La mejor versión de España

Análisis

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J. G. CALERO

Hace dos siglos, en las Cortes de Cádiz que redactaron la Constitución de 1812, había representantes de los territorios americanos y Filipinas. La mejor versión de España nació allí y entonces, desde esa idea plural, o liberal, y abierta, de una nación que asumía su dimensión histórica moderna. Nada resulta, doscientos años después, más coherente con esa idea que la propuesta de que un escritor tan americano como español, tan universal, presida el Cervantes, la institución llamada a liderar la cultura en español. Si Mario Vargas Llosa acepta el encargo —todo un puntazo del Gobierno— el Instituto estará en disposición de mejorar el peso del idioma de Cervantes en el mundo, en internet, y de permitir un despegue a las industrias culturales que explotan la creatividad en nuestra lengua. No es poco en tiempos de crisis.

El consenso que la figura de Vargas Llosa despierta, desvanece cualquier pugna posible por controlar la institución desde uno u otro ministerio. Su prestigio merece toda la confianza. Y así el problema se enfoca en lo sustancial: sumar esfuerzos para construir la mejor cultura posible en español y permitir que nuestro país se posicione entre los pocos Estados que decidan el prometedor futuro de nuestra cultura en EE.UU. y en el resto del mundo. Buena noticia para empezar un año con tantas otras tan preocupantes.