la figura de un tanque con dedales que penetran un muro de la sala: «El tanque es la imagen por excelencia de la violencia. Sobrepasa la realidad. ¿Cómo puede existir algo así? Pero también se contrapone el tanque (masculino) con los dedales (femenino)». En otra pieza de la exposición, «Andrómeda», es un colchón el que es atravesado por campanas en un acto violento. Las campanas pierden su carácter intrínseco: no pueden sonar.

Pequeños montones de sal sobre una mesa recrean en braille un extracto de un poema de T. S. Eliot en su instalación «He oído a las sirenas cantar». De nuevo expresa el anhelo por conocer algo, en este caso el canto de las sirenas que no podemos oír. Siempre le ha interesado la poesía, comenta Noa Lidor, «porque va más allá de las palabras; puede decir las cosas más potentes a través de metáforas. Puede ser violenta, provocar heridas, rascar y llegar a la verdad de las cosas». La historia de Santo Tomás, el apóstol que tuvo que meter su dedo en la herida de Cristo para comprobar que había resucitado, da título a una serie de acuarelas en las que la artista mezcla imágenes de mantelitos de ganchillo —los utiliza reales también en otra obra, «Ya habrá tiempo»— con impresiones de su dedo índice. Confiesa que siempre le fascinó la historia de este santo que necesitaba tocar para saber que algo es real y la representación que hizo de ella Caravaggio en una de sus magistrales composiciones.