En nombre del padre

«Es mucho lo que debo agradecerle por todo lo que él y mi madre me dieron», confiesa el hijo de Cela

A. ASTORGA
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¿Qué sensaciones alberga el hijo en el nombre del padre? Camilo Cela Conde manifiesta a ABC: «Mi padre es una referencia en la literatura española y no tengo ningún privilegio que no esté al alcance de cualquier lector. Diez años después se reafirma lo que en su día, junto al ataúd de mi padre, pensé. Que es mucho lo que debo agradecerle por todo lo que él y mi madre me dieron. Se me hacen un suspiro aquellos tiempos de Mallorca que son los que recuerdo mejor».

¿La unión de «escritor» y de «vagabundo» es la mejor forma de calificar al gran Cela? Sostiene Cela Conde: «En mi padre hay una parte de su literatura que está unida de forma profunda a la condición de vagabundo: desde los Viajes por España a los cuentos carpetovetónicos. Se trata del cruce entre el novelista y el antropólogo que cuenta lo que ve. Los libros de mi padre no habrían sido jamás lo mismo sin su espíritu de vagabundo. ¿Académico? ¿Marqués? ¿Premio Nobel, incluso? Si de mí dependiese, en su tumba figuraría sólo escritor. Lo de vagabundo se lo añadiría algún niño, a tiza, y no sería yo quien hubiese de borrarlo». En Cela, mi padrerelata cómo convivió con él más de cuatro décadas, hasta que llegaron «los años oscuros» (sic). ¿Prefiere al Cela «vagabundo» que al de «la oscuridad»? «Nadie que me conozca se lo creería si dijese que no».

¿La postrera imagen que guarda? «La última que importa: la de orgullo al recibir un diploma de la mano de un rey en un país remoto y helado. La que más añoro, la de las cenas en la mesa enorme del comedor de casa, sentado en la cabecera opuesta a la que ocupaba mi madre y con la vista centrada en ella». ¿Con qué legado humano se queda de él? Concluye: «Con el de amigo de sus amigos, recibiéndoles en su jardín de la Bonanova con una chaqueta vieja que luce una flor ya marchita en la solapa».